El Club de los Poemas Cortos

De igual manera que muchas personas eligen cuentos cortos o incluso microrrelatos para llenar los ratos de ocio con pequeñas dosis de literatura, cabe suponer que ocurre otro tanto con el género de la poesía. Y lo cierto es que, más allá de los consabidos haikus, hay grandes poemas comprimidos en muy pocos versos que merece la pena leer, y no solo apelando a la virtud de su brevedad.

Y por ahí soplan hoy nuestros vientos literarios: por los poemas breves. Para este Club de los Poemas Cortos he hecho una selección con algunos de mis poemas breves preferidos. Hay poemas de José Hierro, Silvina Ocampo, Nicanor Parra, Jaime Gil de Biedma, Jorge Riechman, Gonzalo Rojas, Claudio Rodríguez, Arthur Rimbaud, José Emilio Pacheco, un haiku de Juan José Tablada

No son todos los que son, pero están todos los que son. Espero que los disfrutes y te unas como lector a nuestro Club de los Poemas Cortos.

El club de los poemas cortos. Pequeños grandes poemas



Poema de Julio Martínez Mesanza: Retirada

Vengan grises caballos por la senda

nevada, y un anciano se detiene

y ve pasar jinetes y armas oye.

Continuamente pasan los soldados,

y otra tierra recuerda y otro tiempo.

El corazón del viejo se ensombrece

mientras las muchas sombras enumera,

y otra guerra recuerda y otros hombres.

Poema de Karmelo C. Iribarren: Ingenuo

Creí que, como el mar

una noche de verano, tu sonrisa me invitaba a sumergirme

(únicamente

a mí)

en tus aguas

profundas.

Pero salió la luna y vi la playa llena

de exhaustos nadadores.


Poema de Federico García Lorca: Al oído de una muchacha

No quise.

No quise decirte nada.

Vi en tus ojos

dos arbolitos locos.

De brisa, de risa y de oro.

Se meneaban.

No quise.

No quise decirte nada.

 

Poema de Luis García Montero: El lugar del crimen

Más allá de la sombra

te delatan tus ojos,

y te adivino tersa,

como un mapa extendido

de asombro y de deseo.

Date por muerta

amor,

es un atraco.

Tus labios o la vida.

 

Poema de Petrarca: Los que, en mis rimas sueltas…

Los que, en mis rimas sueltas, el sonido

oís del suspirar que alimentaba

al joven corazón que desvariaba

cuando era otro hombre del que luego he sido;

del vario estilo con que me he dolido

cuando a esperanzas vanas me entregaba,

si alguno de saber de amor se alaba,

tanta piedad como perdón le pido.

Que anduve en boca de la gente siento

mucho tiempo y, así, frecuentemente

me advierto avergonzado y me confundo;

y que es vergüenza, y loco sentimiento,

el fruto de mi amor é claramente,

y breve sueño cuanto place al mundo.

 

Poema de Manuel Rivas: Cuento

Yo leía el periódico y el niño rebullía.

Decidí adormecerlo con el cuento de un caballo.

Se lo repetí dos veces.

Otra vez, dijo el niño. Sólo otra vez

el cuento del caballo.

Y lo miré marchar,

sin poder hacer nada,

en su caballo,

por los llanos inmensos.

 

El pueblo de la noche, Alfaguara, 1997.

 

Poema de Konstantin Kavafis: Cuerpo, recuerda

Cuerpo, recuerda no sólo cuánto te amaron,

no sólo los lechos en que yaciste,

sino también esos deseos por ti

que brillaron claros en los ojos,

y temblaron en la voz– y que algún

obstáculo casual hizo fútiles.

Ahora que todos ellos pertenecen al pasado,

casi parece como si te hubieses

entregado a esos deseos– como brillaban,

recuerda, en los ojos que te miraban;

como temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.

 

Poema de José Ángel Valente: Cuando te veo así, mi cuerpo, tan caído…

Cuando te veo así, mi cuerpo, tan caído

por todos los rincones más oscuros

del alma, en ti me miro,

igual que en un espejo de infinitas imágenes,

sin acertar cuál de entre ellas

somos más tú y yo que las restantes.

Morir.

Tal vez morir no sea más que esto,

volver suavemente, cuerpo,

el perfil de tu rostro en los espejos

hacia el lado más puro de la sombra.

