Cuento de Nuria Amat: Brunilda

El amor del padre sume a Brunilda en un largo sueño del que sólo despertará cuando un héroe más libre que él, que es como un dios, logre cruzar la línea de fuego dormido que la arropa. Así, anestesiada por sobredosis de afecto, intenta mientras tanto divertirse como puede. Ama a hombres sin futuro. Se enamora de exóticas rarezas que regresan a su vulgaridad cuando Brunilda los aleja. Ellos abandonan a Brunilda por una mujer más apropiada. Los amantes se sienten víctimas de un experimento, de una insana forma de llevar la contraria al padre: sólo le atraen jóvenes de raza negra o, por lo menos, mestiza. La valquiria Brunilda, rubia como el sol del invierno, ha optado por la raza opuesta. Sabe que con esa elección modifica y envejece al padre.

Cuento de Hebe Uhart: Mi tío de Lima

En 2015, Carlos Pardo escribía en Babelia acerca de ese libro: “(…) cada frase de Hebe Uhart es una lección de cercanía y la evidencia de que es una de las mejores escritoras de nuestro idioma”.

Babelia, 2 de marzo de 2016

Nuestro colaborador Ernesto Bustos Garrido nos ofrece hoy un cuento de Hebe Uhart, escritora argentina que ganó recientemente el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, dotado con 60 mil dólares, medalla y diploma. En el jurado había grandes plumas como César AiraMartín Kohan, Alejandra Costamagna, Ramón Díaz Eterovic y Jorge Volpi.

“Mi tío de Lima” es un relato-escena que narra el encuentro entre una familia compuesta por tres generaciones de mujeres (abuela, madre e hija), que narra la llegada de un pariente que vive en Lima, del que nada sabían desde hacía cuarenta años.

El cuento pertenece a la antología Camilo asciende, publicado en el diario La Nación de Buenos Aires.

 

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Cuento de Horacio Quiroga: El almohadón de plumas

EL ALMOHADÓN DE PLUMAS es uno de los cuentos más famosos de Horacio Quiroga. El relato forma parte de su libro Cuentos de amor y de locura (Buenos Aires, 1917). El título del libro no es casual: los lectores de Horacio Quiroga ya están familiarizados con su escritura penetrante y dramática, donde el amor y la locura son elementos primordiales.

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Cuento de Chéjov: Amorcito

“Junto a esa sensación de amargura e impotencia que produce la constatación de la insignificancia del ser humano y de su permanente condena a la infidelidad, en la prosa de ficción de esta segunda etapa se hacen cada vez más estridentes los gritos de rabia y denuncia provocados por la injusticia, la crueldad y la estupidez. Ambas líneas temáticas, la angustia vital y la denuncia social, dominan -por separado o, en no pocas ocasiones, firmemente entrelazadas entre sí- los contenidos de algunos relatos tan característicos de este segundo período de la obra de Chéjov como “El orador”, “Amorcito”, “Tortura navideña” y -entre otros muchos cuentos que evidenciaban ya la asombrosa fecundidad del médico escritor- “¡Qué sueño!”, pero también las narraciones extensas que vinieron a acreditar al autor de Taganrog como un consumado novelista: tenemos, por ejemplo, La estepa (1888) -espléndido relato de las andanzas de un estudiante por tierras del sur de Rusia-, Una historia aburrida(1889) y El duelo (1889)”. MCNBiografías

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Un cuento juvenil: Marco, de los Apeninos a los Andes

Sucedió también que cierto comandante de un buque mercante amigo de un conocido suyo, habiendo oído hablar del asunto, se empeñó en ofrecerle, gratis, un billete de tercera clase para ir a Argentina. Entonces, después de nuevas vacilaciones, el padre consintió y se decidió el viaje. Llenaron de ropa un pequeño baúl, le pusieron algunas liras en el bolsillo, le dieron las señas del tío, y una hermosa tarde del mes de abril lo embarcaron.

