Cuento breve recomendado: “La casa de Chef”, de Raymond Carver

 

Raymond Carver, minimalismo, Francisco Rodríguez Criado
Raymond Carver

 

“Dotado de un apreciable escepticismo y resentimiento, el estadounidense Raymond Carver (1939-1988), cuentista y poeta, mediante una técnica escueta y directa, carente de adornos estilísticos (que la crítica ha calificado como minimalista), dibuja una gama de anónimos perdedores de una sociedad que parece haberse olvidado de ellos: desempleados, alcohólicos, divorciados, seres solitarios que van hacia la deriva y que no tienen otra cosa que hacer sino mirar la televisión…; eso son para mí, básicamente, los personajes de Carver: individuos que miran la televisión evitando mirar a su propio interior y comprobar que no son más que sombras cargadas de desesperanza”.

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Cuento de Antón Chéjov: La corista

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Cuento de Antón Chéjov: La corista

En cierta ocasión, cuando era más joven y hermosa y tenía mejor voz, se encontraba en la planta baja de su casa de campo con Nikolai Petróvich Kolpakov, su amante. Hacía un calor insufrible, no se podía respirar. Kolpakov acababa de comer, había tomado una botella de mal vino del Rin y se sentía de mal humor y destemplado. Estaban aburridos y esperaban que el calor cediese para ir a dar un paseo.

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Cuento de Antón Chéjov: La tristeza

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Antón Chéjov. Fuente de la imagen

 

La capital aparece envuelta en el crepúsculo vespertino. La nieve cae en gruesos copos, revolotea perezosamente junto a los faroles encendidos, se extiende en fina capa sobre los tejados, sobre los lomos de los caballos, sobre los hombres, sobre los sombreros.

El cochero Yona está todo blanco, como un fantasma. Sentado en el pescante de su trineo, encorvado hasta donde puede estarlo un cuerpo humano, permanece inmóvil. Diríase que ni toda la nieve que le cayese encima lo sacaría de su quietud.

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Cuento de Antón Chéjov: En la barbería

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Antón Chéjov, uno de los impulsores de relato moderno (junto a Edgar Allan Poe), comenzó publicando en los periódicos cuentos de humor en los que caricaturizaba la vida de los ciudadanos rusos. “En la barbería” es uno de esos cuentos.

 

EN LA BARBERÍA

Antón Chéjov (Rusia, 1860-1904)

(cuento)

Primeras horas de la mañana. Aún no son las siete, pero la barbería de Makar Kuzmich Blestkin ya está abierta. El dueño, un joven de unos veintitrés años, sucio, vestido con ropas mugrientas que pretenden pasar por elegantes, está poniendo en orden el local. En realidad, no tiene nada que limpiar, pero el trabajo le ha hecho sudar. Aquí pasa una bayeta, allí rasca con la uña, más allá encuentra una chinche y la retira de la pared.

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Cuentos comentados

“Cuentos comentados” no es una sección sino una etiqueta aplicada a varias secciones de cuentos (Cuentos Breves Recomendados, Los Mejores 1001 Cuentos Literarios de la Historia, Microrrelatos) que nos ayuda a identificar cuáles son los cuentos publicados en el blog que incluyen comentarios de especialistas en el género. Y ya sabemos lo mucho que enriquecen estos apuntes literarios los cuentos, bien para lectores, alumnos e incluso profesores.

Cuento breve recomendado: “Vanka”, de Antón Chéjov

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Antón Chéjov, cuento, Vanka
Antón Chéjov. Fuente de la imagen

El abuelo de Anton Pávlovich Chéjov fue un siervo que pudo ahorrar lo suficiente para comprar su libertad y la de sus tres hijos. Uno de ellos, Pável, el padre de Chéjov, era inculto, egoísta y brutal. El autor ruso, cuando ya era famoso, escribió a este respecto: “Recuerdo que mi padre empezó a educarme como a los cinco años o, para decirlo más claro, a azotarme cuando sólo tenía cinco años. Me azotaba, me tiraba de las orejas, me pegaba en la cabeza. La primera pregunta que yo me hacía por la mañana, al despertar, era: ¿seré golpeado nuevamente hoy? Me prohibieron todo juego o diversión…a los ocho años tuve que atender la tienda de mi padre; trabajaba como chico de los recados y esto afectó a mi salud porque me golpeaban casi todos los días. Después, cuando pude ir a un colegio de secundaria, estudiaba hasta las horas de comer, y desde entonces hasta la noche debía cuidar de la tienda”.

Aquel hijo de tendero, tercero de seis hermanos, muy pronto tuvo que convertirse en el cabeza de una familia menesterosa; estudió medicina para acabar practicándola de manera casi gratuita y empezó a ganarse la vida escribiendo cuentos para los semanarios y diarios de Moscú. Con estas vivencias, y con un gran corazón propio de una excelente persona, llena de sensibilidad social, siempre se sintió atraído por “la belleza sutil, apenas perceptible del dolor humano”. Odiaba la injusticia y todo lo sucio y mezquino, y le gustaba lo sencillo, auténtico y sincero. Su amigo Máximo Gorki escribió: “Me parece que cualquier persona ante Anton Pávlovich notaba involuntariamente el deseo interno de ser más simple, más veraz, de ser más uno mismo”.