 

Poema de José Hierro: Coplilla después del  5º Bourbon

Pensaba que sólo habría

sombra, silencio, vacío.

Y murió. Estaba en lo cierto.

El mismo Dios se lo dijo.

 

Cuaderno de Nueva York, 1998

 

Poema de Silvina Ocampo: Única sabiduría

Lo único que sabemos

es lo que nos sorprende:

que todo pasa, como

si no hubiera pasado.

 

Poema de Nicanor Parra: Cartas a una desconocida

Cuando pasen los años, cuando pasen

los años y el aire haya cavado un foso

entre tu alma y la mía; cuando pasen los años

y yo sólo sea un hombre que amó,

un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,

un pobre hombre cansado de andar por los jardines,

¿dónde estarás tú? ¡Dónde

estarás, oh hija de mis besos!

 

Poema de Jaime Gil de Biedma: Happy ending

Aunque la noche, conmigo,

no la duermas ya,

sólo el azar nos dirá

si es definitivo.

Que aunque el gusto nunca más

vuelve a ser el mismo,

en la vida los olvidos

no suelen durar.

 

Poema de Jorge Riechman: Ausente

Hay en tu ser

cámaras apartadas que no alcanzo,

invernaderos de delicia, lenta

germinación en tu sangre y en tu risa.

Está bien así. De tu retiro tomas

con la frente encendida y en los ojos

una promesa de luz

total para mañana.

 

Poema de  Gonzalo Rojas: Enigma de la deseosa

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto

de 32, exige lectura

de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,

  1. b) toda su piel liviana

para los besos, c) mirada

verde para desafiar el infortunio

de las tormentas;

no va a las casas

ni tiene teléfono, acepta

imantación por pensamiento. No es Venus;

tiene la voracidad de Venus.

 

Poema de Claudio Rodríguez: Esta iluminación de la materia…

Esta iluminación de la materia,

con su costumbre y con su armonía,

con el sol madurador,

con el toque sin calma de mi pulso,

cuando el aire entra a fondo

en la ansiedad del tacto de mis manos

que tocan sin recelo,

con la alegría del conocimiento,

esta pared sin grietas,

y la puerta maligna, rezumando,

nunca cerrada,

cuando se va la juventud, y con ella la luz,

salvan mi deuda.

 

Poema de Arthur Rimbaud (versión de Andrés Holguín): Sensación

Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano,

herido por el trigo, a pisar la pradera;

soñador, sentiré su frescor en mis plantas

y dejaré que el viento me bañe la cabeza.

Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos:

pero el amor sin límites me crecerá en el alma.

Me iré lejos, dichoso, como con una chica,

por los campos , tan lejos como el gitano vaga.

 

Poema de Francisco Brines: Epitafio romano

«No fui nada, y ahora nada soy.

Pero tú, que aún existes, bebe, goza

de la vida…, y luego ven.»

Eres un buen amigo.

Ya sé que hablas en serio, porque la amable piedra

la dictaste con vida: no es tuyo el privilegio,

ni de nadie,

poder decir si es bueno o malo

llegar ahí.

Quien lea, debe saber que el tuyo

también es mi epitafio. Valgan tópicas frases

por tópicas cenizas.

 

Poema de José Emilio Pacheco: Caverna

Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados

cada uno con su ofrenda

los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte

Aquí sabemos lo que sabe la muerte

La piedra le dio vida a esta muerte

La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto

En esta cueva ni siquiera vive la muerte

 

Islas a la deriva, 1973-1975

 

Haiku de Juan José Tablada: La pajarera

Distintos cantos a la vez;

La pajarera musical

Es una torre de Babel.

 

Poema de Fernando Pessoa: Es tal vez el último día de mi vida

Es tal vez el último día de mi vida.

He saludado al sol levantando la mano derecha,

mas no lo he saludado diciendo adiós.

Hice la seña de que me gustaba verlo antes: nada más.

 

Poema de José Miguel Junco Ezequerra: Fósil

Debajo de la falda del olvido

hay una presunción de enredadera

como recordatorio de unos cuerpos.

Queda también el rastro

-parece un caracol-

de un animal de mundo

que quiso hasta el final dejar constancia

de todo lo que opuso a su derrota.

Si se pasa la mano lentamente

se sabe que hubo vida.

 

La mujer de lava, La Discreta, 2016



Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someonePrint this page