2 microrrelatos de terror de Reinaldo Bernal Cárdenas

El escritor colombiano Reinaldo Bernal Cárdenas, que ya ha compartido con los lectores de NARRATIVA BREVE y SEÑOR BREVE cuentos como “El poder de la oración” o “La cura“, nos ofrece dos microrrelatos de terror para hacernos más ameno el día (o la noche, en el peor de los casos…).

Microrrelato de Reinaldo Bernal Cárdenas: Insomnio                                           

Viuda y sola, se habituó a deambular por los recodos más sombríos de su vieja mansión. Sospechaba, no sin razón, que, en las horas altas de su insomnio, y obedeciendo a un orden sobrenatural, los cuartos y pasadizos se llenaban de ojos tras las cerraduras, de bocas enervantes y sudores que atravesaban las paredes, que espiaban. Eso le producía cierta contrariedad, pero sobre todo la aterraba; de modo que recorría la casona una y otra vez profiriendo primitivas conjuras de expulsión aprendidas de la madre, y luego, sobrecogida, terminaba guareciéndose en la franja de luna que se colaba por el cortinaje, hasta que el día despertaba y las alondras marcaban el tiempo sobre los tejados, entonces sí volvía al descanso en su lecho frío.

En la negritud crepuscular de aquella lejanía, y al amparo de los enormes muros derruidos, la anciana Madame de Tremouillac buscaba disipar la inquietud que le impedía entregarse a un dormitar pacífico e imperioso. Con temblor de sábana, y aferrada al espejismo de su remoto pasado en este mundo, seguía resguardando la desolada mansión de la indeseada visita de los fantasmas.

Minificción de Reinaldo Bernal Cárdenas: Instinto

Ella deja la pantalla, se vuelve y lo mira con ternura maternal. Solo es un ser indefenso, piensa. Ese pensamiento disipa su contrariedad. Se acerca. No se explica qué le sucede hoy, qué reclama. ¿A quién preguntarle?

Ya cambió el pañal, le dio papilla de manzana y descorrió la cortina para que le diera el sol. Pero él aun gimotea como tratando de articular alguna palabra; sus ojos empequeñecidos suplican, demandan. ¿Cólicos? ¿Sed? ¿Ansiedad? Quizá algún dolor. “Sé bueno y trágate la pastilla, bebe un poco de agua. Shhh…tranquilo.”

Si bien su jefe espera que envíe con urgencia el informe, ella no vuelve al ordenador, su instinto está primero; la sangre tira. Inhala profundo, procura no angustiarse. ¡Si tan solo pudiera acudir a su madre por ayuda! Imposible. Ella murió hace pocos meses y ya no puede asistir a su única hija.

Entonces, con gran devoción se sienta junto y, casi susurrando, entona dulcemente una canción, “la, la, la”. Su mano se extiende tibia y mima aquel rostro de surcos indelebles.

Tal vez su anciano padre, luego de enviudar, y de la trombosis repentina, hoy precise la dignidad que solo la muerte puede devolverle.

Reinaldo Bernal Cárdenas

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