Cuento de Itsván Örkeny: Sin perdón

© Julio Vanzo

 

Me quedé sentado una hora más junto a su cama. Hubiera querido conversar con él, pero ya no sabía de qué. Un rato después le pregunté si le dolía algo. Dijo que no. De manera que tampoco le pude hacer más preguntas en cuanto a eso. Estuvimos callados todo el tiempo. La relación entre nosotros era púdica y reservada, hablábamos sólo de hechos. Pero los hechos que ayer todavía hubiéramos podido mencionar, para hoy perdieron importancia y se convirtieron en nada. De sentimientos nunca intercambiamos palabra.
I.Ö.

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Cuento breve recomendado: «Cuento para madres negras», de Mario Delgado Aparaín

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Escritor Mario Delgado Aparaín. Fuente de la imagen

Criado en el medio rural, en el norte de Uruguay, concurrió a caballo a la escuela y también al liceo. Recorrió el país ya que el padre era un trabajador rural. Nunca vivió más de cinco años en un mismo sitio. Los “viejos” siempre significaron mucho para él. Cuando era joven y como vivía en zona de tormentas, la madre le tenía prohibido volver a caballo de la escuela a casa porque tenía algunos compañeros muertos por rayos. Entonces, algunas veces, se quedaba en la casa de una familia negra donde vivía Das Neves, un viejito de 92 años. Das Neves era el abuelo de un compañero de clase; tenía 92 años en 1957, eso significa que había nacido en el siglo pasado, que su padre había sido esclavo.

Según Delgado Aparaín, la creación literaria es la forma más sublimada de la comunicación. Se inicia en forma balbuceante, progresiva, evolutiva, traumática: comunicación que se instaura antes que nada con uno mismo.

Confesó que empezó a escribir como fruto de una crisis de identidad.

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Cuento breve recomendado: «El crucificado», de Mario Levrero

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Escritor Mario Levrero. Fuente de la imagen

“El tema, o más bien el asunto, suele elegirme a mí. En determinado momento, sin que esté pensando necesariamente en términos de literatura, percibo que hay algo que me está molestando: una imagen, una serie de palabras, o simplemente un clima, una atmósfera, un ambiente. El ejemplo más claro sería el de la imagen o el clima de un sueño, al despertar por la mañana; a veces uno se queda un buen rato como enredado en ese fragmento de ensueño, y a veces eso se disipa después de un rato, y a veces no. Puede volver, espontáneamente, o evocado por algo, en otros momentos del día. Cuando esto se mantiene durante varios días, es para mí una señal de que allí hay algo que es imprescindible atender, y el modo de atenderlo es recrearlo. Por ejemplo, tengo un relato, “El crucificado”, que nació de una perturbación de este tipo, aunque no provenía de un ensueño. Noté que desde hacía unos días tenía un crucificado en la mente; alguien que estaba permanentemente con los brazos abiertos. En realidad no descubrí que se trataba de un crucificado hasta que me detuve a examinar esa imagen perturbadora, porque era alguien que estaba vestido, se notaba claramente que tenía puesto un saco viejo. Examinándolo, descubrí que debajo del saco, estaba clavado a restos de una cruz de madera, y en seguida me puse a trabajar en ese relato. Otro relato, “Las sombrillas”, surgió de una frase escuchada en un sueño: “Nohaymar”. En el sueño, una niña saltaba sobre una cama y decía algo así como “nohaymar”, o más bien yo escuchaba “noaimar”. Mientras me duchaba me vino esa imagen y esa frase, y concluí que quería decir “no hay mar”, y al terminar de ducharme ya tenía un relato bastante estructurado. También la novela Desplazamientos surgió de la breve escena de un sueño: una mujer en ropas menores que lavaba platos en una cocina. Me llevó como dos años sacar a la luz todo el mundito que encerraba esta imagen. Y por si te interesan los fenómenos parapsicológicos, te cuento una anécdota acerca de “No hay mar”: días después de escrito el cuento, me encuentro con un amigo que me cuenta que más o menos simultáneamente él a su vez había estado escribiendo un cuento, y que se le había infiltrado un personaje con una fuerza obsesiva. Este personaje se llamaba “Mariano”. Como te habrás dado cuenta, “Mariano” es un perfecto anagrama de “noaimar”.”

Entrevista imaginaria con Mario Levrero, por Mario Levrero

 

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Cuento breve recomendado: «La esquina», de Juan Carlos Ghiano

Estamos de celebraciones: después de mucho tiempo y esfuerzo (lleno de satisfacciones), alcanzamos la cifra de 300 cuentos breves recomendados, sección que dirige el profesor y ensayista Miguel Díez R. El cuento que hoy os ofrecemos, «La esquina», del escritor argentino Juan Carlos Ghiano (poco conocido en España), está introducido por Miguel Díez R. y comentado por Paz Díez Taboada, poeta, ensayista y traductora.

