Dos cuentos ¿infantiles? de Eduardo Galeano

A continuación podéis leer dos cuentos de Eduardo Galeano. Son historias sencillas, sin adjetivación y sin grandes frases. Su interés radica en las ideas que subyacen detrás.

En “La risa” nos retrata a esta como un arma poderosa y en “La autoridad” narra una ficción que viene a explicar por qué los hombres dominan el mundo, y no las mujeres.

Ambas narraciones están incluidas en Mitos de Memoria del fuego. Anaya, 2002


LA RISA, una historia sobre la risa como arma poderosa

El murciélago, colgado de la rama por los pies, vio que un guerrero kayapó se inclinaba sobre el manantial.

Quiso ser su amigo.

Se dejó caer sobre el guerrero y lo abrazó. Como no conocía el idioma de los kayapó, le habló con las manos. Las caricias del murciélago arrancaron al hombre la primera carcajada. Cuanto más se reía, más débil se sentía. Tanto se rio, que al final perdió todas sus fuerzas y cayó desmayado.

Cuando se supo en la aldea, hubo furia. Los guerreros quemaron un montó de hojas secas en la gruta de los murciélagos y cerraron la entrada.

Después, discutieron. Los guerreros resolvieron que la risa fuera usada solamente por las mujeres y los niños. 

LA AUTORIDAD, un cuento acerca del matriarcado y de cómo acabó su hegemonía

En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa. Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban a los niños y curtían las pieles de abrigo.

dos cuentos infantiles de Eduardo Galeano
Eduardo Galeano

Así era la vida entre los indios onas y los yaganes, en la Tierra del fuego, hasta que un día los hombres materon a todas las mujeres y se pusieron las máscaras que las mujeres habían inventado para darles terror.

Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras ellas crecían, los asesinos les decían y les repetían que servir a los hombres era su destino. Ellas lo creyeron. También lo creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas.

Eduardo Galeano, en Narrativa Breve

Cuentos infantiles

Eduardo Galeano, Mitos de Memoria del fuego. Anaya, 2002

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