Cuento de Isaac Asimov: Cómo ocurrió

Asimov igual escribía sobre el antiguo Egipto que sobre la extinción de los dinosaurios; sobre robots y sobre George Washington. Su afán enciclopédico no conocía de fronteras. Para él, el conocimiento humano era uno e indivisible, sin compartimentos. Tamaña actitud, acompañada por una falta de modestia absolutamente asombrosa, casi impúdica, que llegaba a ser simpática, le granjeó algunas críticas feroces (David Pringle lo catalogó como el Agatha Christie de la ciencia ficción). Es cierto que sus libros de historia, por ejemplo, adolecen de un exceso de simplificación, lo contrario de los de divulgación científica, pero ello no empaña la nobleza del propósito original de poner a disposición de un público muy amplio una información básica.

Jacinto Antón, El País, 7-4-1992

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Un cuento sobre la soledad

Emilio Díaz Valcárcel. Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y profesor universitario puertorriqueño, nacido en Trujillo Alto el 29 de enero de 1929. Autor de una espléndida producción narrativa que le sitúa en los puestos cimeros de la literatura puertorriqueña contemporánea, es uno de los novelistas y cuentistas más destacados de la denominada “Generación del 45”, en la que sobresalen otros prosistas como José Luis González, Abelardo Díaz Alfaro, René Marqués, Esther Feliciano Mendoza, Pedro Juan Soto, Luis Rafael Sánchez, Vivas Maldonado, Edwin FIgueroa, Salvador M. de Jesús, Violeta López Suria, Ana Luisa Durán, Wilfredo Braschi, Marigloria Palma y Edmira González Maldonado, todos ellos -como el propio Díaz Valcárcel- consumados especialistas en el cultivo de la narrativa breve. Al margen de los rasgos comunes que identifican las obras de este grupo generacional, la prosa del autor de Trujillo Alto se singulariza por su hábil descripción de los paisajes característicos de su isla natal, así como por su extraordinaria utilización del lenguaje popular puertorriqueño.

Texto extraído de MCN Biografías

Cuento sobre la soledad
Escritor Emilio Díaz Valcárcel

Cuento de Emilio Díaz Valcárcel: El asedio

Una familia normal y feliz, pensó apoyada sobre el vo­lante. Un padre gordo y de apariencia próspera, recién afei­tado, una bella pareja de niños, y una madre que alcanza ya los treinta años, mofletuda, satisfecha como toda mujer que siente colmados sus instintos cardinales.

Sintió subírsele a la garganta el confuso sentimiento de ilegitimidad que permanecía anclado en ominoso acecho en el fondo de su espíritu. Un espíritu contrahecho, pensó, regocijándose en su propio flagelo. O tal vez el espíritu esté intacto, murmuró agarrándose a una posible reconciliación consigo misma. Pero ningún alivio provino de este pensa­miento. Y, sin saber por qué, tiró molesta de su falda hacia abajo, como si con ello cortara el torturante fluir de pen­samientos que había comenzado justamente cuando ella detuvo el automóvil frente al edificio de departamentos. La falda, que delataba unas caderas secas, no era lo suficiente­mente larga para cubrir las rodillas nudosas, casi masculinas.

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Tres relatos cortos de Ambrose Bierce

Un león que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar un pastor, le pidió que se la extranjera. El pastor lo hizo, y el león, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de ellas dijo:

Cuento de Lafcadio Hearn: Diplomacia

Cuento de Lafcadio HearnOs ofrecemos otro apasionante cuento de Lafcadio Hearn (1850-1904), un periodista, y escritor grecoirlandés, muy involucrado en la cultura japonesa, hasta el punto de que se acepta que es uno de los hombres  que la dio a conocer en Occidente. Fue también traductor y corrector de pruebas antes de entrar a trabajar como redactor del periódico The Cincinnati Enquire. Hearn se nacionalizó japonés con el nombre de Yakumo Koizumi.

El cuento que os ofrecemos hoy, titulado “Diplomacia”, narra los últimos momentos de un vida de un reo y de cómo este trata de amedrentar a sus verdugos para que le perdonen la vida.

