Cuento de Javier Santos Rodríguez: La casita del paraíso

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Acaso una noche de invierno, hombres fornidos con hambre de madera pasarían por ese campo. Acamparían ahí mismo. Juntarían ramitas secas. Harían fuego para calentarse mientras guitarra en mano darían luz, quién sabe, a una zamba triste. Se echarían después sobre los yuyos y mirarían las estrellas para ponerles nombres propios, para hacerlas suyas. Y así les llegaría el sueño, la madrugada. 

Tribulaciones de un suicida | Relato de Carlos Almira Picazo

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Después del accidente que le dejó la cara desfigurada por un tiempo, y las facultades mentales trastocadas para siempre, Leandro Pillbur ya no volvió a pensar en el suicidio. Durante meses, después de años de paz y rutina, había mascullado aquella idea de quitarse la vida, sin llegar a decidirse. Ahora la situación era completamente distinta. 

Relato de Italo Calvino: La aventura de una mujer casada

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En este magistral cuento Italo Calvino relata la salida nocturna de una mujer casada (el marido está fuera por motivos de trabajo) que, al regresar a casa a primera hora de la mañana, prácticamente aún de madrugada, ha de esperar a que la portera abra el portal de su vivienda. Esa noche la esposa, Stefania R., vivirá ciertas situaciones con los hombres para ella desconocidas.

Cuento de Scott Fitzgerald: La década perdida

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Francis Scott Firzgerald (1896-1940) es uno de los escritores estadounidenses más influyentes del pasado siglo. Autor de novelas emblemáticas como El Gran Gatsby, Suave es la noche o El Curioso caso de Benjamin Button (llevado al cine en 2008 por David Fincher, con Brad Pitt como protagonista principal), escribió también relatos cortos para revistas como The Saturday Evening Post, Collier’s Weekly y Esquire, al tiempo que vendía (o se vendía, según se mire) sus historias a los estudios de Hollywood.

¿Por qué no le dijiste la verdad? | Relato telefónico de Francisco Rodríguez Criado

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Sin apenas preámbulos, sin preguntarme siquiera qué tal estaba, anunció que quería divorciarse de mí. Enmudecí. “¿Estás ahí?”, quiso saber al otro lado de la línea. “Sí, aquí estoy”, le dije. Y ella, en un tono sereno pero rotundo, sin alzar la voz pero sin hacer la menor concesión, afirmó que después de pensarlo mucho había decidido que era inútil continuar con lo nuestro. Me seguía queriendo “a su manera”, pero pensaba que separar nuestras vidas iba a ser lo mejor. ¿Lo mejor para quién?, me pregunté.

Al abrigo. Relato corto de Juan José Saer

Relato de Juan José Saer, Al abrigo

Un comerciante de muebles que acababa de comprar un sillón de segunda mano descubrió que en un hueco del respaldo una de sus antiguas propietarias había ocultado su diario íntimo. Por alguna razón -muerte, olvido, fuga precipitada, embargo- el diario había quedado ahí, y el comerciante, experto en construcción de muebles, lo había encontrado por casualidad al palpar el respaldo para probar su solidez.

Cuento de Julio Ramón Ribeyro: La molicie

Cuento de Julio Ramón Ribeyro, molicie

No es habitual leer relatos literarios sobre la molicie (o la pereza, si se prefiere). Recuerdo, cómo olvidarla, Oblómov, la genial novela de Iván Goncharov, publicada en España en 1999 por la editorial Alba, que relata las vivencias de un terrateniente sin más interés que regodearse en la ociosidad y la pereza. (Ver Oblómov en Amazon)

¿Pero cuentos sobre la molicie? Por ahora solo caigo en “La molicie”, de Julio Ramón Ribeyro, una historia que en gran medida me ha recordado a otro de los grandes cuentistas latinoamericanos: Julio Cortázar.

Una mujer espera | Relato de Miguel Bravo Vadillo

Una mujer espera, relato largo, Miguel Bravo Vadillo

Desde la cafetería Moby Dick, donde trabajo como camarero, puedo ver la parada de autobuses urbanos situada al otro lado de la calle. Sentada en el banco de la parada hay una mujer con las piernas extendidas que, cabizbaja, parece mirar sus propios pies. No sabría precisar cuánto tiempo lleva allí aquella mujer, pero, desde que me fijé en ella, he visto pasar al menos cinco autobuses, y sé de buena tinta que en esa parada no coinciden más de tres líneas diferentes.

Carta a un joven aprendiz de pájaro | Javier Santos Rodríguez

Carta a joven aprendiz de pájaro, Javier Santos Rodríguez

Mire usted y atienda bien a lo que vengo aquí a decirle. Este mundo no perdona jamás los fracasos, cierto. Sabe bien que los perdedores como yo no somos indispensables en este pozo del infierno; pero créame también ahora si le digo a usted que los pájaros chachachá llegan más bajo aun, y que jamás serán visionarios ni profetas, aunque los llamen la vanguardia, las cotorras salvajes, los guacamayos, el pavo real.