Intocable. Donde hay vida hay esperanza

INTOCABLE. DONDE HAY VIDA HAY ESPERANZA Francisco Rodríguez Criado En su crónica “El lado oscuro del Intocable” (ABC, 16-4-2012), Juan Pedro Quiñonero explicaba desde París el descontento de la familia aristócrata los Pozzo di Borgo por el modo “novelesco” con el que Intocable había retratado las relaciones laborales y de amistad entre Philippe Pozzo di … Sigue leyendo

Historia de un ladrón de bicicletas y dos limpiabotas

Vaya por delante mi falta de originalidad si, de entre sus películas, me decanto por Ladrón de bicicletas (1948), un clásico de innegable encanto que retrata dos angustiosos días en la vida de un modesto padre de familia con acuciantes problemas para costear las necesidades básicas de su mujer y su pequeño hijo. Rodada en 1945, no en escenarios cinematográficos sino en las devastadas calles italianas, la película ofrecía una segunda novedad: la inmensa mayoría de los actores no eran profesionales, sino personas de carne y hueso que interpretaban engorrosos papeles tanto en la vida real como en el cine.

HISTORIA DE UN LADRÓN DE BICICLETAS Y DOS LIMPIABOTAS

Francisco Rodríguez Criado

Hubo una etapa de mi vida, la adolescencia, en la que me propuse ver cuantas películas de neorrealismo italiano cayeran en mis manos. Estoy hablando de unos años en los que la televisión de este sufrido país aún tenía el atrevimiento de emitir películas de calidad, y entre estas se colaba de vez en cuando alguna de ese grupo de directores que habían centrado su interés en retratar las penurias de la sociedad italiana de la Segunda Guerra Mundial y de su posguerra. (Una segunda opción, más cara pero a la vez más efectiva, era alquilar esas películas en los videoclubs, hoy día en vías de extinción). Así fue como me aficioné al cine de Vittorio de Sica.

Han pasado más de dos décadas y por necesidades del guión ya no soy aquel imberbe, pero mi sintonía con el cineasta italiano apenas se resiente.

Vaya por delante mi falta de originalidad si, de entre sus películas, me decanto por Ladrón de bicicletas (1948), un clásico de innegable encanto que retrata dos angustiosos días en la vida de un modesto padre de familia con acuciantes problemas para costear las necesidades básicas de su mujer y su pequeño hijo. Rodada en 1945, no en escenarios cinematográficos sino en las devastadas calles italianas, la película ofrecía una segunda novedad: la inmensa mayoría de los actores no eran profesionales, sino personas de carne y hueso que interpretaban engorrosos papeles tanto en la vida real como en el cine. Esa circunstancia, y el contexto histórico, permiten que la vehemente necesidad de poseer una sencilla bicicleta de paseo, tan querida por los niños, adquiera un carácter terriblemente adulto en la película.

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El quimérico Polanski

La cinta, un fracaso en su momento, goza ahora de cierta consideración por algunos incondicionales que la citan como “película de culto”, “obra maestra”, etcétera. (He leído incluso una reseña de quien la considera, y no hay ironía en sus palabras, “la mejor película de todos los tiempos”). Encanto no le falta, pero un excesivo regusto por el esperpento mal entendido, cansino, la convierten en un producto a la larga aburrido y desnortado que va perdiendo sentido conforme sobrepasa el ecuador de su metraje.

Adiós al cine

Se lo tiene merecido. En The Artist trabajó quince horas diarias, más de lo que cualquier ser humano puede aguantar. Ni siquiera el hecho de que la película fuera muda y no tuviera que hablar resta méritos a su actuación. Según informa su agente, para satisfacer su gusanillo cinematográfico hará alguna que otra intervención en asuntos menores: cortometrajes o anuncios de televisión. Pero que se olviden de él en películas de varios meses de rodaje.

Bienvenidos al Sur

Fotograma de Bienvenidos al Sur (Luca Miniero, 2010)

 

Bienvenidos al Sur

Bienvenidos al Sur, de Luca Miniero, es una comedia blandita, gozosa y bienintencionada, como suelen serlo en mayor o menor medida todas las comedias. La película narra las malandanzas de Alberto, director de una sucursal postal, desde que es enviado a una oficina del ominoso sur de Italia hasta que regresa al “mundo civilizado”. Esta brecha melodramática en la vida del aburrido gestor, apático y convencional, es la excusa perfecta para presentarnos a una serie de personajes que traspiran bonhomía. Ninguno de ellos tiene serios problemas económicos, familiares, éticos o de salud. Ninguno de ellos conoce la maldad, ninguno de ellos está condenado a sufrir la animadversión del espectador. Son, con permiso de la ficción, personas sencillas y felices que renuevan día a día su querencia por las costumbres saludables del Sur.

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Karate Dream

El cine miente, siempre miente. Por eso vamos al cine: para ser mentidos; y Karate Kid lo hacía –y hace– muy bien. Los adolescentes de los 80, como los adolescentes de todas las décadas, vimos en esa historia de chico-pobre-que-hace-sus-sueños-realidad un espejo en el que reflejar nuestros propios sueños. No sabíamos, o no queríamos saber, que una película está construida sobre andamios narrativos que requieren dinero, tiempo, esfuerzo y una puesta en escena que a su vez precisa la interpretación de actores orquestados por la batuta de un director.

El suicidio de Jean Seberg

El suicidio de Jean Seberg
La vida de Jean Seberg merecería una buena novela. (Igual ya se ha escrito). Pero ¿quién era Jean Seberg?
El siguiente reportaje sobre su vida y muerte fue publicado en El Mundo el 23 de agosto de 2009.
Ya hablaremos algún día en este blog de los Panteras Negros. Mientras tanto, recomiendo la lectura de La izquierda exquisita, de Tom Wolfe, que tiene bastante que ver con ellos.

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