Escribir novelas de lolitas después de Nabokov

ESCRIBIR NOVELAS DE LOLITAS DESPUÉS DE NABOKOV

Francisco Rodríguez Criado

Parafraseando al atribulado Theodor Adorno, que se preguntaba si se puede escribir poesía después de Auschwitz, me pregunto si se puede escribir una novela de lolitas después de Nabokov. Pues se puede, respondo yo mismo. Guillermo Martínez (Bahía Blanca, Argentina, 1962) lo ha hecho –sin la ambición del ruso, todo hay que decirlo– en Yo también tuve una novia bisexual (2012), recién publicada en España por Destino.

Una puntualización: la citada novela no es exactamente una novela de lolitas sino más bien una novela con lolita. El matiz entre cursivas es importante, porque, pese su importancia en la trama, la historia no está focalizada en la chica joven, atractiva y seductora (triplete de adjetivos que puede destruir a un hombre), sino en la figura del adulto que cae en esa red de encantos femeninos: un profesor argentino que se ha mudado al sur de Estados Unidos para impartir un curso de literatura en castellano.

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La moral de Flaubert

En su ensayo sobre el nihilismo Dostoievski en Manhattan, André Glucksmann cita a Flaubert, quien expresó en una carta enviada a la poeta Louis Colet su opinión de que “todo está permitido salvo hacer sufrir a los demás. Ésta es mi moral”. Glucksmann, con la mira puesta en la desaprensiva Madame Bovary, dice que un nihilista es aquel a quien no le preocupa hacerle daño a los demás.

El realismo limpio de Aloma Rodríguez

Portada de Jóvenes y guapos (Xordica, 2010)

Jóvenes y guapos, en su apuesta por la naturalidad, la sencillez, por la cotidianidad –lo voy a decir ya–, entronca en mi opinión con la literatura realista norteamericana. ¿Acaso con el realismo sucio? No. Yo diría que Aloma practica más bien un realismo limpio, minimalista, ajeno a las estridencias y a las truculencias de los chicos malos del underground norteamericano (algunos de ellos magistrales, todo hay que decirlo).

F.R.C.

 

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La roja amarillea

La Roja empieza a amarillear. Tras la victoria en el Mundial de Sudáfrica hemos pasado de las hiperbólicas manifestaciones de alegría a dormitar en la hamaca de la mediocridad. Hemos pasado del carácter sanguíneo a la sangre de horchata; de la pasión al bostezo; de hambrear el gol a morder el polvo con nocturnidad y alevosía. Como diría Rubalcaba, necesitamos una selección que no nos mienta.

El microrrelato según Javier Marías

Si algo debemos echarle en cara a Javier Marías no es que arremetiera contra el género del microrrelato (el crecimiento de los géneros literarios, como el del ser humano, no se entendería sin ciertos reproches), sino que lo hiciera como uno de estos turistas, frívolos cazadores de souvenirs, que disparan sus cámaras fotográficas sin bajarse del autobús.

El deporte no perdona

Contador, si se confirma –espero que no– su propensión al dopaje –y por ende a las narraciones fantásticas–, puede ser inhabilitado por ¿cuánto, dos años? En el caso del francés el asunto se agrava: no podrá jugar hasta que cumpla 120 años. ¡Un drama lo suyo! Porque, puestos a elegir, es mucho más llevadero subirse a una bicicleta a los 30 años para atravesar Francia en un tour sembrado de curvas y cuestas que correr tras un balón –también en territorio francés– con la edad de un patriarca bíblico.

Que 25 años no son nada

El pasado sábado compartí un “encuentro de la recuperación de la memoria académica” con setenta ex compañeros y profesores del colegio San Antonio de Padua de Cáceres, acto que hace un par de semanas celebré desde esta esquina de prensa con una mezcla de aversión y entusiasmo.

Vuelos de Ícaro

La última moda en España viene marcada con denominación spanglish, el balconing, que está haciendo furor a tener en cuenta el número de víctimas que aportan su granito de arena en el desierto de la estupidez humana. Este deporte se practica en algunos hoteles por jóvenes –y no tan jóvenes– que piensan –es un decir– que España es el lugar perfecto donde dejarse la crisma, el hígado y las vísceras.

Microrrelatos al viento

Porque probablemente la característica más específica del género del microrrelato sea precisamente esta -como hemos indicado unas líneas más arriba- la seña de identidad, asimismo, más distintiva del siglo XX: el mestizaje entre los géneros, las artes, las disciplinas. Y así el microrrelato, que coquetea con el relato propiamente dicho, pero también con el poema, la prosa poética, el aforismo, la greguería, la máxima, el haiku, el artículo periodístico