Abuelita, Abuelita.
¡Hola, mi amor! Un gran abrazo para la Abuela.
¡Hola, Mami! ¿Cómo estás? Íbamos para el súper y Andrés dijo que quería venir porque vos le vas a contar un cuento.
Sí, Abuelita, el de la cajita con números.
¿Otra vez, el del reloj?
Sí, quiero aprendérmelo muy bien.
La abuela y el nieto caminaron hasta la terraza y se sentaron en el sillón y la abuela se preparó para iniciar el cuento.
Son las once de la mañana, así que vamos a comenzar con el número que sigue, el doce. A las doce de la noche nació el Niñito Dios, y cada veinticuatro de diciembre, al dar los relojes las doce campanadas, vuelve a renacer la alegría que nos trajo hace más de dos mil años. Como el Niñito no necesita regalos, él dijo que nosotros en la Tierra nos demos regalos, y a los niños juguetes para conmemorar la fecha.
Después de las doce llega la una, el niño interrumpe y dice: sí, la una, como la luna, solo hay una. La abuela sonríe y continúa; luego siguen dos campanadas, como las dos manos, dos ojos y dos orejas, todas van en pareja. siguen tres campanadas, tres como ustedes, son una familia, papá, mamá y Andrés. Siguen las cuatro horas, son como las cuatro ruedas del carro que tiene tu papá, cuatro las patas de las sillas y las mesas y también cuatro las patas de tu gato.
Las cinco son como los dedos de tus manitas: Abuelita decime los nombres de los dedos. Comencemos por el pequeño, se llama meñique; luego sigue el anular, donde se ponen tus papás el anillo de matrimonio y luego el dedo del centro, se llama del corazón porque aunque levantés muy alto tus manos y ese es punto más alto desde el corazón, ahí le enviará la sangre. El que sigue es el dedo índice, sirve para indicar, aunque ya sabés que no es bueno señalar a las personas. Y finalmente el dedo pulgar, porque con él una pulga puedes matar.
Sigamos con el seis, seis patitas tienen los insectos –como tienen las hormiguitas–, tres de un lado y tres del otro, porque tres y tres son seis.
Luego viene el siete, muy importante, es la hora de entrar a la escuela y también a esa edad comienzas el primer grado.
Abuelita, yo digo el que sigue es el ocho; con dos rosquillas de bizcocho lo puedo formar, el que sigue no lo sé. La abuela contesta, es el nueve, a esa hora ya debes estar soñando con los angelitos. Sigue el diez, que es el número de todos los dedos que tienen los pies.
Como ya dijimos las doce, solo nos faltan las once, ese también lo sé, son dos palitos como las piernas de mi abuelito.
Emilia León Vargas de Coto
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