Si Sófocles y Shakespeare son el teatro, si Cervantes es la novela, Anton Pávlovich Chéjov es el cuento. El escritor ruso fue un maestro indiscutible del relato breve, autor de más de mil cuentos, parcos y concisos en palabras, en argumentos y en descripciones. Con diálogos sencillos pero que con matices humorísticos o emotivos, a veces trágicos, supo expresar convincentemente las relaciones personales, las frustraciones y los anhelos cotidianos de la sociedad rusa de finales del siglo XIX. La revolución chejoviana en la cuentística moderna reside, además del tratamiento breve y conciso de sus historias, en la exaltación del valor narrativo de una escena, de un momento, de la más cotidiana atmósfera anímica y vivencial. Ahora bien, en Chéjov esos episodios de vida corriente poseen, como decía Cortázar, un elemento altamente significativo: la misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismos y convertirse en el resumen implacable de una cierta condición humana, ya que algo estalla en ellos mientras se leen, al proponerse una especie de ruptura de lo cotidiano, que va mucho más allá de la anécdota reseñada y deja una profunda impresión en el lector.

Se cumple, pues, uno de los principios más innovadores de Chéjov: “Lo más importante de un cuento es la historia que no se cuenta, la que está por debajo de lo que se dice”, principio seguido fielmente por su mejor discípula, Katherine Mansfield, y esta línea que nace en Chéjov y pasa por Mansfield y Hemingway, desemboca en una importante tendencia narrativa del siglo XX en Estados Unidos, el minimalismo, cuyo máximo representante fue Raymond Carver.

Miguel Díez R.

 

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Cuento de Antón Chéjov: Poquita cosa

poquita cosa, Chéjov

POQUITA COSA, cuento de Antón Chéjov

Hace unos día invité a Yulia Vasilievna, la institutriz de mis hijos, a que pasara a mi despacho. Teníamos que ajustar cuentas.

-Siéntese, Yulia Vasilievna -le dije-. Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma… Veamos… Nos habíamos puesto de acuerdo en treinta rublos por mes…

-En cuarenta…

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Los mejores cuentos literarios de la Historia: “La muerte de un funcionario”, de Antón Chéjov

Gran cuentista ruso Ántón Chéjov. Fuente de la imagen

 

En su estudio fiodor m. dostoievski. novela y folletín, polifonía y disonancia (Almagesto, Buenos Aires, 1994), José Amícola glosa la figura de Antón Chéjov y destaca su cuento “La muerte de un funcionario”. El párrafo que reproduzco argumenta sobre la idea expresada por Dostoievski de que toda la literatura rusa procede de “El capote”, de Gógol.

Chéjov, por su parte, confirmó la frase acerca de la presencia insoslayable de El capote en la literatura rusa, pero al escribir sus textos breves -brevísimos- hacia fines del siglo modificó el patrón gogoliano. Chéjov deja de lado, en efecto, el principio constructivo de la oralidad y abandona, al mismo tiempo, el género “póviest”. De Gógol utiliza Chéjov la mirada intensa y fugaz de un solo instante. Lo que aparece ahora en Chéjov es una novedad que le será característica: el subtexto, lo no dicho. Chéjov pudo llevar a esa síntesis gracias a la concentración de su enfoque. En su cuento brevísimo “La muerte de un funcionario” encontramos, por ello, sólo el instante clave del protagonista de El capote. Para lograr esa síntesis Chéjov deja de lado la larga preparación que acontece en las obras de Gógol o la profunda introspección que caracteriza a Dostoievski. Cada autor eligió así un género literario que lo representaba y lo pasó a la posteridad con la marca impresa de su propia personalidad. En el caso de Dostoievski, maestro en el arte de la novela corta (que puede oscilar entre una veintena de páginas, como en El señor Projachin, o una centena como en Memorias del subsuelo), la época en que vivía no le permitía ver la realidad de otro modo más que como multiplicidad y caos. Y esto se compaginaba mal con el principio de la síntesis”.

José Amícola, fiodor m. dostoievski. novela y folltín, polifonía y disonancia (Almagesto, Buenos Aires, 1994), página 48.
 

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Microrrelato de Antón Chéjov: Carta a un reportero

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Escritor ruso Antón Chéjov. Fuente de la imagen

La editorial Páginas de Espuma se ha embarcado en una gran aventura: publicar los cuentos completos de Chéjov en una edición a cargo de Paul Viejo, quien ya se encargó en su momento de ofrecer al lector en español el Diario de un escritor, de Dostoievski. El diario ABC cubría ayer la noticia y publicaba además, a modo de adelanto, uno de los cuentos más breves de Chéjov, incluido en la citada edición de Páginas de Espuma

El cuento, “Carta a un reportero”, es uno de los 600 cuentos que Páginas de Espuma va a publicar en cuatro tomos de 1200 páginas cada uno.

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Cuento breve recomendado (43): “Ganas de dormir”, de Anton Chejov

GANAS DE DORMIR, una historia dramática de Anton Chéjov (Rusia, 1860-1904)

 

Es de noche. La niñera Varka, una muchacha de unos trece años, mece la cuna en la que está acostado el niño y canturrea con voz apenas audible:

Duérmete, niño,

al son de la nana…

Ante el icono arde una lamparilla verde; una cuerda, de la que cuelgan pañales y unos grandes pantalones negros, se extiende de un extremo al otro de la habitación. La lamparilla dibuja en el techo una gran mancha verde, mientras los pañales y los pantalones proyectan largas sombras sobre la estufa, la cuna y Varka. Cuando la lamparilla empieza a parpadear, la mancha y las sombras se animan y se ponen en movimiento, como azuzadas por el viento. El ambiente es sofocante. Huele a sopa de repollo y a material de zapatería.

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