Vidas para llorar (2): «Amelia Otero», de Sergio Pitol

Ernesto Bustos Garrido nos envía la segunda entrega de la serie «Vidas para llorar».

Una historia de amor y muerte contada por Sergio Pitol, con los sones de la Revolución Mexicana

Ernesto Bustos Garrido

El cuento «Amelia Otero», de Sergio Pitol, ya se publicó en Narrativa Breve hace un tiempo. [Al final de este post tenéis un link que os lleva al cuento]. Yo mismo lo recomendé. Me gustó en esa ocasión porque era un cuadro de época, un repaso rápido por los avatares de la revolución mexicana. Una historia muy bien contada, como un tobogán, con altos y bajos, con golpes de mando y contra golpes, con cambios de nombres entre los  caudillos de un proceso bélico. Sin embargo, la entrega de hoy tiene relación con su fondo, con el sino de sus protagonistas, de una en especial: Amelia Otero, cuyo tránsito por la nueva vida que debe enfrentar a causa de una guerra, es triste y penoso, y nos desliza hacia una lectura que nos lleva a ser testigos de la decadencia del ser humano.

Antes, cuando se publicó por primera vez, fue por su contexto, su hermoso lenguaje y un pincel de autor que incursiona con trazos amables en el alma de esa mujer soberbia, altiva, hermosa, que conoció el deleite y la fantasía, los bailes y los brindis con un perfumado vino espumoso. De pronto estalla el conflicto, aparece la revolución y las luchas intestinas entre los caudillos de una causa de mentes rapaces.

Entonces la bella Otero también se ve asediada por los «matarifes», como sus conocidas y amigas llaman a los soldados de la revuelta. Comienza una lucha interna en su pecho: Rebelarse por los atropellos y la rapiña por sus bienes, o rendirse y cohabitar con el invasor. Por suerte para ella, este es un joven general, muy distinto en trato y educación a los gañanes que comanda. Es elegante y bien parecido: Todas las mujeres del pueblo de San Rafael suspiran por ndo llegaron las tropas rebeldesdo que tuvo que huir al monte cuando llegaron las tropas rebelder de la revoluci sentarse a su dél y serían capaces de dejarse raptar aunque fuera por unas horas. Pero es la bella Amelia la que tiene el privilegio de sentarse a su diestra y atender a sus galanterías. Parece que ambos empiezan a entenderse, y entonces para ella no hay más privaciones, no hay despojo de su hacienda; puede volver a ser la libélula de antes, con sus paseos pastoriles al atardecer, con sus sedas y estolas de zorros del Artico al cuello. Se insinúa por parte del autor que Amelia y el general Rubio se entienden, se han hecho pareja; son amantes, y la guerra -guerra de géneros más que nada- para ellos sólo existe en la alcoba de esta aristócrata esposa de un rico hacendado llamado Julián, que tuvo que huir al monte cuando llegaron las tropas rebeldes de la revolución.

Así se urde una historia que puede ser conocida y tratada por otros autores, pero que repentinamente tiene un golpe de timón, porque el joven general cae en desgracia, y puesto entre la espada y la pared, por un tal Madero, debe rendirse y dejar el poder, porque otros lo van a reemplazar. Amelia lo asiste contrita en su desgracia y pareciera estar dispuesta a ayudarlo a buscar una salida, por muy drástica que sea. En este punto el relato se mete en las aguas de Hemingway y sólo deja ver la punta del iceberg.

Amelia Otero, cuento de Sergio Pitol

Después dde la partida del joven general, el sol vuelve a aparecer en el cielo del pueblo; la revuelta se diluye, terminan los saqueos, aunque a veces se nubla, y a veces sopla vientos alguna recaída. Pero es transitorio. No más balas ni machetes ensangrentados. La dama de la historia parece renecer, reanuda sus salidas sus paseos por los prados, pero ya no es la misma de antes. Debe usar bastón. El paso del tiempo le ha marcado el corazón y la piel y viene la decadencia irreversible para ella y emerge, narrativamente, el final de un caso que pudo sucerder, tal cual Pitol lo narra o algo muy parecido, como les ha ocurrido a miles y miles de mujeres y a miles de otras criaturas de Dios.

Finalmente, es cierto: Más se perdió en la guerra.

Leer el cuento «Amelia Otero», de Sergio Pitol.

Vidas para llorar (1): La señora mayor (Borges)

Ernesto Bustos Garrido (Santiago de Chile) es periodista de la Universidad de Chile, donde impartió    clases así como en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en la Universidad Diego Portales. Ha  trabajado en diversos medios informativos, fundamentalmente en La Tercera de la Hora. Fue editor y  propietario de las revistas Sólo Pesca y Cazar&Pescar.

 Amante de los viajes y de la escritura, admira a Pablo Neruda, Gabriela  Mistral, Nicanor Parra,  Vicente Huidobro, Francisco Coloane, Ernest Hemingway, Cervantes, Vicente Blasco Ibáñez, Pérez  Galdós, Ramiro Pinilla, Vargas Llosa, García Márquez, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo.

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Última actualización el 2021-07-21 / Enlaces de afiliados / Imágenes de la API para Afiliados

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