MEMORIAS DE UN VIEJO PROFESOR

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someonePrint this page

 

Escuela rural, de Albert Ankerb (1831-1910). Fuente de la imagen

Después de toda una vida consagrada a la enseñanza de la literatura, Miguel Díez R., coordinador de la imprescindible sección Cuentos breves recomendados, ha escrito unas memorias didácticas, hasta ahora inéditas, a la manera de Cartas a un joven poeta, de Rilke, o Cartas a un joven novelista, de Vargas-Llosa. El libro -pues no podemos llamarlo de otra manera- lleva por título Memorias de un viejo profesor. La lectura en el Aula, y está concebido de tal manera que profesores (pero también alumnos y lectores en general) puedan sacarle partido a la sabiduría de nuestro viejo profesor y amigo, para quien la enseñanza literaria ha sido siempre no solo un oficio sino también una vocación sin medida. 

No me extiendo más: el propio Miguel ha redactado unas líneas a modo de presentación. Aquí podéis descargar Memorias de un viejo profesor. La lectura en el aula en versión PDF. Para guardar una copia en el disco duro desde el navegador, basta hacer clic en Guardar página como. Os recomiendo vivamente la lectura de este libro, publicado en primicia en NarrativaBreve.com.  

 

 

INTRODUCCIÓN 

He sido profesor de Lengua y Literatura Española durante más de treinta y cinco años, en unos tiempos en los que los planes de estudio posibilitaban una enseñanza suficientemente efectiva del conocimiento práctico de la lengua, apoyado, sobre todo, en la lectura y comentario de buenos y diversos textos, seleccionados con mucho cuidado. En cuanto a la Literatura, el número holgado de horas lectivas permitían un acercamiento tranquilo y bastante completo a su rica realidad, con una decidida orientación a la lectura y conocimiento de las grandes obras, encuadradas en los sucesivos movimientos literarios; lectura que servía para formar la sensibilidad artística de los alumnos y que era puntal imprescindible para el conocimiento de la lengua.

Fueron unos largos años en los que aquellos viejos profesores manejábamos, como he dicho, textos variados que iban desde letras de canciones o textos de actualidad a poemas, cuentos, novelas y obras dramáticas. Teníamos muy claro que nuestra principal labor era iniciar a los alumnos en la lectura e incitarles a ella; y que todo nuestro trabajo y esfuerzo debía encaminarse a este fin. Hay que reconocer que las circunstancias de vida, tan distintas de las actuales, el tipo de alumnos, las exigencias de los padres y de los centros de enseñanza y los aludidos planes de estudio facilitaban nuestro trabajo.

Vinieron otros tiempos, se masificó la enseñanza, las aulas se llenaron de jóvenes muy movidos, de distintos niveles culturales e influidos y “contaminados” por los medios de comunicación más modernos en los que la omnímoda presencia de la imagen y el sonido -por no decir el ruido- prevalece. Los planes de estudio se modificaron y cambiaron sin encontrar el punto adecuado y efectivo para dar respuesta a las nuevas y complejas circunstancias; y, en definitiva, el resultado ha sido una enseñanza tan desnortada e ineficaz que a nadie satisface y de la que todos nos quejamos.

Un antiguo alumno, hoy profesor de Lengua y Literatura Española en Enseñanza Secundaria y Bachillerato, me escribió una carta en la que me hablaba de su entusiasta vocación docente, enfrentada a los graves problemas vividos día a día en cada clase. Rememoraba aquellos tiempos pasados -tal vez con la nostalgia y el vano deseo de poder retornar a aquella situación ya tan lejana- y le pedía a su viejo profesor ayuda y consejos prácticos, y un listado de textos y títulos de obras que pudieran servirle para atraer a sus alumnos e inculcarles la afición a la lectura,

Mi respuesta ha sido una larga reflexión sobre mi actividad pedagógica: una mirada atrás, a lo que hacíamos, a los textos que leíamos y comentábamos, a los ejercicios que realizábamos, pero dejándole muy claras las diferencias de aquel panorama escolar con el que él vive actualmente. Es posible que algunas de las propuestas sí le puedan servir, acomodadas y orientadas a sus circunstancias o, por lo menos, le sugieran otras actividades parecidas y posibles. Esta es la pretensión de estas Memorias Didácticas que ahora presento como carta abierta, generosamente alojada en el blog de NarrativaBreve.com de Francisco Rodríguez Criado, en el deseo de que sirvan para arrojar algún rayo de luz a otros muchos profesores de Lengua y Literatura Española, tan preocupados e interesados en su profesión como mi antiguo alumno.

 

 Miguel Díez R. 

Memorias de un viejo profesor. La lectura en el aula en versión PDF