Relato corto de Edgar Allan Poe: Cuento de Jerusalén

Cuento de Jerusalén Poe
Edgar Allan Poe

El relato corto “A Tale of Jerusalem”, de Edgar Allan Poe, fue publicado por primera vez en 1832. Julio Cortázar lo tradujo al castellano en 1953. No fue Cortázar un traductor casual de la obra de Edgar Allan Poe, un profesional al que una editorial encarga un trabajo más. Muy al contrario, Cortázar era un entusiasta del genio estadounidense desde su infancia. La tarea de traducir a Poe, que le llevó nueve meses, la realizó durante unas vacaciones en Italia. Una forma de compaginar placer y trabajo, podría decirse.

Cortázar comenzó a leer a Edgar Allan Poe siendo niño, a los nueve años, en una traducción de Blanco Belmonte. Cortázar recuerda aquella época como algo fascinante y terrible a la vez, pues la lectura de aquellas historias de misterio y terror le provocó terrores nocturnos que no superó hasta bien entrada la adolescencia.

Os dejo uno de los cuentos de Poe, traducido, cómo no, por Cortázar: Cuento de Jerusalén

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Cuento de Clarín: En el tren

El duque del Pergamino, marqués de Numancia, conde de Peñasarriba, consejero de ferrocarriles de vía ancha y de vía estrecha, ex ministro de Estado y de Ultramar… está que bufa y coge el cielo… raso del coche de primera con las manos; y a su juicio tiene razón que le sobra. Figúrense ustedes que él viene desde Madrid solo, tumbado cuan largo es en un reservado, con que ha tenido que contentarse, porque no hubo a su disposición, por  torpeza de los empleados, ni coche–cama, ni cosa parecida. Y ahora, a lo mejor del sueño, a media noche, en mitad de Castilla, le abren la puerta de su departamento y le piden mil perdones… porque tiene que admitir la compañía de dos viajeros nada menos: una señora enlutada, cubierta con un velo espeso, y un teniente de artillería.

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Cuento de Maupassant: La mano. Una historia dentro de otra

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Estaban en círculo en torno al señor Bermutier, juez de instrucción, que daba su opinión sobre el misterioso suceso de Saint-Cloud. Desde hacía un mes, aquel inexplicable crimen conmovía a París. Nadie entendía nada del asunto.

El señor Bermutier, de pie, de espaldas a la chimenea, hablaba, reunía las pruebas, discutía las distintas opiniones, pero no llegaba a ninguna conclusión.

Varias mujeres se habían levantado para acercarse y permanecían de pie, con los ojos clavados en la boca afeitada del magistrado, de donde salían las graves palabras. Se estremecían, vibraban, crispadas por su miedo curioso, por la ansiosa e insaciable necesidad de espanto que atormentaba su alma; las torturaba como el hambre.

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Cuento sobre el hampa de Chester Himes

La noche está hecha para llorar

(Un relato sobre el hampa)

Chester Himes

Preso de una vaga irritación, Piel de Ébano puso su vaso de whisky sobre la barra del bar con un ruido seco. Se volvió con gesto hosco hacia Giglio, este último de color claro y gordo como un lechón bien alimentado, que contaba con una voz estropajosa por el alcohol.

—Después saca una navaja y me pica la espalda. Yo la miro y nada más. Entonces tira el cuchillo y me golpea en la boca con su cartera; sigo mirándola sin moverme. Pero cuando ella levanta el pie y me machaca los callos, la empujo y la tiro al suelo.

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Cuento de Isaac Asimov: Cómo ocurrió

Asimov igual escribía sobre el antiguo Egipto que sobre la extinción de los dinosaurios; sobre robots y sobre George Washington. Su afán enciclopédico no conocía de fronteras. Para él, el conocimiento humano era uno e indivisible, sin compartimentos. Tamaña actitud, acompañada por una falta de modestia absolutamente asombrosa, casi impúdica, que llegaba a ser simpática, le granjeó algunas críticas feroces (David Pringle lo catalogó como el Agatha Christie de la ciencia ficción). Es cierto que sus libros de historia, por ejemplo, adolecen de un exceso de simplificación, lo contrario de los de divulgación científica, pero ello no empaña la nobleza del propósito original de poner a disposición de un público muy amplio una información básica.

Jacinto Antón, El País, 7-4-1992

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Un cuento sobre la soledad

Emilio Díaz Valcárcel. Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y profesor universitario puertorriqueño, nacido en Trujillo Alto el 29 de enero de 1929. Autor de una espléndida producción narrativa que le sitúa en los puestos cimeros de la literatura puertorriqueña contemporánea, es uno de los novelistas y cuentistas más destacados de la denominada “Generación del 45”, en la que sobresalen otros prosistas como José Luis González, Abelardo Díaz Alfaro, René Marqués, Esther Feliciano Mendoza, Pedro Juan Soto, Luis Rafael Sánchez, Vivas Maldonado, Edwin FIgueroa, Salvador M. de Jesús, Violeta López Suria, Ana Luisa Durán, Wilfredo Braschi, Marigloria Palma y Edmira González Maldonado, todos ellos -como el propio Díaz Valcárcel- consumados especialistas en el cultivo de la narrativa breve. Al margen de los rasgos comunes que identifican las obras de este grupo generacional, la prosa del autor de Trujillo Alto se singulariza por su hábil descripción de los paisajes característicos de su isla natal, así como por su extraordinaria utilización del lenguaje popular puertorriqueño.

Texto extraído de MCN Biografías

Cuento sobre la soledad
Escritor Emilio Díaz Valcárcel

Cuento de Emilio Díaz Valcárcel: El asedio

Una familia normal y feliz, pensó apoyada sobre el vo­lante. Un padre gordo y de apariencia próspera, recién afei­tado, una bella pareja de niños, y una madre que alcanza ya los treinta años, mofletuda, satisfecha como toda mujer que siente colmados sus instintos cardinales.

Sintió subírsele a la garganta el confuso sentimiento de ilegitimidad que permanecía anclado en ominoso acecho en el fondo de su espíritu. Un espíritu contrahecho, pensó, regocijándose en su propio flagelo. O tal vez el espíritu esté intacto, murmuró agarrándose a una posible reconciliación consigo misma. Pero ningún alivio provino de este pensa­miento. Y, sin saber por qué, tiró molesta de su falda hacia abajo, como si con ello cortara el torturante fluir de pen­samientos que había comenzado justamente cuando ella detuvo el automóvil frente al edificio de departamentos. La falda, que delataba unas caderas secas, no era lo suficiente­mente larga para cubrir las rodillas nudosas, casi masculinas.

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Tres relatos cortos de Ambrose Bierce

Un león que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar un pastor, le pidió que se la extranjera. El pastor lo hizo, y el león, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de ellas dijo:

Cuento de Lafcadio Hearn: Diplomacia

Cuento de Lafcadio HearnOs ofrecemos otro apasionante cuento de Lafcadio Hearn (1850-1904), un periodista, y escritor grecoirlandés, muy involucrado en la cultura japonesa, hasta el punto de que se acepta que es uno de los hombres  que la dio a conocer en Occidente. Fue también traductor y corrector de pruebas antes de entrar a trabajar como redactor del periódico The Cincinnati Enquire. Hearn se nacionalizó japonés con el nombre de Yakumo Koizumi.

El cuento que os ofrecemos hoy, titulado “Diplomacia”, narra los últimos momentos de un vida de un reo y de cómo este trata de amedrentar a sus verdugos para que le perdonen la vida.

Si te gusta esta narración, te animamos a que leas “Dos historias cortas de Lafcadio Hearn“, que publicamos en su momento.

 

 

 

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