4 historias cortas de Augusto Monterroso

Augusto Monterroso, uno de nuestros cuentistas preferidos, consigue escribir grandes historias con muy pocas palabras, algo de agradecer en un blog como este, que prima textos breves que pueden leerse en pantalla (sea en el ordenador, el móvil o la tableta). Hoy os ofrezco cuatro historias cortas de Monterroso, tres de ellas especialmente breves, y una, la que publico al final, más extensa. Podríamos decir que son tres microrrelatos y un cuento. Creo que estas cuatro narraciones serán un regalo para quienes ya conocemos a Monterroso y una puerta abierta para quienes aún no han leído nada suyo.

Cuento de Augusto Monterroso: Míster Taylor

Cuento de Augusto Monterroso, Míster Taylor

 

Cuento de Augusto Monterroso: Míster Taylor

–Menos rara, aunque sin duda más ejemplar –dijo entonces el otro–, es la historia de Mr. Percy Taylor, cazador de cabezas en la selva amazónica.

Se sabe que en 1937 salió de Boston, Massachusetts, en donde había pulido su espíritu hasta el extremo de no tener un centavo. En 1944 aparece por primera vez en América del Sur, en la región del Amazonas, conviviendo con los indígenas de una tribu cuyo nombre no hace falta recordar.

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31 maneras de tuitear El dinosaurio de Augusto Monterroso

 

Imagen encontrada en Grouchomaníacos

 

Mario Tascón nos ofrece 31 versiones del famoso microrrelato de Monterroso, “El dinosaurio”. (En realidad son más, porque el número 29, no sé por qué, se repite en varias ocasiones). Y lo hace con un objetivo muy concreto: enseñarnos cómo manejarnos con soltura en el lenguaje de Twitter, que -compruebo- es mucho más complejo de lo que pudiera parecer a primera vista. Tascón utiliza el método del escritor francés y cofundador del grupo experimental Oulipo Raymond Queneau. Dicho método, difundido en el libro Ejercicios de estilo, que consistía en contar una misma historia desde cien estilos diferentes.
Este tutorial está publicado originalmente en Estilo. Manual de Nuevos Medios, de Fundéu BBVA, con fecha del 17 de mayo de 2011.

Variantes de un tuiteo

En Twitter parece muy difícil (incluso imposible) expresar ideas complejas en mensajes que están limitados a un máximo de 140 caracteres. Más difícil podría ser hacer variantes sobre la misma idea, pero nuestro idioma y las técnicas que nos facilitan los nuevos medios nos lo permiten
 

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Microrrelato de Augusto Monterroso: La mosca que soñaba que era un águila

Fotografía: Francisco Rodríguez Criado

 

LA MOSCA QUE SOÑABA QUE ERA UN ÁGUILA

Augusto Monterroso

(microrrelato) 

Había una vez una Mosca que todas las noches soñaba que era un Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.

En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como sufrir a conciencia dándose topes contra los vidrios de su cuarto.

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Microrrelato de Augusto Monterroso: El perro que deseaba ser un ser humano

 

 

Perro que camina como un ser humano. Fuente de la imagen

EL PERRO QUE DESEABA SER UN SER HUMANO, un microrrelato de Augusto Monterroso 

En la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un Perro al que se le había metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en esto.

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Un libro que hay que leer: “Obras completas (y otros cuentos)”, de Augusto Monterroso

“Desde su título paradójica y provocador, este primer libro de Monterroso declara la voluntad de juego que caracteriza toda su obra. Pero no hay engaño: el libro recoge un cuento titulado “Obras completas” y, además, otros cuentos, todos sorprendentes. Con un marcado tono satírico, se desarrollan cuestiones tan de actualidad ya en su comento como la explotación comercial del Tercer Mundo (“Mr. Taylor”) o los riesgos de la incomprensión cultural (“El eclipse”).

Microrrelato de Augusto Monterroso: El eclipse

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Eclipse

ECLIPSE

Augusto Monterroso

(microrrelato)

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo enla España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

–Si me matáis –les dijo– puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

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