Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: «Ligeia», de Edgar Allan Poe

Juro por mi alma que no puedo recordar cómo, cuándo ni siquiera dónde conocí a Ligeia. Largos años han transcurrido desde entonces y el sufrimiento ha debilitado mi memoria. O quizá no puedo rememorar ahora aquellas cosas porque, a decir verdad, el carácter de mi amada, su raro saber, su belleza singular y, sin embargo, plácida, y la penetrante y cautivadora elocuencia de su voz profunda y musical, se abrieron camino en mi corazón con pasos tan constantes, tan cautelosos, que me pasaron inadvertidos e ignorados.

Cuento breve de Edgar Allan Poe: El hombre de la multitud

A medida que la noche se hacía más profunda, también era más profundo mi interés por la escena; no sólo el aspecto general de la multitud cambiaba materialmente (pues sus rasgos más agradables desaparecían a medida que el sector ordenado de la población se retiraba y los más ásperos se reforzaban con el surgir de todas las especies de infamia arrancadas a sus guaridas por lo avanzado de la hora), sino que los resplandores del gas, débiles al comienzo de la lucha contra el día, ganaban por fin ascendiente y esparcían en derredor una luz agitada y deslumbrante. Todo era negro y, sin embargo, espléndido, como el ébano con el cual fue comparado el estilo de Tertuliano.

Cuento breve recomendado: «El retrato oval», de Edgar Allan Poe

cuento, el retrato oval, Edgar Allan Poe

El castillo al cual mi criado se había atrevido a entrar por la fuerza entes de permitir que, gravemente herido como estaba, pasara yo la noche al aire libre, era una de esas construcciones en las que se mezclan la lobreguez y la grandeza, y que durante largo tiempo se han alzado cejijuntas en los Apeninos, tan ciertas en la realidad como en la imaginación de mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recién abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en uno de los aposentos más pequeños y menos suntuosos. Hallábase en una apartada torre del edificio; sus decoraciones eran ricas

Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “La barrica de amontillado”, de Edgar Allan Poe”

Había tolerado cuanto me fue posible las mil injusticias de Fortunato; pero cuando se permitió el insulto, juré vengarme. Vosotros, que conocéis bien la naturaleza de mi alma, no supondréis, sin embargo, que esto fuese una simple amenaza; era preciso vengarme al fin, y estaba completamente decidido; pero la sinceridad misma de mi determinación excluía toda idea de peligro. Debía castigar, pero impunemente; una injuria no se lava cuando el castigo alcanza a quien la aplica, ni queda satisfecha si el vengador no tiene cuidado de darse a conocer al que infirió la injuria.

El cuervo, Allan Poe en estado puro

El cuervo Allan Poe

“El cuervo”, de Allan Poe, publicado por primera vez en 1845, es una de los poemas más famosos de la lengua inglesa, como lo es también su versión al castellano, que conocemos sobre todo gracias a la traducción de Julio Cortázar.

Ambientado con una aureola sobrenatural, el poema –muy narrativo, se lee casi como un cuento– narra la visita de un cuervo al hogar de un amante en horas bajas y de la deriva de este hacia la locura. El amante llora la pérdida de su amada, Leonora. El cuervo está inspirado en el cuervo hablador de la novela de Charles Dickens Barnaby Rudge.

Javier Cercas, en modo ‘noir’

Independencia, Javier Cercas, Terra Alta

Dicho esto, confieso que sigo primando esas novelas que, además de negrura, nos ofrecen algo más, tal vez porque, casualidades de la vida –y no por postureo cultureta–, leí antes al fundacional Edgar Allan Poe y al analítico Leonardo Sciascia, este último por sugerencia del escritor Julián Rodríguez, que a los respetables Sherlock Holmes y Agatha Christie entre otros.

12 Consejos de Roberto Bolaño sobre el arte de escribir cuentos

8) Lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9) La verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10) Piensen en el punto número nueve. Piensen y reflexionen. Aún están a tiempo. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.