Entrevista a Jorge Andrada, autor de ‘Con la lengua suelta: 60 secretos del español correcto’

El profesor Jorge Andrada publica su tercera obra, Con la lengua suelta: 60 secretos del español correcto, una reflexión cercana y rigurosa sobre las claves de una comunicación lingüística eficaz. En esta ocasión, el autor abandona el género de la novela satírica y se adentra en las relaciones, no siempre amistosas, entre los aspectos gramaticales y la libertad individual de los hablantes.

En esta colección de artículos periodísticos, la lengua española se erige en la protagonista de unas historias con un denominador común: el rigor de los planteamientos gramaticales, la brevedad y concisión en las explicaciones y, no podía faltar, la recurrencia a la ironía o el dardo verbal dirigido a los más cultos del lugar.

Entrevistamos a Jorge Andrada para que nos cuente más detalles sobre esta obra, disponible en Amazon.

Narrativa Breve: Con la lengua suelta: 60 secretos del español correcto ofrece a los lectores la oportunidad de acercarse a las curiosidades de la lengua española desde la claridad y un estilo cercano, accesible a todos los públicos. En este punto, me gustaría conocer su opinión sobre la aversión de muchos ciudadanos por las cuestiones gramaticales.

Jorge Andrada: Cuando tantos vecinos, de cualquier edad y condición, se declaran no aptos para comprender “esas cosas de la lengua”, debemos detenernos a analizar las causas. Una explicación simplista es que el conocimiento de la gramática es una cuestión de eruditos o académicos de la lengua. Tal vez la escuela haya contribuido a proyectar en los estudiantes una imagen de un sistema cerrado e intrincado, solo apto para una minoría intelectual.

Esta es la raíz de este proyecto cultural y divulgativo: acercar la lengua española a todos los usuarios para que valoren una correcta competencia comunicativa como una clave de éxito personal y profesional. Las habilidades lingüísticas condicionan la imagen que proyectamos ante los demás y, sin discusión, nos abren o cierran puertas en nuestra trayectoria como seres sociales.

Con la lengua suelta: 60 secretos del español correcto
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Usted es profesor de Lengua y Literatura, si no me equivoco, desde hace más de veinte años, ¿qué hay de verdad en esa percepción de una parte de la sociedad de la lengua como una disciplina monótona, aburrida y alejada de las necesidades reales de la población?

Tal vez la escuela siempre muestre una reticencia al cambio y tienda a la repetición de modelos heredados. En el ámbito de la gramática, todos hemos sentido alguna vez la sensación de que el estudio de los aspectos formales de la lengua nos eran ajenos al uso diario en la conversación o en nuestra relación con los compañeros. ¿De qué me sirve conocer los prefijos o las oraciones de relativo?

Desde mi punto de vista, creo que muchos profesionales de la lengua (filólogos, traductores, escritores, periodistas) estamos intentando cambiar esa concepción tradicional de la gramática como un mundo solo apto para especialistas y, con mayor o menor suerte, contextualizamos nuestras explicaciones y demostramos su utilidad en la vida diaria. Al fin y al cabo, la capacidad de comunicarnos verbalmente es lo que nos diferencia de los animales… en algunos casos.

Voy a hacer de abogado del diablo: ¿De qué me sirve conocer los prefijos o las oraciones relativas?

En clase, repito una y otra vez que vivo atrapado en el Día de la Marmota: “Dime cómo hablas o escribes y te diré quién eres”. Por ejemplo, un adulto con un escaso dominio de las estructuras morfológicas necesitará muchas palabras para comunicar una idea simple como “este texto no hay Dios que lo entienda y no lo comprende nadie”. En su lugar, queda más elegante un escueto “este texto es ilegible”. Creo que no es tan difícil asimilar el concepto de economía lingüística.

En cuanto a las estructuras oracionales, la sintaxis sigue siendo la diana preferida de todos aquellos que claman contra la desaparición del estudio de las funciones de los sintagmas en la lengua. Es un poco estúpido por nuestra parte condenar a la clase media a la ignorancia en la composición de textos, ya que los ricos saben que las habilidades expresivas son una de las claves del éxito personal y empresarial. A veces, es difícil que todos entiendan esta reflexión.

Sin duda. En cuanto al contenido del libro, llama la atención la originalidad en las historias empleadas para explicar una duda, un truco o un secreto de la lengua española. Son muchas las ocasiones en las que he tenido que parar la lectura para volver a leer algún pasaje por la fina ironía o por la curiosidad del ejemplo. ¿Recuerda algún personaje o situación con especial cariño?

Si le soy sincero, todos los capítulos tienen algún detalle o matiz que me sorprenden. Es cierto que algunos personajes ofrecen más cercanía que otros al público general. Por ejemplo, Lola Flores y su famoso infinitivo como forma imperativa: “Si me queréis, irsen”. Este es un claro ejemplo de conflicto entre lo normativo y lo aceptado: la RAE no acepta esta estructura por ser ajena a los modelos de los emisores cultos, pero muchos hablantes emplean con naturalidad el infinitivo como orden u obligación: “Sentarse, por favor” o “¡Callarse de una vez!”.

