Hispanoamérica, la patria del microrrelato

      Javier de Navascués analiza en este texto breve (pero enjundioso) la circunstancia del microrrelato. Nos cuenta, por ejemplo, la paradoja que existe entre cierto «renacimiento» -si se puede decir así- de este género literario, que contrasta con cierta dificultad (real, os lo aseguro) para encontrar libros de microrrelatos en muchas librerías. De … Sigue leyendo

Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: «Jacob y el otro», de Juan Carlos Onetti

Media ciudad debió haber estado anoche en el Cine Apolo, viendo la cosa y participando también del tumultuoso final. Yo estaba aburriéndome en la mesa de poker del club y sólo intervine cuando el portero me anunció el llamado urgente del hospital. El club no tiene más que una línea telefónica; pero cuando salí de la cabina todos conocían la noticia mucho mejor que yo

Cuentos breves recomendados

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Esta amplia y rigurosa selección pretende satisfacer la apetencia de cualquier exigente lector de cuentos, pero especialmente va dirigida a profesores y alumnos. Sé por experiencia lo importante que es para un docente de Lengua y Literatura Española disponer de textos breves, lingüística y literariamente excelentes, para poder leer, comentar y trabajar en clase con los alumnos y conseguir aproximarlos e introducirlos poco a poco en el placer de la lectura.

MICRORRELATOS

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En esta sección de microrrelatos encontrarás cientos de piezas de este género con la firma de los mejores autores: Denevi, Monterroso, Arreola, Borges, Cortázar, Bioy Casares, Mrozek, etcétera.

El Diario Down: El bálsamo de las palabras

Los días siguientes al nacimiento de Francisco los recuerdo como una pesadilla, como si yo fuera un personaje de cuento de Horacio Quiroga inmerso en la selva de la adversidad, presa de un entorno endiablado que conspiraba contra mí.
Pasaba los días entre el hospital, el supermercado y la farmacia, y el poco rato libre de que disponía para dormir lo empleaba tratando de buscar un lugar de acogida provisional para la fogosa Betty (40 kilos de cruce de mastín y labrador), a quien no puedo dejar sola en casa por la noche porque sufre ansiedad por separación (en esta vida todos sufrimos algún tipo de patología, querido mío).

Cuando leer microrrelatos es lo más parecido a no leer

A la hora de transmitir las virtudes del microrrelato es una constante inevitable mencionar su brevedad (y por ende lo poco que se tarda en leer estas piezas de literatura concentrada). Abundando en esa línea, los amigos del género suelen defenderlo apelando a que, gracias a esa brevedad, podemos leer microrrelatos en la prensa o en la revista cultural de turno mientras desayunamos, durante el viaje en metro de camino al trabajo, en la pantalla de ordenador –tan incómoda cuando los textos son largos– o incluso en la del teléfono móvil.

Entrevista a Emilio Gavilanes

Reino de la nada, Emilio Gavilanes

Emilio Gavilanes es autor de los libros de relatos La tabla del dos (Premio NH 2004 al mejor libro de relatos inédito) y El río (2005; finalista ese año del premio Setenil), y de las novelas La primera aventura (1991), El bosque perdido (2001) y Una gota de ámbar (2007). Cultiva la escritura de haikus, como ha dejado constancia en Salta del agua un pez (2011), y ha preparado además la edición de la obra de Camilo Bargiela Luciérnagas (2009).
Charlamos con él con motivo de la publicación de su último libro de relatos, El reino de la nada (2011), recientemente publicado en la editorial Menoscuarto.

Los microrrelatos escondidos

Alberto Manguel ha encontrado estupendos micrrorrelatos que andaban encerrados en obras de «mayor entidad». Esta curiosa minicolección de microrrelatos ad hoc fue publicada en Clarín como homenaje a Augusto Monterroso. La lección podría ser esta: a veces es más fácil escribir un microrrelato, de manera casual, cuando uno se adentra en otros géneros, por ejemplo el cuento o la novela. Se ve que la literatura, como el fútbol, es así…

Cuento breve recomendado (251): Mi amigo Lucas, de Fernando Sorrentino

La literatura narrativa no es otra cosa que «el arte de contar mentiras». Ahora bien: hay mentiras aburridas y mentiras interesantes; a mí me atraen estas últimas. Por tal motivo, me gusta cualquier narración que no sea «realista» en el mal sentido de la palabra, lo que no significa que necesariamente tenga que ser «fantástica». Por ejemplo, hace muy poco releí David Copperfield y, a pesar de los deslices típicos del siglo XIX (casualidades, melodramatismo, cierta sensiblería), estoy por completo convencido de que Dickens era un genio. Si bien David Copperfield no es una historia fantástica sino más bien «realista», ocurren en ella tantas peripecias tan creíbles, con tanta riqueza de detalles y de pormenores, y la trama entera es tan interesante, que es imposible no fascinarse con la lectura de esas mentiras.

El microrrelato según Javier Marías

Si algo debemos echarle en cara a Javier Marías no es que arremetiera contra el género del microrrelato (el crecimiento de los géneros literarios, como el del ser humano, no se entendería sin ciertos reproches), sino que lo hiciera como uno de estos turistas, frívolos cazadores de souvenirs, que disparan sus cámaras fotográficas sin bajarse del autobús.