Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: «El diario de Porfiria Bernal», de Silvina Ocampo

Sergi Hernández Arroye ha seleccionado para Los mejores 1001 cuentos de la Historia el cuento «El diario de Porfiria Bernal», de la gran escritora argentina Silvina Ocampo. Un cuento con resonancias, diría yo, del Henry James (citado en la narración) de Otra vuelta de tuerca y, cómo no, de escritores tan allegados para Silvina como Bioy Casares (su marido) y Jorge Luis Borges, gran amigo del matrimonio. 

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Cuento breve recomendado: «El encanto». Cuento anónimo chino

Una estampa de China. Fuente de la imagen
«Uno de los muchos agrados que puede suministrar la literatura es el agrado de lo narrativo. Este libro [Cuentos breves y extraordinarios] quiere proponer al lector algunos ejemplos del género, ya referentes a sucesos imaginarios, ya a sucesos históricos. Hemos interrogado, para ello, textos de diversas naciones y de diversas épocas, sin omitir las antiguas y generosas fuentes orientales. La anécdota, la parábola y el relato hallan aquí hospitalidad, a condición de ser breves. Lo esencial de lo narrativo está, nos atrevemos a pensar, en estas piezas; lo demás es episodio ilustrativo, análisis psicológico, feliz o inoportuno adorno verbal. Esperamos, lector, que estas páginas te diviertan como nos divirtieron a nosotros».
Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “Vivir para siempre”, de James George Frazer

Jorge Luis Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo incluyeron el cuento –o microrrelato, si se prefiere– «Vivir para siempre», de James George Frazer, en su Antología de Literatura fantástica (1940), obra que se ha convertido en todo un clásico del género.

 

El género del microrrelato, visto por Andrés Ibáñez

Género de diletantes. Esta última idea tiene una gran dosis de verdad, porque quitando los ejemplos obvios que todos tenemos en la cabeza y que sin duda se esgrimirán en mi contra, es evidente que los microrrelatos son un género propio de diletantes. He leído microrrelatos de buenos escritores y otros escritos por desconocidos: es imposible notar la diferencia.