Gracias por acompañarnos en esta travesía literaria.

F.R.C.

 

Con un cuento misterioso y poco conocido, “La esquina” del autor argentino Juan Carlos Ghiano, escogido y comentado por mi mujer Paz Díez Taboada, llegamos a los 300 relatos en esta sección de Cuentos Breves Recomendados (NarrativaBreve.com de Francisco Rodríguez Criado). Como ya he indicado en otras ocasiones, en esta ya larga travesía cuentística  he seleccionado textos narrativos breves universales, populares y literarios,  muy variados, de alta calidad literaria y, en muchos casos, de no fácil acceso para algunos de los posibles lectores. Varios  testimonios personales me confirman que la elección ha sido, en gran parte, acertada, y mi deseo para el futuro es seguir  rastreando en esta línea, pero sin cejar en el empeño de encontrar algún tesoro escondido, es decir, cuentos únicos tan excelentes que respondan a  aquellas certeras palabras de Julio Cortázar: “Quizá el rasgo diferencial más penetrante del buen cuento sea la tensión interna de la trama narrativa. De una manera que ninguna técnica podrá enseñar a proveer, el gran cuento breve condensa la obsesión de la alimaña, es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desvaída realidad que le rodea, arrasarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas de resignación”.

Entre  los cuentos ya publicados en esta sección  -y sin tener en cuenta otros títulos de autores más conocidos- recuerdo siete de esos tesoros encontrados : TINIEBLAS, de  Esteban Padrós de Palacios, LA CAPA, de  Dino Buzzati, ESPUMA Y NADA MÁS, de Hernando Téllez, LA IDENTIDAD, de  Elena Poniatowska,  LA MEMORIA DEL MUNDO de Pedro Ugarte,  MATAR UN NIÑO de Stieg Dagerman  y  LA MUERTE VIAJA A CABALLO de Ednodio Quintero

Miguel Díez R.

 

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Cuento breve recomendado: «El tiovivo», de Ana María Matute

 

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Escritora Ana María Matute. Fuente de la imagen

«Lectora confesa, no duda en señalar a los cuentos de Andersen, Peter Pan o las narraciones que de pequeña le leía su padre como los ‘culpables’ de la adicción a los libros, una pasión que le acompaña «desde que tengo uso de conciencia, ya que siempre han sido mis compañeros, antes que las muñecas», y que ha traslado a su hijo al que siempre ha intentado fomentar la imaginación. «Los niños siguen teniendo la misma imaginación, lo que pasa es que sí es verdad que dárselo todo masticado hacen que esa imaginación sea más perezosa. Ahora ya no leen tanto, solo cómics, o juegan o ver la tele, pero los culpables de esto es el entorno. Yo no voy a dar lecciones de esto, pero son más culpables de los defectos de los niños los padres que los propios niños. Es una lástima que algunos se olviden de su infancia, aunque siempre la llevan encima que siempre marca».

Silvia Rubio Taberné

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Cuento breve recomendado: «El pan ajeno», de Varlam Shalámov

Varlam Tíjonovich Shalámov (Vólogda, 1907 – Moscú, 1982) fue un escritor, periodista y poeta ruso, superviviente del gulag.

Shalamov fue un escritor ruso que nunca ha alcanzado en España la popularidad que merece, aunque en su país -la anécdota no debe ser considerada banal- se le ha rendido homenaje poniendo nada menos que su apellido a un asteroide descubierto en 1977 por el astrónomo Nikolái Chernyj. La obra de este autor está muy ligada a su dramática biografía, lastrada por los años que pasó como prisionero en el gulag soviético, tras sus detenciones en 1926 y 1937.

Muy elogiado por Boris Pasternak, Shalámov fue poeta, ensayista y autor de Relatos de Kolimá, publicado en Occidente en 1966 y en Rusia en 1978. La crítica considera que este conjunto de cuentos es su mejor obra. En ella reflejó sus duras vivencias en los campos de trabajo rusos, de los que saldría vivo no sin menoscabo de su salud.   Relatos de Kolimá ha sido publicado en España por las editoriales Minúscula y Mondadori. La narración breve que aquí ofrezco pertenece a la versión de Mondadori (1997), con traducción de Ricardo San Vicente.

