Relato corto de Javier Santos Rodríguez

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Las consecuencias devastadoras de la última guerra… No. Así no debería empezar. Pensá. Pensá. A ver de este otro modo: Las consecuencias terribles y devastadoras en las que el mundo se sumió después de la última guerra fueron por lo mismo orgánicamente devastadoras. No…, mejor cambio orgánicamente por sistemáticamente. Las consecuencias terribles y devastadoras en las que el mundo se sumió rotundamente después de la última guerra fueron sistemáticamente devastadoras…

Cuento de Julio Cortázar: Relato con un fondo de agua

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El coñac está ahí, servite. A veces me pregunto por qué te molestás todavía en venir a visitarme. Te embarrás los zapatos, te aguantás los mosquitos y el olor de la lámpara a kerosene… Ya sé, no pogas la cara del amigo ofendido. No es eso, Mauricio, pero en realidad sos el único que queda, del grupo de entonces ya no veo a nadie.

Relato de Jorge Ibargüengoitia: El episodio cinematográfico

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El episodio cinematográfico sucedió hace cuatro años. Yo estaba embargado y mi aventura con Angela Darley había entrado en una etapa negra. Una noche me salí de su casa olvidando, o mejor dicho, fingiendo olvidar, la cabeza etrusca que ella me había regalado después de tantos ruegos de mi parte. Yo estaba furioso porque ella había insistido en leer las líneas de la mano del joven Arroyo y le había dicho lo mismo que me había dicho a mí tres años antes:

—Resulta usted muy atractivo para cierta clase de personas.

El caballo amarillo (Relato onírico de Ednodio Quintero)

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Si yo soñara que soy algo más que un caballo amarillo: despojado de resabios y relinchos, reducido a la infeliz condición de bípedo pensante, enfilaría mis pasos rumbo a la ciudad más cercana, aquella que se vislumbra allá en el extremo sur de la llanura, y en la cual afloran altas chimeneas oscuras manchando de hollín el cielo sin nubes de esta mañana de septiembre.

El tiempo espera siempre en el interior de un bar (José Luis Ibáñez Salas)

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A media luz, el bar es como el purgatorio de un cuento escrito por algún escritor intenso. El hombre ha entrado en el servicio de caballeros. Lope mira la tele apagada mientras se pone la chaqueta marrón de los días de primavera asiática, como él los llama. La puerta de los lavabos se abre y el visitante tardío comienza a declamar unos versos.

Poema de Margarita Schultz: Los miedos

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soñamos nuestros miedos y volvemos a temerlos en cada sueño como si fuera pobre la vigilia quiere enriquecerla el equivocado sueño y los adorna con historias, fantasías con cuentos pero debajo de ese traje allí está imperturbable el miedo Margarita Schultz, 07-11-2020 Otros poemas de Margarita Schultz

Microrrelato de Robert Hass: Una historia sobre el cuerpo (1001 Cuentos)

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El joven compositor, que trabajaba ese verano en una colonia de artistas, la había observado durante una semana. Ella era japonesa, pintora, tenía casi sesenta y él pensó que estaba enamorado de ella. Amaba su trabajo y su trabajo era como la forma en que ella movía su cuerpo, usaba sus manos, lo miraba a los ojos cuando daba respuestas divertidas y consideradas a las preguntas de él.

El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Por John Carey

El Gran Gatsby

Todo el mundo está de acuerdo en que El Gran Gatsby es un clásico, tal vez la más importante novela estadounidense. Pero es difícil explicar en qué consiste su encanto. Su símbolo clave es un vertedero de basura. Fritzgerald tomó esta idea de los montones de basura de Nuestro común amigo de Dickens, pero su vertedero es más fantástico, un valle de desolación donde «las cenizas crecen como trigo en cestas y colinas y jardines grotescos»

Relato corto de Antonio Báez: Rafita y Fali

relato de Antonio Báez

Es echar a andar y se me pone en marcha la tostadora. La cabeza. Una vez mi exmujer me dijo que yo era frío como un noruego, no sé si dijo frío o distante, estaba cortando verduras y no me atreví a preguntarle si había tenido alguna vez trato amoroso con algún noruego en concreto, quizás con aquel tal Hans del que la había oído hablar de su época de estudiante de bellas artes. Me lo decía, entre otra cosas, porque a la salida del centro comercial yo había dejado pasar sin saludarlo a mi mejor amigo de la infancia, me limité a contemplarlo un instante y a seguir mi camino