
No creo que Anne Germain pierda clientela pese a que la hayan desenmascarado. Mentir y manipular los sentimientos de personas cándidas no constituye su pecado sino su carta de presentación. Si hay que perdonar sus patrañas, se perdonan. Si hay que encadenar la razón, se la encadena. El gozo de hablar con un muerto familiar bien merece llevar a la práctica la máxima periodística: “Nunca dejes que la realidad te eche a perder un buen titular”.
