Escribir a máquina

Hace años cultivé el método ciego de escritura a máquina, y aunque nunca logré teclear más de dos palabras seguidas sin cometer un error, conseguí llegar con los ojos cerrados hasta la cocina y regresar sin un sólo tropiezo. No aprendí a escribir, pero practiqué la invidencia con resultados notables. En los hoteles, por las noches, no necesito encender la luz para llegar hasta el cuarto de baño, y por mi casa me muevo a oscuras sin problemas, lo que, siendo bueno para mi fotofobia, no resolvió mis problemas con la mecanografía.

Quizá por eso durante mucho tiempo me manejé con bolígrafos de punta fina que se adaptaban perfectamente al ritmo de mi pensamiento. Los días en los que amanecía torpe, la bola de tinta discurría a trompicones, como si fuera obligada a rodar por una superficie irregular. Pero cuando mi capacidad asociativa estaba a pleno rendimiento, la punta del bolígrafo se deslizaba a lo ancho de la cuartilla como un patinador de un extremo a otro de la pista de hielo.

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El Diario Down: La escritura terapéutica

 

la escritura terapeutica
Puesta de sol. Fuente de la imagen

La escritura terapéutica

Francisco Rodríguez Criado

Siempre he recelado de esos escritores que por darse una pátina de espiritualidad mal entendida se ufanan de escribir para sí mismos, no para el público. Los recelos están justificados: cuando conoces a estos escritores te das cuenta de que con demasiada frecuencia su pose espiritual no casa con la realidad y que algunos se revelan incluso muy participativos y ambiciosos en el (a veces) inmundo negocio literario.

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El oficio de escribir

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Muchas veces reducida en el subconsciente colectivo al género de la novela, la literatura pasa por ser con frecuencia una disciplina artística cuyo mayor objetivo –cuando no el único– es el de contar una historia que entretenga al lector o que le ayude a conciliar el sueño. Aquellos tiempos de ensoñaciones en los que se pensaba que la literatura podía cambiar el mundo quedan muy lejanos…

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Opiniones de un corrector de estilo: El buen uso del pretérito pluscuamperfecto

El buen uso del pluscuamperfecto perfecto

A menudo narramos una historia en pasado sin caer en la cuenta de que debemos diferenciar diversos planos temporales. Quiero decir con esto: en nuestro relato todo ocurre en pasado, sí, pero no todas las acciones se dan al mismo tiempo.

Con un ejemplo se entenderá mejor. Leamos esta frase:

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