Cuento sobre el hampa de Chester Himes


La noche está hecha para llorar

(Un relato sobre el hampa)

Chester Himes

Preso de una vaga irritación, Piel de Ébano puso su vaso de whisky sobre la barra del bar con un ruido seco. Se volvió con gesto hosco hacia Giglio, este último de color claro y gordo como un lechón bien alimentado, que contaba con una voz estropajosa por el alcohol.

—Después saca una navaja y me pica la espalda. Yo la miro y nada más. Entonces tira el cuchillo y me golpea en la boca con su cartera; sigo mirándola sin moverme. Pero cuando ella levanta el pie y me machaca los callos, la empujo y la tiro al suelo.

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Entrevista a Rafael Falcón Lahera


LAS ENTREVISTAS DE NARRATIVA BREVE

Rafael Falcón Lahera

Sin que sepamos nada de la última gota (Amazon, 2017)

Leer, decía Pennac, como amar, es un verbo que no admite imperativo. Creo que cualquier propuesta escolar que pretenda reincorporar a los jóvenes al mundo de la literatura debe pasar por recuperar el placer, las conexiones emocionales con la ficción y la eliminación de los miedos. En el espacio y el tiempo de la lectura y la escritura deberían cohabitar la pasión y la libertad. El docente haría bien en posibilitar ese espacio y ese tiempo, y en habitarlos. (R.F.L)

 

Rafael Falcón Lahera (Sevilla, 1975) es profesor de filosofía en el IES Vicente Cano, en Argamasilla de Alba, Ciudad Real. Ha coordinado el proyecto Cuentaminándonos, un taller de literatura para niños y adolescentes, y ha editado las revistas digitales Palabras Sueltas y Oionanda, centradas en la literatura y en la filosofía. Ha ganado el Accésit XXVI Premio Narrativa Breve de la UNED con el cuento “El avispero”, y acaba de sacar su primer libro en Amazon, una colección de relatos, en ebook y en papel, que lleva por título Sin que sepamos nada de la última gota.

Hablamos con él hoy sobre su trayectoria literaria.

 

Francisco Rodríguez Criado: Todo libro de literatura encierra en sí mismo una historia, especialmente los que son opera prima. Cuando uno ha publicado muchos libros, la edición de un nuevo título acaba –en muchos casos– por volverse costumbre. Pero el primer libro es siempre algo especial, porque marca un antes y un después, y obliga a su autor a plantearse ciertas cosas. En tu caso, ¿qué ha supuesto publicar este primer libro? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que escribiste el primer cuento hasta que el libro vio la luz?

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Un cuento juvenil: Marco, de los Apeninos a los Andes

Sucedió también que cierto comandante de un buque mercante amigo de un conocido suyo, habiendo oído hablar del asunto, se empeñó en ofrecerle, gratis, un billete de tercera clase para ir a Argentina. Entonces, después de nuevas vacilaciones, el padre consintió y se decidió el viaje. Llenaron de ropa un pequeño baúl, le pusieron algunas liras en el bolsillo, le dieron las señas del tío, y una hermosa tarde del mes de abril lo embarcaron.

Relato corto de Algernon Blackwood: Transición

Relato corto de Algernon Blackwood
Escritor Algernon Blackwood

John Mudbury regresaba de sus compras con los brazos llenos de regalos navideños. Eran las siete pasadas y las calles estaban atestadas de gente. Era un hombre corriente, vivía en un piso corriente de las afueras, con una mujer corriente y unos hijos corrientes. Él no los consideraba corrientes, aunque sí los demás. Traía un regalo corriente a cada uno: una agenda barata para su mujer, una pistola de aire comprimido para el chico y así sucesivamente. Tenía más de cincuenta años, era calvo, oficinista, honesto de hábitos y manera de pensar, de opiniones inseguras, ideas políticas inseguras e ideas religiosas inseguras. Sin embargo, se tenía a sí mismo por un caballero firme y decidido, sin percatarse de que la prensa matinal determinaba sus opiniones del día. Y vivía… al día. Físicamente estaba bastante sano, salvo el corazón, que lo tenía débil (cosa que nunca le preocupó); y pasaba las vacaciones de verano jugando mal al golf, mientras sus hijos se bañaban y su mujer leía a Garvice tumbada en la arena. Como la mayoría de los hombres, soñaba, ociosamente con el pasado, se le escapaba embarulladamente el presente, e intuía vagamente –tras alguna que otra lectura imaginativa– el futuro.

