Plumas estilográficas

La pluma estilográfica fue durante mucho tiempo el artículo de escritura más emblemático. Más tarde, acabaría perdiendo su hegemonía sucesivamente con la aparición del bolígrafo, la máquina de escribir y, por último, con los modernos procesadores de textos informáticos.

Pero que no tenga tanto tirón como antes no quiere decir que sea un artículo anacrónico. Muy al contrario, aún tiene una legión de seguidores que a la hora de escribir prefieren la pluma estilográfica a cualquier otra herramienta.

Si quieres, aquí puedes consultar mi colección de plumas estilográficas: Kaweco, Parker, Montblanc, Pilot, Pelikan, Waterman, Sheaffer, Faber-Castell, etc. 

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14,98 EUR
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La pluma estilográfica. Breve historia

Lo de escribir con pluma viene de antiguo. No en vano, los antiguos escribientes ya usaban una suerte de plumilla en el papiro. Lo que hacían era mojar el cálamo (la parte inferior de la pluma de un ave) y mojarlo en tinta. El cálamo se cortaba de tal manera que fluyera la tinta, con el inconveniente de que cada pocos días había que cortar un nuevo cálamo, pues la punta se gastaba rápidamente.

Andando el tiempo, la cosa se sofisticó y se comenzó a fabricar plumillas de metal, oro o acero. San Isidoro de Sevilla ya trabajaba en pleno siglo VI con plumas que no eran sino alas de patos, pavos o cisnes. Con pluma escribieron grandes autores como Shakespeare y Cervantes. La estampa es harta conocida: mojaban la pluma en el tintero, con los consabidos goteos que empañaban el papel. Se reutilizaban plumas de ave tras muda anual, a las que se despojaba su barba. Y así, mojando la pluma en un recipiente con tinta, se escribía en el soporte, que, dependiendo de la época, podía ser papiro, pergamino o papel.

En la década de 1820 se unió una punta al extremo de la plumilla, lo cual era una buena fórmula para escribir, pero tenía un serio inconveniente que no hacía grata la escritura: cada pocas palabras había que mojar la plumilla en tinta para poder seguir escribiendo. Y si bien se podía insertar más tinta en la plumilla, no había forma de controlar el flujo de la tinta.

Se había dado un paso adelante respecto al cálamo, pero había que reconocer que los escribientes aún tenían por delante una dura tarea. Anhelaban un buen artículo de escritura que hiciera más llevadero su oficio. Pero la solución no era sencilla. Bien mirado, el hombre había hecho de la necesidad una virtud y había usado los cálamos para escribir, cuando su función original era el de permitir volar a las aves.

Apenas se conservan ejemplares de las plumas más antiguas, pues como no funcionaban bien se acababan tirando.

John Scheffer sacó una patente en 1819 de una pluma que en teoría hacía que la tinta fluyera al pulsar una palanca.

John Jacob Parker patentó en 1832 una pluma que se llenaba mojando el extremo del portaplumas en tinta y levantando el émbolo al girar la caja exterior.

Otras plumas de la época tenían un botón lateral, y al presionarlo forzaba a la tinta a fluir, lo cual resultaba un sistema muy cansado.

Y como no técnicamente no estaba controlado el sistema de carga de ninguna de estas plumas, cada poco tiempo el papel se manchaba de tinta.

Luego descubrieron que solucionarían gran parte del problema si eran capaces de hacer fluir aire por un canal que luego entrara en la reserva de tinta en cantidades contraoladas.

La pluma estilográfica nació en la década de 1880, y quizá no haya un solo inventor, sino que varios llegaron al mismo destino por su cuenta.

Uno de los pioneros es Lewis E. Waterman, vendedor de seguros, que decidió crear una pluma estilográfica eficiente, cansado de derramar tinta cuando tenía que realizar transacciones con algunos clientes. Waterman consiguió su patente, que trató de divulgar ante el ancho mundo.

Esta nueva pluma tenía un alimentador, ubicado debajo de la plumilla. El aire pasaría por el canal hacia la reserva mientras que al mismo tiempo fluiría la tinta al papel, en direcciones contraria pero en cantidades equivalentes, a través del alimentador. El sistema del alimentador, aun siendo original, técnicamente era fácil de fabricar.

El primer paso se había dado. Como la pluma de Waterman funcionaba bien (al menos en relación con las anteriores), fue muy imitada.

¿Por qué usar la pluma estilográfica?

