Relato corto de Patricia Highsmith: La novelista

Por raro que parezca, solo habíamos publicado una narración breve de Patricia Highsmith: La coqueta.

Escribo “por raro que parezca” porque Highsmith fue una escritora considerable y merece más espacio en Narrativa Breve.

Habrá que empezar a publicar más relatos de esta autora, me digo. Y para empezar a enmendar el error, os dejo uno de ellos, “La novelista”, incluido en Little Tales of Misoginy (1975), cuentos que pueden leerse, traducidos por Maribel de Juan, en Anagrama con el título de Pequeños cuentos misóginos. Recordemos que Anagrama ha publicado otros títulos de la autora estadounidense como El talento de Mr. Ripley, La máscara de Ripley, El amigo americano, Extraños en un tren, etcétera.

La obra de Patricia Highsmith ha suscitado con cierta frecuencia adjetivos como “cruel” o “perturbadora”, en mi opinión nada exagerados.

Toda la obra de esta autora es digna de ser leída (al menos todos los libros que yo han pasado por mis manos), pero si alguien quiere estrenarse puede hacerlo con Extraños en un tren, su novela más famosa, a partir de la cual se hizo una película homónima (Alfred Hitchcock, 1951), con guion de Raymond Chandler.

Y dicho todo esto, os invito a leer su cuento “La novelista”.

 

Una narración breve de Patricia Highsmith: La novelista

Posee una memoria perfecta. Todo es sexo. Va por su tercer matrimonio y ha dejado tres hijos por el camino, pero ninguno de su actual marido. Grita: «¡Escuchen mi pasado! Es más importante que mi presente. Déjenme que os cuente lo cerdo que era mi último marido (o amante).»

Su pasado es como una comida mal digerida, quizás indigestible, que se le ha quedado sentada en la boca del estómago. Uno desearía que pudiese vomitarla y olvidarla, sencillamente.

Escribe resmas contando cuántas veces ella, o su rival, se metieron en la cama con su marido. Y cómo ella se paseaba arriba y abajo, insomne –negándose virtuosamente el consuelo de una copa–, mientras su marido pasaba la noche con la otra mujer, flagrantemente, etc., y a la mierda lo que pensaran los amigos o los vecinos. Dado que los amigos y los vecinos eran incapaces de pensar o no les interesaba la situación, no importa lo que pensasen. Se diría que este es el momento para que un novelista emplee su inventiva, para crear un pensamiento y una opinión pública donde no existen, pero la novelista no se molesta en inventar. Todo es tan escueto como una cojonera.

Relato corto de Patricia Highsmith
Escritora Patricia Highsmith. Imagen

Después de que tres amigas hayan visto y alabado el manuscrito, diciendo que es «real como la vida misma», y de haber cambiado cuatro veces los nombres de los personajes masculinos y femeninos, con considerable detrimento del aspecto del manuscrito, y después de que un amigo (posible amante) haya leído la primera página y se lo haya devuelto diciéndole que lo ha leído entero y le encanta, envía el manuscrito a un editor. Recibe una rápida y cortés negativa.

Comienza a ser más cautelosa, a obtener cartas de presentación de amigos escritores, vagas, indirectas recomendaciones logradas a costa de comidas y cenas regadas con vino.

Rechazo tras rechazo, a pesar de todo.

–¡Yo sé que mi historia es importante! –le dice a su marido.

–También lo es la vida del ratón, para él… o, quizás, para ella –contesta él. Es un hombre paciente, pero, con todo esto, está casi al límite de su resistencia.

–¿Qué ratón?

–Hablo con un ratón casi todas las mañanas mientras estoy en la bañera. Creo que su problema es la comida. Son dos. Uno u otro sale del agujero (hay un agujero en el rincón del cuarto de baño) y entonces les traigo algo de la nevera.

–Estás divagando. ¿Qué tiene eso que ver con mi manuscrito?

–Simplemente que a los ratones les preocupa un asunto más importante: la comida. No que tu marido te fuera infiel, o que tú sufrieras por ello, aunque fuese en un escenario tan maravilloso como Capri o Rapallo. Lo cual me sugiere una idea.

–¿Cuál? –pregunta ella, con cierta ansiedad.

Su marido sonríe por primera vez en varios meses. Experimentaba unos segundos de paz. No se oye en la casa el tecleo de la máquina de escribir. Su mujer lo está mirando de verdad, esperando oír lo que tiene que decir.

–Adivínalo. Tú eres la que tiene imaginación. No vendré a cenar.

Luego se marcha del departamento, llevándose su agenda y –con cierto optimismo– un pijama y un cepillo de dientes.

Ella se acerca a la máquina y se queda mirándola, pensando que quizá podría sacar otra novela de esto, simplemente de esta noche. ¿Debería hacer pedazos la novela por la que había alborotado durante tanto tiempo y empezar la nueva? ¿Quizá esta noche? ¿Ahora mismo? ¿Con quién iba a dormir él?

narrativa_newsletterp

Artículos relacionados

Visita mi tienda Influencers Amazon.

Recomendaciones libros, tecnología y artículos de escritura

1 comentario en “Relato corto de Patricia Highsmith: La novelista”

  1. En La novelista Patricia Highsmith nos presenta un dilema:
    ¿Es su propia vida una extensión de su novela, o es su novela una continuidad, en la vida del novelista?.
    La respuesta la obtiene de la propia vida que en sí ya es un dilema:
    “Escribir para vivir o vivir para escribir” encajaría con el planteamiento, hablando de novelistas.

Deja un comentario

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.