Historia corta de Rafael Dieste: Acerca de la muerte de Bieito

historia corta de Rafael Dieste

En esta historia corta, Rafael Dieste consigue atraparnos desde el primer párrafo al compartir la duda del personaje narrador: ¿qué pasa si cuando estás portando el ataúd de un amigo sientes que está vivo? No estás seguro, pero así lo crees. Y en esa circunstancia, ¿qué hacer? ¿Decir alegremente “el pobre muerto no está tan muerto”, y arriesgarte a hacer el ridículo…?

Esta es otra narración breve sobre el tema de la muerte, en este caso hilada de tal forma que acabamos por solidarizarnos con el personaje-narrador, incapaz de tomar una decisión en el momento del entierro. 

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Cuento de Raymond Carver: Mecánica popular

Cuento de Raymond Carver

Aquel día, temprano, el tiempo cambió y la nieve se deshizo y se volvió agua sucia. Delgados regueros de nieve derretida caían de la pequeña ventana -una ventana abierta a la altura del hombro- que daba al traspatio. Por la calle pasaban coches salpicando. Estaba oscureciendo. Pero también oscurecía dentro de la casa.

Él estaba en el dormitorio metiendo ropas en una maleta cuando ella apareció por la puerta.

–¡Estoy contenta de que te vayas! ¡Estoy contenta de que te vayas! –gritó–. ¿Me oyes?

Él siguió metiendo sus cosas en la maleta.

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Dos historias en español para niños a partir de cuatro años

Hoy os traemos dos historias en español para niños a partir de cuatro años: “El gato con botas” y “El príncipe rana”. Dos cuentos infantiles que han hecho volar la imaginación de nuestros pequeños.  Al final de cada cuento incluimos un vídeo sobre cada uno de ellos.

El gato con botas narra una historia sobre una herencia dejada por un molinero pobre a sus tres hijos. Estos se reparten dicha herencia (un molino, un asno y un gato), y ahí, claro, comienzan los problemas para el hijo que se ha quedado con el gato. Por suerte, se trata de un gato muy pero que muy astuto…

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Un cuento de Jorge Ibargüengoitia: La mujer que no

Debo ser discreto. No quiero comprometerla. La llamaré… En el cajón de mi escritorio tengo todavía una foto suya, junto con las de otras gentes y un pañuelo sucio de maquillaje que le quité no sé a quién, o mejor dicho sí sé, pero no quiero decir, en uno de los momentos cumbres de mi vida pasional. La foto de que hablo es extraordinariamente buena para ser de pasaporte. Ella está mirando al frente con sus gran­des ojos almendrados, el pelo restirado hacia atrás, dejando a descubierto dos orejas enormes, tan cerca­nas al cráneo en su parte superior, que me hacen pensar que cuando era niña debió traerlas sujetas con tela adhesiva para que no se le hicieran de papalote; los pómulos salientes, la nariz pequeña con las fosas muy abiertas, y abajo… su boca maravillosa, grande y carnuda. En un tiempo la contemplación de esta foto me producía una ternura muy especial, que iba convirtiéndose en un calor interior y que terminaba en los movimientos de la carne propios del caso. La llamaré Aurora. No, Aurora no. Estela, tampoco. La llamaré ella.

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Tres historias cortas, tres grandes cuentos sufís de Idries Shah

No digo nada nuevo cuando afirmo que no se necesitan muchas palabras para escribir un gran cuento. Pero si alguien lo duda, aquí dejo tres grandes historias cortas, de muy pocas palabras, a cuál de ellas mejor.

El autor es Idries Shah, considerado uno de los grandes maestros de la literatura sufí contemporánea. Shah destacó como un cuentista excepcional. Algunas de sus narraciones, como las tres que podéis leer a continuación, destilan sabiduría, espiritualidad, humor y defensa de los valores humanos.

Doy por hecho que os gustarán estas tres historias cortas, que tienen la virtud de conectar con todo tipo de lectores. Disfrutadlas y  compartidlas, por favor. :–)

 

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Cuento de J.D. Salinger: Un día perfecto para el pez plátano

 

En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.