En ocasiones, recurro a los trucos clásicos y desconocidos por el público no especialista, como es el caso de la pregunta saducea. Un nombre raro no es siempre sinónimo de poco común. En este caso, los políticos emplean a menudo este recurso para desnudar los argumentos del adversario en un debate televisivo cara a cara. Con la pregunta saducea cualquier respuesta supone una derrota para el sufrido interlocutor. Lo suelo explicar con la clásica pregunta de mi mujer, cuando salgo con los amigos: “¿Cómo te lo has pasado?”. Si respondo bien, me hunde en la miseria del reproche: “Claro, con tus amigos te lo pasas bien…”. Si opto por la respuesta contraria y simulo que me he aburrido, contraataca con un “Claro, ¿para qué sales con esos amigos tan tristes y pesados?”. A veces, el silencio es un buen truco.

En alguna respuesta, observo que alude a la importancia de las habilidades comunicativas en el mundo laboral. ¿Qué puede aportar este libro a aquellos lectores que sienten que les faltan recursos para afrontar una entrevista de trabajo, una reunión con compañeros, la redacción de un informe o estructurar un simple correo electrónico?

Como explicaba anteriormente, muchos especialistas de la lengua intentamos ofrecer una visión práctica y útil de los estudios lingüísticos. En este acercamiento pragmático, somos conscientes de que el mundo empresarial demanda empleados con habilidades comunicativas no solo en lengua extranjera, sino también en su lengua materna. Por este motivo, analizamos los recursos y estrategias de las grandes empresas tecnológicas, los departamentos de recursos humanos y los perfiles comunicativos que buscan las empresas.

Por ilustrar la anterior afirmación con un ejemplo, muchos empresarios ya prohíben las presentaciones infinitas con PowerPoint por su falta de eficacia en la transmisión de contenidos y la duración de las mismas. Ahora prima el “cuéntamelo bien y en cinco minutos, por favor” y, para ello, el empleado debe atesorar habilidades comunicativas. Un matiz fundamental es no confundir el hablar mucho con hablar y escribir bien. Creo que coincidimos en que son dos historias diferentes.

Ya en el plano personal, ¿qué es lo que mueve a un profesor dedicado muchas horas a batallar con adolescentes a invertir parte de su tiempo en divulgar sus conocimientos? ¿No es ya suficiente con la presión y el esfuerzo de lidiar con adolescentes y familias? ¿Es cuestión de dinero, prestigio u otra razón?

No es la primera vez que me plantean esta cuestión y supongo que no será la última. Cada uno siente su profesión según sus circunstancias personales y profesionales. En mi caso, formo parte de una institución educativa que apuesta por la excelencia educativa y mis compañeros de Nuestra Señora del Rosario (Sevilla) siempre me animan a seguir dándole a la tecla. De todas formas, tampoco creo que tenga yo excesivo mérito, ya que, a fin de cuentas, escribo de lo que sé y lo que me gusta.

Por otra parte, en este camino te encuentras con personas ajenas a tu entorno personal y familiar que te animan y te ayudan a seguir en la brecha. En esta obra, solo tengo palabras de agradecimiento para Álvaro Ramos, quien ha dibujado una portada espectacular y ha apoyado este proyecto de manera altruista y desinteresada. Si la ilustración es un lujo, imagínese el aspecto humano. En este sentido, sería un delito por mi parte olvidar al maestro Juan Eslava Galán y su contribución a reseñar el libro. Que un premio Planeta y jurado actual de uno de los galardones literarios más prestigiosos en España te lea y se preste a dedicarte unas palabras es un orgullo y me anima a seguir.

Y por último, ¿por qué cree que este libro no defraudará a los lectores que abran sus páginas?

Siempre habrá detractores de cualquier cosa, pero la experiencia y el conocimiento me reafirma en lo obvio: este libro está escrito para que lo lea la gente, aprenda algunos trucos infalibles de comunicación y, sobre todo, lo disfrute. Los que me conocen saben mi lealtad al principio horaciano del prodesse et delectare, por lo que poco más puedo añadir.

Cualquier estudiante, aficionado a la lectura o la comunicación, empleado con ganas de crecer y mejorar sus habilidades comunicativas encontrará motivos en el libro para seguir leyendo. No quiero ser presuntuoso, pero mi instinto me dice que muchos se van a quedar con las ganas de algún artículo más.

Y, ya para terminar, ¿podría recomendarnos un relato corto para la sección 1001 cuentos?

El sueño de un hombre ridículo del genial Dostoievski no deja indiferente al lector atento.

La hermandad del Santo Pelotazo, de Jorge Andrada (en Amazon)

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