Cuento breve de León Tolstói: “El origen del mal” (en texto y en audio)

En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.

-El mal procede del hambre -declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.

Cuento breve recomendado: «El ahogado más hermoso del mundo», de García Márquez

“El ahogado más hermoso del mundo irrumpirá en la cotidianeidad del pueblo, romperá el orden fáctico establecido, producirá el asombro y la recuperación de la conciencia individual y colectiva, y después de destapar el auténtico problema de un pueblo enfermo de soledad, desaparecerá. Y es cuando el ahogado desaparece cuando realmente se produce el desvelamiento del verdadero eje de la acción. El final nos desvelará que no es la historia de Esteban, el ahogado más hermoso del mundo lo que don Gabriel escribió, sino que bajo esta aparente historia sencilla subyace la narración principal, es decir, el redescubrimiento de sí mismo del pueblo y su revitalización y unión posterior”.

Gemma María Santiago Alonso

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Cuento de Stefan Zweig: La estrella sobre el bosque

Un día, cuando el diligente y apuesto camarero François se inclinó sobre el hombro de la bella condesa polaca Ostrovska, sucedió algo extraño. Sólo duró un segundo y no fue un estremecimiento o un sobresalto, un temblor o una emoción. Y, sin embargo, fue uno de esos segundos que abarcan miles de horas y de días llenos de júbilo y tormento, como el vigor vehemente de los grandes y fragorosos robles con todas sus ramas que se mecen y sus copas que se inclinan está contenido en un solo granito de semilla. En ese segundo no sucedió nada visible. François, el dúctil camarero del gran hotel de la Riviera, se inclinó aún más, para presentar con mayor comodidad la fuente al cuchillo indeciso de la condesa. Pero su rostro descansó ese momento a pocos centímetros de las ondas dulcemente rizadas y perfumadas de su cabeza, y, cuando instintivamente alzó la mirada devota, sus ojos turbados vieron la suave y luminosa línea blanca con la que su cuello surgía de esa marea oscura y se perdía en el vestido rojo oscuro abullonado. Una llamarada color púrpura lo invadió. Y el cuchillo vibró suavemente en la fuente, presa de un imperceptible temblor.

[Escuchar el cuento «La estrella sobre el bosque», de Stefan Zweig»]

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Cuento de Julio Garmendia: La tienda de muñecos

Muerto mi abuelo, mi padrino tampoco me permitió jugar con los muñecos, que permanecieron en los estantes de la tienda, clasificados en orden riguroso, sometidos a una estricta jerarquía, y sin que jamás pudieran codearse un instante los ejemplares de diferentes condiciones; ni los plebeyos andarines que tenían cuerda suficiente para caminar durante el espacio de un metro y medio en superficie plana, con los lujosos y aristocráticos muñecos de chistera y levita, que apenas si sabían levantar con mucha gracia la punta del pie elegantemente calzado. A unos y otros, mi padrino no les dispensaba más trato que el imprescindible para mantener la limpieza en los estantes donde estaban ahilerados.

Cuento de Octavio Paz: «Mi vida con la ola»

Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura. Fuente de la imagen

¿Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.

           [Escuchar el cuento de Octavio Paz «Mi vida con la ola»]

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Cuentos de viva voz

¿Te gustaría escuchar algunos de los cuentos publicados en la sección Cuentos breves recomendados de NarrativaBreve.com que coordina Miguel Díez? Pues ya es posible gracias a la generosidad de Manuel Rodríguez Sánchez, que se ha encargado de grabar en archivos de audio algunos de esos cuentos publicados en este blog, y que ya están a tu disposición en su espacio cultural: El taller de brújulas