Son muchos los motivos para escribir con pluma estilográfica. Unos lo hacen porque se sienten seducidos estéticamente por ella, otros por motivos sentimentales (un ser querido les regaló en cierta ocasión una pluma), otros por su tacto agradable, otros porque apenas hay que presionar para escribir ella, otros porque son coleccionistas, otros porque les gusta su liturgia (su conservación en el estuche, su carga de tinta, su limpieza), y otros porque una buena (y en ocasiones muy cara) pluma estilográfica le concede prestigio a quien la lleva.

Hay tantos motivos para usar la pluma estilográfica como usuarios existen. Digamos simplemente que la pluma estilográfica es un artículo de escritura útil y distinguido, y además no hay que gastar mucho dinero para hacerse con ella: existen en el mercado numerosas plumas estilográficas baratas.

A continuación compartimos con vosotros información acerca de algunas de las plumas más recomendables que podéis encontrar hoy en el mercado. 

Lamy Safari. ¿Por qué comprar esta pluma estilográfica y no otra

Lamy Safari

¿Por qué comprar una estilográfica Lamy Safari y no otra? Buena pregunta. Hay que decir, antes que nada, que la Lamy Safari goza de mucho prestigio en el ámbito de las plumas estilográficas de coste bajo, no solo por su precio sino también por su calidad.  

Comprar una Lamy Safari en 2018 no es desde luego ninguna aventura de impredecibles consecuencias. Muy al contrario, Lamy Safari es una de las plumas que mejor aceptación tienen entre los amantes de las estilográficas. ¿Quién no ha tenido alguna vez una Lamy Safari, aunque solo sea para para constatar si su fama es merecida.

¿Por qué comprar una Lamy Safari?

Son varios los motivos por los que comprar una Lamy Safari se antoja ventajoso. Veamos algunos de ellos.

Por el precio

Seamos realistas: si la Lamy Safari costará 200 euros no estaríamos hablando de ella como una estilográfica popular, pero resulta que cuesta una décima parte de esa cantidad. Que pagando un un precio tan reducido tengamos una pluma para escribir día a día con todas las garantías es de agradecer.

Por su trazo

Es fluido y agradable, sin interrupciones en el suministro de la tinta. No olvidemos que el trazo de la Lamy Safari es fino, pero no tanto como las de plumas japonesas o chinas.

Por su material

Sí, es de plástico. Pero plástico de buena calidad. La Lamy Safari (como la Lamy Vista) están hechas de plástico ABS, que es bastante resistente a los golpes, lo cual está muy bien teniendo en cuenta que es la típica pluma que se usa a menudo. El clip es fuerte y resistente y el capuchón funciona a clic, no con rosca. La Lamy Safari está disponible en diversos colores de lacados.

Por sus “prestaciones”

La Lamy Safari es bonita, ligera y escribe muy bien. Podemos decir que es una pluma de calidad, con la seriedad con la que los alemanes se toman su trabajo (Y no es solo un mito: es la realidad).

Por su versatilidad

Las puntas de la pluma de las Lamy se pueden intercambiar: puedes pasar de una punta fina a una punta media (y, obviamente, también viceversa).

Por su diseño triangular

La pluma Lamy Safari tiene un diseño triangular, y no es solo por estética, sino también porque te obliga a cogerla correctamente. Es decir, la propia pluma te invita a que pongas una postura que la adecuada.

Por ciertos “detalles”

La ventana

La Lamy Safari tiene una ventana que te permite ver la cantidad de tinta que has consumido. En las plumas transparentes no se hace necesaria esta ventana, pero en plumas “cerradas”, opacas, como es el caso de Lamy, son muy de agradecer. Estas ventanas son indicadores que te van a ahorrar algún que otro inconveniente. :–)

El convertidor

Incluye un convertidor, con lo cual puedes reponer la tinta que tú prefieras, sin necesidad de estar esclavizado a la tinta de la casa. La Lamy tiene un convertidor con sistema de émbolo: se mete la pluma en el tintero y se llena girando la pluma.

La caja

Muchas firmas de plumas estilográficas no incluyen caja en plumas de bajo coste. No es el caso de Parker o de Lamy, que tienen el detalle de enviarte la pluma en una caja de cartón.

Por todo esto y alguna cosita que se nos haya pasado por alto, merece la pena tener una Lamy Safari.

Las plumas estilográficas más vendidas

Última actualización el 2019-07-06 / Enlaces de afiliados / Imágenes de la API para Afiliados