El mentiroso (relato corto de Tobias Wolff)

Tobias Wolff, El mentiroso, relato corto

Hacia el final mi padre se pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo y yo le observaba. A veces, desde abajo, me llegaba débilmente el sonido del piano de mi madre. En ocasiones él se quedaba traspuesto en su sillón mientras yo le leía; entonces su albornoz se abría y yo veía la larga cicatriz reciente que cruzaba su estómago, roja como la sangre en contraste con su piel blanca. Se le marcaban todas las costillas y sus piernas eran como alambres.

Los mejores cuentos: La cosecha (Amy Hempel)

Amy Hempel

Ulises Del Grecco, lector de Narrativa Breve, ha contactado conmigo para hacernos una recomendación tan selecta como extensa. Como solo publicamos un cuento por persona en esta sección de LOS MEJORES 1001 CUENTOS DE LA HISTORIA, he elegido «La cosecha», de la escritora estadounidense Amy Hempel.

Los mejores cuentos: «Ir por una cerveza», de Robert Coover

cuento posmoderno de Robert Coover

Si buscásemos un pionero de lo que, simplificando mucho, podríamos llamar cuento posmoderno, llegaríamos pronto a Robert Coover. Su manera juguetona de entrar y salir del discurso, su desintegración de la linealidad, su mezcla de registros, su intertextualidad paródica, lo convierten en un almacén inaugural de los recursos que, décadas más tarde, se convertirían casi en rutinarios.

Cuento breve recomendado: «Paredes de cristal», de Ana Mª Morales Malmierca

Morales Malmierca

Ahora y desde la distancia, te confieso que llegué preocupada porque con el cielo cubierto, faltaban rayos de sol que extrajeran de las entrañas de tus vidrieras colores más vivos y nítidos y que tus transparencias fueran potentes. Pero enseguida me tranquilicé cuando me explicaron que, con el exceso de luz, pueden aparecer sombras inoportunas o tonos estridentes que, como el encendido arrebol en el rostro de una mujer hermosa, destruyan belleza, y en tu caso además, alteren tu armonía cromática o interrumpan la narración de tus  relatos.

Entrevista a Lamar Herrin, autor de ‘La casa de los sordos‘

Usted afronta en La casa de los sordos el problema del terrorismo de ETA desde el punto de vista de un extranjero, un hombre aparentemente tranquilo que ha sufrido los daños colaterales –y de qué modo– de un atentado. Durante muchísimo tiempo ETA ha copado los titulares de prensa en España –en ciertas etapas, tristemente un día sí y otro también– y ha sido abordada en numerosos ensayos. Sin embargo, ha habido cierto recelo a escribir sobre ETA desde el lado de la ficción. Usted es norteamericano. ¿Ese distanciamiento de los hechos puede ser una ventaja a la hora de escribir sobre un asunto que divide a la sociedad vasca y que indigna el resto del país?

Cuento de Jack London: Descrédito

Una vez en el bosque, Subienkow no perdió el tiempo. Para reunir los ingredientes de su medicina, eligió lo primero que le vino a mano: agujas de abeto, un trozo de corteza interior de un sauce, una tira de corteza de abedul y una buena cantidad de bayas, que hizo extraer a los cazadores de debajo de la nieve. Completó su fórmula con algunas raíces heladas y emprendió el camino de regreso al campamento.

Makamuk y Yakaga, en cuclillas a su lado, observaban las cantidades y las clases de ingredientes que echaba en un reci­piente lleno de agua hirviendo.

Cuento sureño de Eudora Welty: Clytie

Solía salir de la vieja mansión a aquella hora de la tarde y recorría el pueblo a toda prisa. Al principio salía con un pretexto u otro y durante un tiempo se dedicó a dar en voz baja explicaciones que nadie podía oír. Después empezó a mandar que cargaran cantidades a cuenta, que, según la administradora de correos, jamás se pagarían, lo mismo que las del resto, aunque los Farr fueran demasiado finos para relacionarse con los demás. Pero ahora Clytie salía sin ningún objetivo. Salía todos los días y ya nadie hablaba con ella: