plumas estilográficas

Plumas estilográficas

La pluma estilográfica fue durante mucho tiempo el artículo de escritura más emblemático. Más tarde, acabaría perdiendo su hegemonía sucesivamente con la aparición del bolígrafo, la máquina de escribir y, por último, con los modernos procesadores de textos informáticos.

Pero que no tenga tanto tirón como antes no quiere decir que sea un artículo anacrónico. Muy al contrario, aún tiene una legión de seguidores que a la hora de escribir prefieren la pluma estilográfica a cualquier otra herramienta.

¿Por qué usar la pluma estilográfica?

Son muchos los motivos para escribir con pluma estilográfica. Unos lo hacen porque se sienten seducidos estéticamente por ella, otros por motivos sentimentales (un ser querido les regaló en cierta ocasión una pluma), otros por su tacto agradable, otros porque apenas hay que presionar para escribir ella, otros porque son coleccionistas, otros porque les gusta su liturgia (su conservación en el estuche, su carga de tinta, su limpieza), y otros porque una buena (y en ocasiones muy cara) pluma estilográfica le concede prestigio a quien la lleva.


Hay tantos motivos para usar la pluma estilográfica como usuarios existen. Digamos simplemente que la pluma estilográfica es un artículo de escritura útil y distinguido, y además no hay que gastar mucho dinero para hacerse con ella: existen en el mercado numerosas plumas estilográficas baratas.

Las plumas estilográficas más vendidas

Historia de la pluma estilográfica

La evolución de la pluma estilográfica ha sido lenta pero segura. Sus raíces están en las plumas de cálamo y oca que utilizaban los escribientes. San Isidoro de Sevilla ya trabajaba en pleno siglo VI con plumas que no eran sino alas de patos, pavos o cisnes.

Con pluma escribieron grandes autores como Shakespeare y Cervantes. La estampa es harta conocida: mojaban la pluma en el tintero, con los consabidos goteos que empañaban el papel. Se reutilizaban plumas de ave tras muda anual, a las que se despojaba su barba. Y así, mojando la pluma en un recipiente con tinta, se escribía en el soporte, que, dependiendo de la época, podía ser papiro, pergamino o papel.