Si te gusta esta narración, te animamos a que leas “Dos historias cortas de Lafcadio Hearn“, que publicamos en su momento.

 

 

 

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Cuento de Víctor Hugo Ávila Velázquez: El bastón

 

Cuento de Víctor Hugo Ávila Velázquez
Víctor Hugo Ávila Velázquez

Ella veía cómo su hombre llegaba con los baldes de agua: derecho, cansado y viejo. Su nieta corrió hacia él, le soltó una palmada en la pierna y el viejo rió, dejó los baldes y se volvió a marchar.

Encorvada, en forma de bastón, va la vieja apoyada en su bastón. Caminando con la vista en la tierra húmeda, tanteándose de la orilla de su granja. Una marejada de sentimientos, relacionados con su muerte, la han llevado a pensar que esta sea la última vez que dará de comer a las gallinas y quitarles, a cambio, sus huevos.

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Cuento de Azorín: Las sirenas

“A Umbral no le gustaba Azorín. Decía de él una frase vitriólica: que inventó el párrafo corto porque tenía las ideas cortas. El genio de Valladolid, dueño de una prosa torrencial, vivaz, iluminada por los relámpagos del idioma, consideraba al alicantino un escritor de vuelo bajo y breve como el de una tórtola. Pero a ambos maestros, tan distintos, les une el lazo invisible de una determinante, férrea voluntad de estilo. Y una vocación letraherida que, demasiado apremiante para encajar en la compleja estructura de la narrativa, encuentra su perfecto molde de expresión en la literatura urgente del articulismo.

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Cuento de Emilio Díaz Valcárcel: El regreso

Hoy os ofrecemos un cuento de Emilio Díaz Valcárcel, uno de los referentes de la actual literatura portorriqueña (o puertorriqueña; ambas formas están aceptadas por la RAE).

El cuento narra el regreso de un militar que, vestido de uniforme, se dirige a la vivienda de Catalina, aparentemente la mujer de sus sueños, con quien había mantenido relaciones (incompletas) antes de marcharse a la guerra.

El relato corto “El regreso” forma parte del libro El asedio, publicado en la editorial mexicana Arrecife en 1958. El libro fue merecedor del Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña.

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Un cuento corto de Vladimir Nabokov: Dioses

Esto es lo que veo ahora mismo en tus ojos: una noche lluviosa, una calle angosta, unas farolas que se pierden en la distancia. El agua se desliza vertiginosa por las laderas de los tejados empinados hasta los desagües. Debajo de la boca de serpiente de cada uno de los desagües hay un cubo con un aro verde. Las hileras de cubos bordean las paredes negras a ambos lados de la calle. Yo los observo mientras se van llenando de mercurio frío. El mercurio pluvial va creciendo hasta desbordarse. Las bombillas desnudas brillan en la distancia, sus rayos erizados en la lluviosa oscuridad. Los cubos ya se están desbordando.

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Cuento de Manuel Pastrana Lozano: El pasajero

El pasajero
© Xavier Nájera / Fuente de la imagen 

Apareció de repente sin que yo me diese cuenta, sin hacer ningún ruido, tal vez mientras yo acomodaba mi equipaje. Ahora estábamos solo él y yo en la cabina. Era una presencia asombrosa, que no tenía para mí explicación posible. Durante el trayecto estuvo casi todo el tiempo observándome, unos ojos sin brillo que sobresalían desde una cavidad profunda y oscura. Lucía un atuendo inverosímil, fantasmagórico, jamás visto en mi vida, y su edad parecía indefinible. Era un personaje inesperado, surgido desde las tinieblas. ¿Qué hacía en el compartimiento y de dónde había salido?

–¿Viaja usted en la misma dirección que yo, con destino a Obaba? –le pregunto temeroso–. La próxima estación es la última y ya estamos llegando.

–No, de ningún modo. Ni lo piense. Ninguna estación podría acogerme, no advertirían mi presencia. Solamente yo puedo conocer mi destino, que usted no podría ni siquiera imaginar –me dice con su voz sombría. Luego de unos instantes, prosigue–: Y por favor, no me hable de su vida.

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