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Una historia corta del Marqués de Sade: La mojigata

Historia corta del Marqués de Sade
Marqués de Sade

El señor de Sernenval, que rondaba los cuarenta años de edad, contaba con unas doce o quince mil libras de renta que gastaba con toda tranquilidad en París, y no ejercía ya la carrera de comercio que antaño había estudiado con miras a conseguir un cargo de regidor. Hacía algunos años había contraído matrimonio con la hija de uno de sus antiguos colegas, cuando ella tenía unos veinticuatro años. No había otra mujer con tanta frescura, con tanta lozanía y tan rellenita como la señora de Sernenval. Aunque no tuviera el físico de las Gracias, resultaba tan apetecible como la mismísima madre del amor, y aunque su apariencia no fuera precisamente la de una reina, emanaba de ella tanta voluptuosidad, con esos ojos tan amorosos y lánguidos, esa boca tan hermosa, esos senos tan redonditos y firmes, que era una de las mujeres más atrayentes de París.

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Prosa poética de Manuel Pastrana Lozano: Sin palabras

Por el camino dormido, el triste anciano caminaba. Su mente confundida, sus recuerdos nebulosos, de guerras y conflictos, hambrunas torturantes, miserias infernales, injusticias golpeadoras, fanatismos odiosos, hombres descreídos librados a su suerte, pugnas sin sentido, almas errabundas, leyes indolentes, desórdenes y caos, abismos ideológicos, destinos alarmantes… su desobediencia cívica, su resistencia utópica, su no violencia estéril. A las puertas de la muerte, sin fuerzas sin consuelo, asomó de pronto el discípulo esperado, silencioso como él.

21 citas de Woody Allen

 

 

21 citas de Woody Allen
Woody Allen

 

1 Lo que más odio es que me pidan perdón antes de pisarme.

2 No solo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago.

3 No creo en una vida más allá, pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior.

4 El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro.

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Un cuento gótico de Roald Dahl: La patrona

Un escritor de ficción tiene que ser perfeccionista. Eso quiere decir que nunca debe darse por satisfecho con lo que ha escrito hasta que lo haya rescrito una y otra vez, haciéndolo tan bien como le sea posible; debe además poseer una gran autodisciplina, es de gran ayuda tener mucho sentido del humor y, sobre todo, tener cierto grado de humildad. El escritor que piense que su obra es maravillosa lo pasará mal. (Roald Dahl)

Relato gótico de Roald Dahl: La patrona

Billy Weaver había salido de Londres en el cansino tren de la tarde, con cambio en Swindon, y a su llegada a Bath, a eso de las nueve de la noche, la luna comenzaba a emerger de un cielo claro y estrellado, por encima de las casas que daban frente a la estación. La atmósfera, sin embargo, era mortalmente fría, y el viento, como una plana cuchilla de hielo aplicada a las mejillas del viajero.

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Relato corto de Ernest Hemingway: El mar cuenta

Fue Malcolm Cowley quien subrayó el gusto de Hemingway por una geo­gra­fía especial, sacralizada por el uso de bebidas especiales, armas especiales, formas especiales de hablar y de vivir. Los asuntos de sus historias dan casi todos para un reportaje, enfocados hacia situaciones de peligro o habilidad física o tensión moral: la guerra, el toreo, el boxeo, la caza, la pesca, la vida en familia. Una anodina anécdota de pescar truchas se justifica por la excitación del pescador, la tensión que lo consuela momentáneamente con «la sensación de haberlo dejado todo atrás, la necesidad de pensar, la necesidad de escribir, otras necesidades». El lector, de pronto, siguiendo lo que le están contando, se siente identificado con el pescador, a quien, por un rato, se le ha quitado de encima el peso de la propia existencia. Hemingway di­luía en sus cuentos los límites entre experiencia y fábula.

 Justo Navarro, “El escritor como hombre de acción”, Revista de Libros

 

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