Seguimos sin saber

Pero don Mariano no es ni lo uno ni lo otro. Ni apático ni fervoroso. Ni frío ni hooligan. Es simplemente un hombre confianzudo que por la mañana hipoteca al país y por la tarde planta sus posaderas en el palco de un estadio de fútbol mientras se fuma un puro. Tanta ligereza retrata a alguien pagado de sí mismo que se va por la noche a la cama con 100.000 millones de euros que por la mañana no tenía. Cierto que habrá que pagar este préstamo, y con intereses, ¿pero qué más da otro jarro de agua fría cuando ya tenemos el agua hasta el cuello?