Relato corto de Margarita Schultz: El abrazo

relato corto, el abrazo

Su amiga Rosaura le acababa de decir por teléfono que era mejor no salir. Porque era peligroso.

–No se sabe qué puede pasar si alguno de esos seres vestidos como astronautas y con cascos en la cabeza te para en la calle para pedirte el salvoconducto. No salgas mejor, mira que está por llover fuerte, ¡no olvides el paraguas! ¿Tienes el salvoconducto a mano? ¡Fíjate bien, fíjate si está en tu bolso!

Relato corto de Jesús Díaz: El encuentro

relato corto de Jesús Díaz

Algo así debió haber dicho la mujer que tenía —que tengo— a mi lado. Algo así, porque no pude oírla bien. Sólo pude oír —sólo puedo— oír tu voz.

—¡Pendejo!

Me volviste a gritar, mientras escupías, antes de perderte con tu muleta Rampa arriba; con tu muleta que manejas tan bien como una pierna.

Relato corto de Antonio Báez: Rafita y Fali

relato de Antonio Báez

Es echar a andar y se me pone en marcha la tostadora. La cabeza. Una vez mi exmujer me dijo que yo era frío como un noruego, no sé si dijo frío o distante, estaba cortando verduras y no me atreví a preguntarle si había tenido alguna vez trato amoroso con algún noruego en concreto, quizás con aquel tal Hans del que la había oído hablar de su época de estudiante de bellas artes. Me lo decía, entre otra cosas, porque a la salida del centro comercial yo había dejado pasar sin saludarlo a mi mejor amigo de la infancia, me limité a contemplarlo un instante y a seguir mi camino

3 relatos cortos sobre la lluvia (Uslar Pietri, Hemingway, Maugham)

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3 relatos cortos sobre la lluvia, 3 relatos cortos protagonizados por matrimonios. El primero de ellos, “La lluvia”, del escritor venezolano Arturo Uslar Pietri, narra la historia de un matrimonio que lucha por sobrevivir de las faenas del campo, pese a que él no parece mostrar apenas coraje para sacar la hacienda adelante y pese a que la sequía amenaza con arruinar, una vez más, las cosechas.

3 relatos cortos de Nilo Espinoza Haro

el nacimiento de venus, relato corto

Gran señor de señores, no en vano llamado El Magnífico, don Lorenzo de Médicis, permítame en primer lugar agradecerle me tenga frente a usted sentado en su mesa.

Estar aquí, noble y poderoso señor, no porque lo diga yo, un humilde y anciano fraile, es como estar ya en la gloria. Bueno, y, rogándole su atención, procedo a decirle que estuve en Papua, en la Capilla que pintó Giotto para Enrico Scrovegni.