El origen del nombre de Neruda (Segunda parte)

 

Norman Neruda, Pablo Neruda, Erntesto Bustos Garrido
Fotografía 1.- Guillermina, Norman Neruda, Lady Halle, tres nombres, una sola identidad

El origen del seudónimo de Pablo Neruda (Parte II) 

Ernesto Bustos Garrido

Hubo de transcurrir más de sesenta años para que el intríngulis sobre el origen del nombre de Pablo Neruda comenzara a transitar por la senda correcta, por la senda de la luz. En este largo período de tiempo (1920-1981) un dato vago, o como se dice también, una noticia sin fuente, se fue transformando en una verdad a medias y luego en una verdad santa, casi un dogma. Y así permaneció por largas décadas. De este modo, el mundo entero masticó y digirió la hipótesis de que el poeta había tomado su nueva denominación del nombre del escritor checo Jan Neruda (1834-1891).

Sin embargo, la “verdad verdadera” al parecer era otra, pero nunca se buscó con acuciosidad. Se aceptaron como ciertos pareceres, creencias, dichos y comentarios, hasta que la llamada “hipótesis ortodoxa”, la de Jan Neruda, se convirtió en un mito. El mismo poeta contribuyó con sus respuestas imprecisas a afianzar y darle cuerpo a un hecho que carecía de pruebas contundentes. Para dilucidar la incógnita fue necesario que en el curso de los años ochenta algunos estudiosos de la obra de Neruda prestaran atención a los detalles de su existencia, pero particularmente a las fechas, a fin de arribar a la verdad, o al menos a una respuesta satisfactoria sobre tan espinudo tema.

Sigue leyendoEl origen del nombre de Neruda (Segunda parte)

narrativa_newsletterp

Testimonios de Arthur Conan Doyle

Escritor Arthur Conan Doyle.
Escritor Arthur Conan Doyle. Fuente de la imagen

Testimonios del escritor Arthur Conan Doyle 

En 1880 Arthur Conan Doyle (1859-1930), que entonces tenía 21 años, se tomó un año sabático en sus estudios de medicina y pasó siete meses a bordo de un barco ballenero, “El Esperanza”, en el que prestó servicios como médico de la tripulación.

El siguiente es su testimonio de la caza de la foca:

Al alba del tercer día el barco tomó rumbo al hielo e inició su cosecha asesina. Es un trabajo brutal, aunque no más que el que se realiza para proveer las mesas familiares en las zonas rurales. Y, sin embargo, aquellas charcas de carmesí reluciente sobre el enceguecedor blanco de las banquisas, bajo el sosegante silencio del cielo azul ártico, me parecieron una intrusión espantosa.

Pero ya se sabe que una demanda inexorable crea una oferta inexorable, y las focas, con su muerte, suponen un medio de vida para la gran multitud de marineros, estibadores, curtidores, curadores, controladores, fabricantes de velas y vendedores de pieles y aceite, que hacen de intermediarios entre, por una parte, esta carnicería anual y, por la otra, las personas exquisitas que gastan elegantes botas de cuero, o el sabio cuyos aparatos necesitan un aceite muy fino.

Después de un mes o dos de permanencia, nuestros ojos se cansan de la luz eterna y echamos de menos el poder balsámico de la oscuridad. Recuerdo la maravillosa impresión que me produjo a nuestro regreso, al llegar a la altura de Islandia, la simple visión de una estrella, hasta el punto de que me resistía a apartar la mirada. Solemos perdernos la mitad de las beldades de la Naturaleza a causa del exceso de familiaridad.

* Extraído del ensayo Sobre el uso científico de la imaginación, de Arthur Conan Doyle.

Sigue leyendoTestimonios de Arthur Conan Doyle

narrativa_newsletterp