Un cuento gótico de Roald Dahl: La patrona

Un escritor de ficción tiene que ser perfeccionista. Eso quiere decir que nunca debe darse por satisfecho con lo que ha escrito hasta que lo haya rescrito una y otra vez, haciéndolo tan bien como le sea posible; debe además poseer una gran autodisciplina, es de gran ayuda tener mucho sentido del humor y, sobre todo, tener cierto grado de humildad. El escritor que piense que su obra es maravillosa lo pasará mal. (Roald Dahl)

Relato gótico de Roald Dahl: La patrona

Billy Weaver había salido de Londres en el cansino tren de la tarde, con cambio en Swindon, y a su llegada a Bath, a eso de las nueve de la noche, la luna comenzaba a emerger de un cielo claro y estrellado, por encima de las casas que daban frente a la estación. La atmósfera, sin embargo, era mortalmente fría, y el viento, como una plana cuchilla de hielo aplicada a las mejillas del viajero.

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Cuento de Edgar Allan Poe: El dominio de Arnheim

“Para el narrador de este “Dominio de Arnheim” (ilustrado en AlohaCriticón con un cuadro de René Magritte del mismo título que fue inspirado por esta narración de Poe), y analizando en primera persona la existencia de un amigo fallecido llamado Ellison, la virtud contemplativa y la creación de belleza es una de las claves para lograr la felicidad junto a otros elementos, como el ejercicio al aire libre, el amor a la mujer y el desprecio de toda ambición.

Después de introducir al personaje de Ellison se podría esperar una mirada irónica sobre lo que se denomina existencia feliz (es definido como guapo, simpático, inteligente, rico…), y más cuando se conecta al personaje con un ascendiente adinerado, la ganancia de una cuantiosa herencia y la singularidad del trato a tal herencia.

Pero el desarrollo se aparte del tono cáustico y se centra en la búsqueda de éxtasis artístico-paisajístico por parte del heredero”.

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Un cuento de Italo Calvino: La aventura de un empleado

 

Una vez, Enrico Gnei, empleado, pasó una noche con una mujer guapísima. Al salir de la casa de la señora, temprano, el aire y los colores de la mañana primaveral se desplegaron ante él, frescos, tonificantes y nuevos, y le parecía que caminaba al son de una música.

Es preciso decir que Enrico Gnei debía aquella aventura sólo a un afortunado cúmulo de circunstancias: una fiesta de amigos, una disposición particular y pasajera de la señora —por lo demás mujer controlada y que no se abandonaba con facilidad—, una conversación en la que él se había sentido insólitamente cómodo, la ayuda —por una y otra parte— de una ligera exaltación alcohólica, fuese real o simulada, y también una combinación logística apenas forzada en el momento de la despedida: todo esto, y no la atracción personal de Gnei —o en todo caso sólo su apariencia discreta y un poco anónima que podía designarlo como compañero no comprometedor o llamativo—, había determinado la inesperada conclusión de la noche. De esto él tenía plena conciencia y, modesto por naturaleza, apreciaba aún más su buena suerte. Sabía sin embargo que lo ocurrido no se repetiría; y no lo lamentaba, porque una relación continuada comportaría problemas demasiado embarazosos para su tren de vida habitual. La perfección de la aventura residía en que había comenzado y terminado en el espacio de una noche. Aquella mañana, pues, Enrico Gnei era un hombre que había tenido lo mejor que se podía desear en el mundo.

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Cuento de Antonio Skármeta: Basketball

Hoy es el turno de un excelente escritor, Antonio Skármeta, al que muchos lectores conocerán por una de sus novelas, El cartero de Neruda, que tanto éxito tuvo.

Antonio Skármeta, nacido en 1940 en Antofagasta, Chile, es autor de una valiosa obra narrativa, algunos de cuyos títulos han sido llevados al cine. De Ardiente paciencia, sin ir más lejos, se hicieron dos películas: una homónima (1983) y  otra que se titulaba El cartero de Neruda (la novela corta, debido al éxito de la película, perdió el título original y pasó a llamarse así: El cartero de Neruda). Esta última película, dirigida por Michael Radford, se estrenó en 1994.

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Cuento de Azorín: Las sirenas

“A Umbral no le gustaba Azorín. Decía de él una frase vitriólica: que inventó el párrafo corto porque tenía las ideas cortas. El genio de Valladolid, dueño de una prosa torrencial, vivaz, iluminada por los relámpagos del idioma, consideraba al alicantino un escritor de vuelo bajo y breve como el de una tórtola. Pero a ambos maestros, tan distintos, les une el lazo invisible de una determinante, férrea voluntad de estilo. Y una vocación letraherida que, demasiado apremiante para encajar en la compleja estructura de la narrativa, encuentra su perfecto molde de expresión en la literatura urgente del articulismo.

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