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Cuento de Iván Turgénev: Una cacería de patos silvestres

Ivan Sergéyevich Turgénev o Turgueniev fue un escritor –novelista y autor teatral– ruso que nació en Orel, Rusia, el 9 de noviembre de 1818, y que falleció en Bougivil, cerca de París, el 3 de septiembre de 1883. Provenía de una familia de ricos terratenientes. Sus padres lo enviaron a estudiar a San Petersburgo y luego a Berlín. La cultura germana lo influyó grandemente, por lo que se le tildó de ser el más occidental de los escritores eslavos. Fue amigo y enemigo de Tolstoi y de Dostoievski, con quienes disintió muchas veces, en medio de ciertos períodos de amistad y concordia. Sufrió el destierro y tuvo que asentarse en París, donde conoció a la cantante Pauline García–Viardot, con quien vivió hasta su muerte. Uno de sus libros más conocidos es Memorias de un cazador, a través del cual da a conocer la vida de los campesinos rusos, explotados y maltratados por la sociedad clasista y conservadora de los zares. Los relatos e historias de este libro le permitieron a Turgueniev realizar una crítica despiadada a ese tipo de gente.

Ernesto Bustos Garrido

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Cuento de Iván Teruel Cáceres: El oscuro relieve del tiempo

 

Cuento de Iván Teruel Cáceres

 

 

Cuento de Iván Teruel Cáceres: El oscuro relieve del tiempo

A mi madre

Manejamos dos conceptos en apariencia desacordes: lo impactante y lo superficial. En principio, resulta difícil asumir que algo impactante no sea profundo. Sin embargo, esos dos conceptos confluyen en la siguiente imagen: una madre que ha acompañado a su hijo hasta la sala de urgencias de un hospital se desmorona de pronto sobre una silla, se dobla como un muñeco, descompone su rostro y estalla en un llanto convulso al que acuden algunos médicos y enfermeras con palabras tranquilizadoras.

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Cuento breve recomendado: “Pan”, de Margaret Atwood

Cuento de Margaret Atwood, Pan
Margaret Atwood. Fuente de la imagen

¿Es necesario que un escritor esté comprometido con su tiempo, que se implique en las batallas contra las injusticias o en la defensa de los derechos de la mujer? “Nada hay que sea necesario para un escritor”, contesta Margaret Atwood. “Por lo menos nada de este tipo. Lo que sí es imprescindible es que esté atrapado por la historia que siente que tiene que contar. Y contarla de la mejor manera posible”.

Margaret ATWOOD

 

Cuando tenía poco más de cuatro años y vivía al norte de Quebec empecé a leer porque no había nada que hacer salvo disfrutar de la belleza de la naturaleza: No había radio, no había electricidad, no había librerías, no había cines… ¡no había ni gente!, y llovía o nevaba, así es que empecé a leer los libros que había en casa para entretenerme

Margaret ATWOOD

 

Cuento de Margaret Atwood, Pan
Cuento de Margaret Atwood, Pan

PAN

Margaret ATWOOD (Canadá, 1939)

Imagina un pedazo de pan. No hace falta imaginarlo, está aquí en la cocina, sobre la tabla del pan, en su bolsa de plástico, junto al cuchillo del pan. Ese cuchillo es uno muy viejo que conseguiste en una subasta, la palabra PAN está tallada en el mango de madera. Abres la bolsa, pliegas el envoltorio hacia atrás, cortas una rebanada. La untas con mantequilla, con mantequilla de cacahuete, después miel, y lo doblas hacia adentro. Un poco de miel se te escurre entre los dedos y la lames con la lengua. Te lleva cerca de un minuto comer el pan. Este pan es negro, pero también hay pan blanco, en el frigorífico, y un poco de pan de centeno de la semana pasada, antes redondo como un estómago lleno, ahora a punto de echarse a perder. De vez en cuando haces pan. Lo ves como algo relajante que puedes elaborar con las manos.

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