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Cuento breve recomendado: «El mar», de Miguel Mihura

 

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Escritor Miguel Mihura

Miguel Mihura está considerado el más importante creador español del “teatro del absurdo” y de humor del siglo XX, como lo demuestra Tres sombreros de copa, que, aunque estrenada veinte años después de ser escrita, constituyó un sonado acontecimiento por las situaciones absurdas e ilógicas muy en la línea del mejor teatro surrealista europeo. A propósito de esta obra escribió Eugène Ionesco: “El estilo irracional puede desvelar, mucho mejor que el racionalismo formal o la dialéctica automática, las contradicciones del espíritu humano, la estupidez y el absurdo». El humor de Mihura había dado su mejores manifestaciones en las numerosas colaboraciones en revistas humorísticas como La Codorniz, después de la guerra, y de la que recordaba: “La Codorniz nació para tener una actitud sonriente ante la vida; para quitarle importancia a las cosas; para tomarle el pelo a la gente que veía la vida demasiado en serio, para acabar con los cascarrabias; para reírse del tópico y del lugar común; para inventar un mundo nuevo, irreal y fantástico y hacer que la gente olvidase el mundo incómodo y desagradable en que vivía. Para decir a nuestros lectores: No se preocupen ustedes de que el mundo esté hecho un asco. Una serie de tipos de mal humor lo han estropeado con sus críticas, con sus discursos, con sus violencias”.

En otra revista de antes de la guerra civil, Gutiérrez, un semanario humorístico adelantado e innovador en el absurdo y la parodia, publicó el cuento que he seleccionado, uno de los textos que mejor muestra el humor disparatado de su autor. Se trata de una historia escrita supuestamente “para niños” como ya lo indican la palabra “cuentecito” del subtítulo y el vocativo “niñitos mío” del comienzo. Toda la descripción de aquel pueblo sin mar, los pescadores, las tiendas, la playa, la montaña de pinos con la gente debajo comiendo tortilla…, manifiesta la ingenuidad infantil de una pintura naif y la historia que allí se desarrolla -la descabellada búsqueda del mar que no tienen- llega a las cotas más originales del humor del absurdo, basado en la asociación inverosímil o incoherente de elementos, en la exageración y la distorsión de la causalidad lógica,  pero sin perder nunca la candidez y el frescor de un mundo muy simple y tierno, tan caro a Mihura. 

Miguel Díez R.

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Cuento breve recomendado: «La canción del Peronelle», de Juan José Arreola

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Juan José Arreola. Fuente de la imagen

La lengua de Arreola se caracteriza por la sobriedad, la falta de aparatosidad, la sutileza de la palabra y la expresión y por un ritmo que fluye por debajo, que nos atrapa mientras vamos leyendo, que es «música callada», usando el famoso oxímoron de San Juan de la Cruz. A Arreola hay que leerlo en voz alta: y, entonces, en esos breves cuentos suyos, en esas composiciones de pocas líneas que parecen ligeros y simples apuntes pero que están perfectamente cuajadas, se pone a vivir la lengua, a bailar ante nuestros ojos y a cantarles a nuestros asombrados oídos. Una lengua seleccionada con amor, con mimo, con paciencia («pasión artesanal por el lenguaje» —como él mismo reconocía—), para, trascendiendo lo individual, los nombres propios, lo anecdótico, lo concreto, hacer abstracción, construir un universo abstracto, en el que se establecen situaciones y relaciones de pura geometría entre los elementos o los personajes, que, más que hombres, definidos y distinguidos por rasgos físicos y de carácter, son síntesis esquemáticas de ideas. Los hombres, los animales, los escenarios, las situaciones de los cuentos de Arreola son símbolos. Y todos ellos están ahí para tratar, para hurgar, para descubrir el universo humano, todo lo que desde siempre ha acompañado al hombre y que le sigue doliendo y dando vida: el miedo, el amor, la soledad, el compromiso, la lealtad, la fe… Por eso en los cuentos de Arreola se encuentran pocas descripciones detallistas o naturalistas, pocos adjetivos del campo semántico de los sentidos, y sí muchos sustantivos abstractos y un gran uso de los tropos de dicción y de pensamiento, en especial la metáfora, la metonimia y la alegoría. Con un rápido trazo de líneas invisibles —le bastan unas pocas palabras clave— sitúa y nos sitúa. Y todo lo dice parca y lacónicamente, rápido y conciso, preciso, atinado.

Rosario González Galicia

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Cuento breve recomendado: Luvina, de Juan Rulfo

luvina, Juan Rulfo

Un amigo me preguntaba recientemente qué libro de cuentos, en español y de la última mitad del siglo XX, le recomendaría como imprescindible y qué título de ese libro. Mi respuesta, “a bote pronto”, fue: El llano en llamas de Juan Rulfo, y el cuento: “Luvina”. Aunque me salga un poco de los límites de extensión prefijados para esta sección, no me resisto a incluir esta pequeña obra maestra de la narrativa corta hispánica, acompañada también en este caso de un largo comentario. Invito a todos los lectores de buenos cuentos a que aprovechen la ocasión para leer o releer otros tres cuentos de Rulfo considerados, juntamente con “Luvina”, la cima suprema de su cuentística y publicados en este blog: “¡Diles que no me maten!”, “Macario”: y “No oyes ladrar los perros”.

M.D.R.

[Este cuento incluye un comentario, al final, de Miguel Díez R.]

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