El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Por John Carey

El Gran Gatsby

Todo el mundo está de acuerdo en que El Gran Gatsby es un clásico, tal vez la más importante novela estadounidense. Pero es difícil explicar en qué consiste su encanto. Su símbolo clave es un vertedero de basura. Fritzgerald tomó esta idea de los montones de basura de Nuestro común amigo de Dickens, pero su vertedero es más fantástico, un valle de desolación donde «las cenizas crecen como trigo en cestas y colinas y jardines grotescos»

Relato corto de Antonio Báez: Rafita y Fali

relato de Antonio Báez

Es echar a andar y se me pone en marcha la tostadora. La cabeza. Una vez mi exmujer me dijo que yo era frío como un noruego, no sé si dijo frío o distante, estaba cortando verduras y no me atreví a preguntarle si había tenido alguna vez trato amoroso con algún noruego en concreto, quizás con aquel tal Hans del que la había oído hablar de su época de estudiante de bellas artes. Me lo decía, entre otra cosas, porque a la salida del centro comercial yo había dejado pasar sin saludarlo a mi mejor amigo de la infancia, me limité a contemplarlo un instante y a seguir mi camino

Poema de Margarita Schultz: La melancolía

melancolía, Margarita Schultz, poema

la melancolía tan íntima y a la vez tan enemiga gestada en la entraña del recuerdo agrede al útero que le dio vida llena vacíos con imprudencia ciega prolifera sube desde el fondo del alma como la pleamar sabiendo que nada vuelve artera pacta con la memoria y se alimenta de sus tesoros sabrá la … Sigue leyendo

La conversión de los judíos (cuento de Philip Roth)

la conversión de los judíos

—Te las pintas solo para ser el primero en abrir esa bocaza —dijo Itzie—. ¿Por qué te pasas el tiempo abriendo esa bocaza?

—No fui yo quien sacó el tema —dijo Ozzie—. De veras que no.

—¿Y a ti qué te viene ni te va Jesucristo, ya que estamos?

—Yo no saqué el tema de Jesucristo. Fue él. Ni siquiera sé de qué estaba hablando. Jesús es una figura histórica, decía una y otra vez. Jesús es una figura histórica.

El escritorio (relato corto de Tommaso Landolfi sobre el oficio de escribir)

Tomasso Landolfi, oficio de escribir, cuento

El escritor solía trabajar en una gran mesa de comedor (en cuya tabla estaban bien ordenados y oportunamente distanciados los objetos de su oficio), y ello por la sencilla razón de que no poseía un escritorio propiamente dicho. O sea, cuando hubo que repartir con su mujer, alojada en otro lugar entre sus polluelos, su mísero mobiliario, se había quedado con todo el comedor, consistente, por lo demás, sólo en aquella mesa y en un aparador o vitrina en el que guardaba sus viejos manuscritos y algunos libros.

Relato de fantasmas de Edith Wharton: Después

Edith Wharton, relato de fantasmas, después

Las razones que dio por las que podían comprarla tan barata ―estar lejos de la estación; no tener luz eléctrica ni instalación de agua caliente y demás necesidades vulgares―, eran exactamente las que concurrían a favor para una pareja de románticos americanos que buscaban perversamente aquellas gangas que se asociaban, en su tradición, con la inusitada gracia arquitectónica.