Dos historias cortas de Miguel Bravo Vadillo

dos historias cortas, Bravo Vadillo

Todos sabemos que el alfabeto castellano tiene veintisiete letras y que, marcando como límite un número determinado de palabras, esas veintisiete letras pueden formar una cantidad de combinaciones sintácticas inmensa pero no infinita. Toda mi genialidad ha consistido en crear un programa informático capaz de ejecutar esa cantidad descomunal de combinaciones ajustándose a un número de palabras previamente fijado.

2 historias cortas de Paz Monserrat Revillo

Últimamente me ha dado por mirar la casa. La miro con atención, como si se tratara de una casa ajena que veo por primera vez. Me paseo por las habitaciones husmeando, abriendo armarios, calibrando la disposición de los muebles. Todo me parece espantoso. Áspero, rancio y lleno de óxido. Hasta mi marido, sentado en su sillón, huele como si estuviera caducado, como si las polillas estuvieran haciendo galerías en su interior.

Tres historias cortas de Rafael Escobar de Andreis

Sofía combinaba sus labores de enfermera con las del engalanamiento del lugar. Distribuyó bombas multicolores, atravesó serpentinas y por último puso dos cremosas tortas sobre la mesa principal. Pero también acicalaba a los anfitriones: limpiaba unos mocos, apaciguaba unos pelos sobre una calva, enjugaba babas, colocaba pañales para evitar sorpresas incómodas y repartía pócimas para calmar persistentes espasmos de tos

Tres historias cortas, tres grandes cuentos sufís de Idries Shah

No digo nada nuevo cuando afirmo que no se necesitan muchas palabras para escribir un gran cuento. Pero si alguien lo duda, aquí dejo tres grandes historias cortas, a cuál de ellas mejor.

El autor es Idries Shah, considerado uno de los grandes maestros de la literatura sufí contemporánea. Shah destacó como un cuentista excepcional. Algunas de sus narraciones, como las tres que podéis leer a continuación, destilan sabiduría, espiritualidad, humor y aprecio por los valores humanos.

Dos historias cortas de miedo de Arthur Machen

cuentos de terror de Arthur Machen

Machen, galés de nacimiento (1863-1947), es un clásico de la literatura de terror, y su novela corta El gran Dios Pan (1894), denostada y denunciada como un libro decante cuando se publicó, ha influido en numerosos autores, entre ellos el citado Stephen King. Trabajó como actor ambulante antes de consagrarse como escritor, traductor y crítico literario.

3 historias cortas de Rafael Midence Ávila

3 historias cortas de Rafael Midence

Después de que centenares de lágrimas le laceraran las mejillas, tomó un objeto de debajo de su cama. Lentamente acercó la pequeña pistola calibre 22 a su sien. Se situó frente a la ventana que daba a la calle Los poetas muertos. El pianista al que un dictador fascista (de apellido italiano) le mandó a cortar las manos vendía globos en el parque de Los Truenos, donde, un viejo y desdentado perro callejero luchaba por devorar un hueso putrefacto

Dos historias cortas de Miguel Torija Martí

Aquella noche, en aquel paseo, el sutil chirriar del eje de las ruedas acompañó al silencio que necesitábamos, yo para disimular mi embriaguez, tú para preparar la pregunta. Llegamos aquí. Supongo que lo hiciste a propósito. “Lucía, hace tiempo que quiero hacerte una pregunta” me dijiste. “Espero que sea fácil, porque me temo que no estoy muy ágil de mente” te contesté. Sonreíste y me diste un beso, en la mejilla.

Dos historias cortas de Lafcadio Hearn

Se da la circunstancia de que Hearn no es en absoluto, como alguno podría creer, un autor desconocido entre nosotros. Para nada. En 1907, el mismísimo Julián Besteiro, futuro presidente del PSOE y de las Cortes republicanas, tradujo Kokoro (1896), las impresiones de Hearn sobre Japón que Miraguano volvió a editar hace seis años con su título literal, Kokoro. Ecos y nociones de la vida interior japonesa.

2 historias cortas de terror de Edgar Allan Poe

2 historias cortas de Edgar Allan Poe

Volvimos por la tarde a ver al paciente. Su estado seguía siendo el mismo. Discutimos un rato sobre la conveniencia y posibilidad de despertarlo, pero poco nos costó llegar a la conclusión de que nada bueno se conseguiría con eso. Resultaba evidente que hasta ahora, la muerte (o eso que de costumbre se denomina muerte) había sido detenida por el proceso hipnótico. Parecía claro que, si despertábamos a Valdemar, lo único que lograríamos seria su inmediato o, por lo menos, su rápido fallecimiento.