Cyra estaba por concluir su tarea diaria… casi todos los salones de la Escuela de Danza ya estaban limpios y ventilados…Tenía un orden muy claro para su trabajo: primero controlar que estuvieran cerradas las tapas de los equipos de música, después asear los pisos, luego los espejos, recoger alguna cosa olvidada, una zapatilla solitaria, o una bufanda, y ponerlas en el cajón especial. Finalmente, apagar las luces.
Los espacios debían quedar listos para el inicio de clases del día siguiente… El bullicio de los movimientos de danza, música, charlas, carcajadas, y la luz que dominaba en salas y pasillos, dejaron paso al silencio y la penumbra.
Los espacios, vacíos, parecían más amplios.
Después de echar un vistazo a cada salón, Cyra iba apagando una por una las luces. Cyra era un androide y tenía todos los elementos exteriores de un cuerpo humano. Caminaba sin procurar evitar el ruido, ningún humano estaba allí para controlar su caminata y ajustar el algoritmo si fuere necesario… sin embargo, seguía apoyando primero el talón y después la punta de los pies, tal como la habían programado. Sentirse libre de ajustes era algo que Cyra no comprendía bien, sin embargo, lo disfrutaba sin saberlo, cada noche, al caminar solitaria por la Escuela de Danza. ¿O simulaba saberlo?
Al terminar la labor cotidiana, Ella se dirigía a su lugar de reposo. No necesitaba más que un espacio de 1m x 1m, … tampoco necesitaba acostarse o sentarse; allí no había sillas ni camas… podía pasar de pie las horas que la separaban del día siguiente… En una ocasión, en su sistema auditivo, había quedado registrado: – “Cyra duerme como las jirafas, no se acuesta nunca!” Pero no había sido preparada para entenderlo. Cuando la diseñaron, no pusieron instrucciones sobre el sueño …
Al llegar a la pequeña sala del fondo del pasillo encontró algo sorprendente… Cyra conocía qué cosa era una ‘sorpresa’, era lo imprevisto…
Antes había tenido sorpresas; se trataba de lo repentino, lo diferente de aquello que le habían instruido para hacer… Como tenía gran memoria instalada, recordó que una vez, donde la entrenaban, apareció una silla en el camino que iba desde la puerta hasta una mesa, de donde debía tomar una bandeja para ofrecer tazas con té… Cyra se había detenido un momento, sus ondas de ultrasonido, como sensores, viajaron hasta la silla y regresaron a darle información… No pasó por sobre la silla, no la trepó… en cambio, la rodeó con cuidado. En su memoria quedó una huella: Ellos ¡habían golpeado sus extremos superiores, unos contra otros, y sonaron voces: - ¡‘bravo’, ‘bravo’, Cyra progresa…!
En ese momento, al final del horario de trabajo, sus receptores recibieron unos sonidos débiles …
Cyra avanzó por el pasillo desierto; al llegar a la puerta de la sala del fondo, la abrió y alcanzó a recibir luz y sonido…. Notó algo más… había allí una pequeña figura que se desplazaba en todas direcciones, ¡se movía, ondeaba, como si tuviera miles de articulaciones; ¡se inclinaba y se volvía a elevar, de muchas maneras!
Cyra no conocía la danza; aunque los ingenieros sí habían programado que su sistema descubriera diferencias…
Cyra estaba atenta ahora, inmóvil; lo que recibía por sus receptores era una ‘sorpresa’, y provocaba una sensación especial entre los conectores… era la primera vez que podía registrar esa armonía y desde su sistema quiso retenerla.
La Bot, atenta a los movimientos, gracias a su capacidad de recepción y al programa para ‘aprender a aprender’, intentó imitarlos. Comenzó a mover brazos y manos, de modo parecido a lo que hacía cuando limpiaba los muebles, estantes y pianos digitales… Movió sus piernas; pero no podía llegar a realizar lo que veía hacer a la niña, quien parecía flotar en el aire. Cyra estaba anclada en tierra.
Le habían instalado algunos movimientos de baile, simples, … cuando los hacía, Ellos ¡golpeaban sus extremos superiores, unos contra otros, y producían ruidos! Cyra había aprendido a reconocer ese ruido, eran ‘aplausos’.
En la pequeña sala del fondo estaba Irene; ensayaba para su examen de danza de fin de mes. Repetía una y otra vez los pasos esenciales que le había enseñado la Maestra: doblarestirar, elevar, saltar, girar, deslizar, lanzar. Al mover sus brazos, buscaba que el movimiento se pareciera al aleteo de un cisne… Como todas las bailarinas principiantes soñaba con bailar, alguna vez, ¡el famoso ballet “El lago de los cisnes”!
En un giro de punta de pie, de modo inesperado, Irene vio a Cyra en uno de los grandes espejos de la sala… Su primera emoción fue de ‘miedo’. Se volvió, con lentitud, para observar a la Bot … dio unos pasos hacia atrás, para alejarse.
Sintió que debía ir hasta la puerta, escapar. Pero Cyra estaba detenida en la entrada allí mismo, y ocupaba todo el espacio de la salida …. De pronto la Bot se movió un poco; comenzó a avanzar hacia dónde estaba Irene. Sus dos ojos iguales, estaban fijos en ella. Casi aterrada, Irene veía a Cyra como un gigante, pese a que su altura apenas sobrepasaba la de un humano …
Días atrás se había enterado de que la Escuela había comprado una Bot. Su obligación sería hacer limpieza y orden, en salas, pasillos, baños, peldaños, pasamanos … todo ello, al final de las clases y los ensayos … También, cubrir los pianos electrónicos y apagar las luces… Eso le habían contado a Irene.
Ahora la Bot, el modelo humanoide adquirido por la Escuela, estaba allí, allí mismo, parada, presente, frente a ella, ¡‘mirándola’ con sus ojos iguales! ¿Qué hacer si la Bot la agredía, al no saber cómo tratar con ella? Irene buscaba soluciones… comenzó por bajar el volumen del equipo de música que había usado. Se produjo un silencio.
En un cuento sobre la selva, que leyó durante el fin de semana, le recomendaban a uno de los personajes que, frente a un animal salvaje fuera prudente, se quedara quieto, no corriera… Irene pensó que podría usar esa técnica… trató de hacerlo… Con dificultad, se mantuvo quieta…pero el momento se prolongaba y su miedo crecía. Le costaba quedarse inmóvil y en calma… Vigilaba los movimientos de la Bot en todos los espejos…
En ese momento, Cyra se detuvo y comenzó a mover nuevamente sus brazos. Trataba de imitar los movimientos de danza que había visto en Irene …Aunque fue construida con muchas articulaciones, no lograba esa ondulación, la que había visto en la niña y le agitaba los enlaces positivos, … No tenía las instrucciones adecuadas…
Desde hacía unos meses, Cyra estaba aprendiendo a aprender… Era un nuevo programa que le habían instalado los ingenieros. Buscaban que actuara por propia iniciativa. Además de lo programado, debía aprender a encontrar nuevas situaciones, integrarse en ellas, tomar sus decisiones…
Por su parte, Irene pensó con rapidez…algo le pareció una buena idea … Necesitaba que la Bot liberara la puerta para poder escapar. Pensó que sería útil intentar enseñarle a danzar, puesto que vio los intentos de la Bot…Así, al moverse, la Bot dejaría libre la salida.
La niña se acercó un poco, no mucho, y levantó los brazos con su gracia humana de bailarina… miró a Cyra y le hizo una invitación; con un gesto que trataba de decir ¡repite!… Varias veces lo hizo hasta que la Bot pareció comprender… el programa ‘aprender a aprender’ ¡estaba activo… ¡
Con movimientos claros, aunque torpes, lentos, la Bot avanzó por la sala. A cada paso que la Bot daba hacia adentro, Irene daba un paso hacia afuera, como danzando, sin apurarse, sin demostrar inquietud… Así fue hasta que logró salir al pasillo. ‘Sin correr’, como decía el cuento, pero sin detenerse, Irene llegó hasta la oficina de entrada.
Allí estaba la Secretaria. Había recibido un aviso en su reloj inteligente; le indicaba que la Bot estaba fuera del lugar en que debía estar a esa hora. Desde la sala del fondo, llegaban algunos ruidos y un resplandor de luz…
Irene explicó lo sucedido.
Llamaron a la ingeniera. La especialista fue al computador y allí programó ‘interrumpir cada ocho horas’ el sistema de movimiento que operaba a la Bot. Cuando llegaron a la sala del fondo, vieron a Cyra en postura suspendida, inmóvil… La llevaron a su lugar de descanso nocturno. Al ser activado su programa, Ella corrigió la postura.
Al día siguiente reinició su trabajo de aseo y orden….
No volvieron a verla tratando de danzar… Sin embargo, a la hora en que todo dormía, en silencio, antes de su desconexión, Cyra iba hasta la sala del fondo. Allí trataba de repetir los movimientos que Irene le había propuesto…
¡Funcionaba el programa ‘aprender a aprender; tenía iniciativas!…
La Secretaria la encontraba cada mañana en su espacio de descanso, pero con los brazos en alto, un poco inclinada hacia el costado…
Margarita Schultz
Nota: La imagen destacada de este post ha sido creada con IA
La mano del hombre (Microrrelato de Francisco Rodríguez Criado)
Escritura de diálogos: da voz a tus personajes
Relato muy corto de Herman Hesse: La ejecución
- Políticos y pañales
- Grace Kelly nunca me perdonará
- ‘El 8’ y otros microrrelatos de Manuel Pastrana Lozano
- ¿Ellos se reconocen? (Relato de Margarita Schultz)
- Relato corto de Julio Ramón Ribeyro: Los gallinazos sin plumas

