Microrrelato de Miguel Bravo Vadillo: La historia del viejo egipcio (homenaje a Chéjov)

Ya sabes lo que escribió Ricardio Piglia en su conocida Tesis sobre el cuento. En el primer punto escribió lo siguiente: “En uno de sus cuadernos de notas, Chéjov registró esta anécdota: Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida. La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.

Cuento de Antón Chéjov: La corista

En cierta ocasión, cuando era más joven y hermosa y tenía mejor voz, se encontraba en la planta baja de su casa de campo con Nikolai Petróvich Kolpakov, su amante. Hacía un calor insufrible, no se podía respirar. Kolpakov acababa de comer, había tomado una botella de mal vino del Rin y se sentía de mal humor y destemplado. Estaban aburridos y esperaban que el calor cediese para ir a dar un paseo.

Cuento de Antón Chéjov: En la barbería

Con la mitad de la cabeza pelada al rape, Erast Ivánich parece un presidiario. Le resulta molesto irse con esa pinta, pero no hay nada que hacer. Se envuelve la cabeza y el cuello con el chal y sale. Una vez solo, Makar Kuzmich se sienta y sigue llorando en silencio.

Cuento breve recomendado: “Vanka”, de Antón Chéjov

El abuelo de Anton Pávlovich Chéjov fue un siervo que pudo ahorrar lo suficiente para comprar su libertad y la de sus tres hijos. Uno de ellos, Pável, el padre de Chéjov, era inculto, egoísta y brutal. El autor ruso, cuando ya era famoso, escribió a este respecto: “Recuerdo que mi padre empezó a educarme como a los cinco años o, para decirlo más claro, a azotarme cuando sólo tenía cinco años. Me azotaba, me tiraba de las orejas, me pegaba en la cabeza. La primera pregunta que yo me hacía por la mañana, al despertar, era: ¿seré golpeado nuevamente hoy?

Cuento de Antón Chéjov: Poquita cosa

poquita cosa, Chéjov

Hace unos día invité a Yulia Vasilievna, la institutriz de mis hijos, a que pasara a mi despacho. Teníamos que ajustar cuentas.
-Siéntese, Yulia Vasilievna -le dije-. Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma… Veamos… Nos habíamos puesto de acuerdo en treinta rublos por mes…

Los mejores cuentos literarios de la Historia: “La muerte de un funcionario”, de Antón Chéjov

Chéjov, por su parte, confirmó la frase acerca de la presencia insoslayable de El capote en la literatura rusa, pero al escribir sus textos breves -brevísimos- hacia fines del siglo modificó el patrón gogoliano. Chéjov deja de lado, en efecto, el principio constructivo de la oralidad y abandona, al mismo tiempo, el género “póviest”. De Gógol utiliza Chéjov la mirada intensa y fugaz de un solo instante. Lo que aparece ahora en Chéjov es una novedad que le será característica: el subtexto, lo no dicho. Chéjov pudo llevar a esa síntesis gracias a la concentración de su enfoque. En su cuento brevísimo “La muerte de un funcionario” encontramos, por ello, sólo el instante clave del protagonista de El capote. Para lograr esa síntesis Chéjov deja de lado la larga preparación que acontece en las obras de Gógol o la profunda introspección que caracteriza a Dostoievski. Cada autor eligió así un género literario que lo representaba y lo pasó a la posteridad con la marca impresa de su propia personalidad.

Microrrelato de Antón Chéjov: Carta a un reportero

La editorial Páginas de Espuma se ha embarcado en una gran aventura: publicar los cuentos completos de Chéjov en una edición a cargo de Paul Viejo, quien ya se encargó en su momento de ofrecer al lector en español el Diario de un escritor, de Dostoievski. El diario ABC cubría ayer la noticia y publicaba además, a modo de adelante, uno de los cuentos más breves de Chéjov, incluido en la citada edición de Páginas de Espuma
El cuento, “Carta a un reportero”, es uno de los 600 cuentos que Páginas de Espuma va a publicar en cuatro tomos de 1200 páginas cada uno.

Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “El monje negro”, de Antón Chéjov

Andrei Vasilievich Kovrin, Magister, estaba agotado, tenía los nervios deshechos. No hacía nada por seguir el tratamiento médico. Algunas veces, mientras tomaba una copa con su amigo el doctor, éste le aconsejaba pasar una temporada en el campo, mejor dicho, toda la primavera y el verano, pero Andrei nunca le hacía caso. Pocos días después, recibió una extensa carta de Tania Pesotski, que le invitaba a pasar unos días en la casa de su padre en Borisovka. Kovrin decidió ir.

Cuento breve recomendado (43): “Ganas de dormir”, de Anton Chejov

El niño chilla hasta no poder más. Varka vuelve a ver una carretera embarrada, hombres con alforjas; reconoce a Pelagueia y a su padre Yefim. Lo entiende todo, reconoce a todo el mundo; sólo una cosa le resulta incomprensible en medio de ese duermevela: la fuerza que le sujeta los brazos y las piernas, la oprime y le impide vivir. Mira a su alrededor, la busca para librarse de ella, pero no la encuentra. Por último, extenuada, haciendo acopio de todas sus energías y aguzando la vista, contempla la mancha verde y parpadeante y, prestando oídos al grito, descubre al enemigo que le impide vivir.