Javier Cercas, en modo ‘noir’

Si no recuerdo mal, fue Manuel Vázquez Montalbán quien afeaba a los escritores españoles que se acercaran al género de la novela negra sin la suficiente seriedad, con complejos, más con vocación paródica que con la convicción literaria de intentar hacer algo grande.

No sé si será correcto lo que dijo este escritor catalán –si acaso fuera él el autor de esas reflexiones, y no yo mismo, ahora que me falla tanto la memoria–, pero en cualquier caso creo no equivocarme si afirmo que por lo general nos adentramos en estos libros con la intención de pasar un buen rato, sin demasiadas exigencias intelectuales por nuestra parte (y se diría que tampoco por parte del autor). Para la inmensa mayoría de los lectores, las novelas policiacas son novelas de evasión, y punto. La culpa, si pudiera ser entendida como tal, habría que repartirla a partes iguales entre autores y lectores.

Alguien ha matado a alguien, y ahora toca resolver el caso, parece ser la propuesta arquetípica de las novelas noir, algunas muy exitosas, que inundan las librerías. Libros de tal encorsetamiento, que bastó cambiar la geografía en la que se cometen y solucionan los crímenes para hacernos creer que estábamos ante algo diferente, por ejemplo, ante la nueva novela escandinava, que viene a ser la de siempre, pero a bajas temperaturas.

Pero no hagamos drama. No seré yo quien se aflija porque una novela policiaca sea eso y nada más: una novela con policía enfocada a la resolución de un crimen. A mí no me pesa leer estos libros, sobre todo si el narrador ha conseguido ofrecernos unas horas de lectura placentera.

Dicho esto, confieso que sigo primando esas novelas que, además de negrura, nos ofrecen algo más, tal vez porque, casualidades de la vida –y no por postureo cultureta–, leí antes al fundacional Edgar Allan Poe y al analítico Leonardo Sciascia, este último por sugerencia del escritor Julián Rodríguez, que a los respetables Sherlock Holmes y Agatha Christie entre otros.

Puestos a celebrar novelas, estoy pensando, por ejemplo, en dos de Javier Cercas que he degustado recientemente, en apenas una semana, una tras otra, con la agradable certeza de que este autor cacereño, afincado en Gerona junto a su familia desde los cuatro años, no está dispuesto a confinarse en los rigurosos límites de ningún género literario. Me refiero a Terra Alta (ganadora del Premio Planeta en 2019) y a Independencia (2021).

Javier Cercas, novelas, Terra Alta, Independencia
Escritor Javier Cercas

Dos libros que, efectivamente, podríamos catalogar sin ambages de policiacos, y que, aun así, no quedan en absoluto desligados del Cercas de siempre. Por muy oscuros que parezcan Terra Alta e Independencia, no dejan de ser una prolongación de la meritoria propuesta narrativa a la que nos tiene acostumbrados el autor de Soldados de Salamina y Anatomía de un instante. No veo, pues, a Cercas al servicio de la novela negra, sino a la novela negra al servicio de Cercas, que vuelve a sellar su obra con elementos marca de la casa: la autoficción, el suspense, la indagación moral, la mezcla de sucesos reales y ficticios, la recurrencia a la historia reciente de España, la delgada línea que separa a veces la justicia de la injusticia, el abuso del poder…

Este Javier Cercas en modo noir, insisto, pues así me lo parece, es el Cercas de toda la vida, capaz de urdir novelas exigentes, de gran atractivo y fuste narrativo, muy bien escritas y muy bien pensadas, amenas y de fácil lectura.

Ambas novelas se ubican en la comarca catalana Terra Alta –con desplazamientos puntuales a Barcelona–, y ambas están protagonizadas por Melchor Marín, un mosso d’Esquadra al que hay que sacarle las palabras con tenazas, un hombre doliente con un pasado y un presente turbios, un policía con tendencia a hacer la guerra por su cuenta y que, caprichos del destino, se ve en la obligación de investigar asesinatos cometidos en Terra Alta al tiempo que trata de esclarecer quién asesinó a dos de sus seres queridos.

Tanto en Terra Alta como en Independencia (de cuyas tramas prefiero no contar demasiado para no hacer spoiler), Melchor Marín se identifica con Jean Valjean, el personaje principal de su novela preferida, Los Miserables, de Victor Hugo, hasta el punto de que le pone de nombre Cosette a su propia hija. Pero si bien Melchor Marín tiene mucho de Valjean, también lo tiene de Javert, el intenso policía al que Hugo encomendó la tarea de encontrar al mítico prófugo a toda costa.

Policía y delincuente al mismo tiempo, héroe a su pesar (abatió a cuatro yihadistas en los atentados de Cambrils del 17 de agosto de 2017), taciturno, violento y aun así “limpio de corazón” (Cercas dixit), lector de novelas del siglo XIX… Así es Melchor Martín, un personaje más novelado que novelesco, ente de ficción y a la vez de carne y hueso que encarna dos de las mejores novelas españolas (policiacas o no) de los últimos años.

Cercas, como le ocurre a tantos grandes autores, no entiende de géneros. O quizá habría que decir que los entiende a la perfección…


Francisco Rodríguez Criado es escritor y editor de blogs literarios como NARRATIVA BREVE y GRANDES LIBROS.

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