Cuento de José Luis Ibáñez Salas: Esta noche de Reyes

Podríamos comenzar por decir que está lloviendo una fina lluvia sobre las aceras de las calles de una ciudad cualquiera de un mundo occidental que empieza a sentirse asediado por los derrotados y por los arrogantes suicidas medievales, podría comenzar (a qué el podríamos si el que va escribir, si el que ya está escribiendo soy yo con mi mismidad literaria forjada a base de escribir y leer y ver películas y sobre todo vivir y ser vivido) por dejar escrito en este que va a ser un cuento sobre una noche de Reyes que la ciudad es a esta hora un hervidero de camellos de los desiertos surcando sus cielos para que mañana los niños y muchos mayores se crean de verdad que los Reyes son los Reyes, unos Reyes más inventados que los propios Reyes que nunca fueron enterrados en la catedral alemana de Colonia.

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Cuento de Navidad de Antón Chéjov: El árbol de Navidad

Cuento de Navidad de Anton Chéjov

Cuento de Navidad de Antón Chejov: El árbol de Navidad

Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad. Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir. Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró al icono oscuro del rincón y exhaló un largo suspiro. El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.

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Cuento de José Luis Ibáñez Salas: Este cuento de Navidad

Cuento de José Luis Ibáñez Salas, Este cuento de Navidad

Había que escribir un cuento de Navidad. Ese era el reto que él mismo había establecido, que él se había impuesto para sí. Un cuento de Navidad, como el de Dickens, que es el cuento de Navidad por excelencia y que él en realidad nunca había leído pero había visto escenificar en tebeos, películas, series de televisión y en libros ilustrados de los que no había leído las palabras impresas pero sí contempló, de pequeño, sus dibujos pintados. Se trataba de escribir un cuento de Navidad que tuviera dentro todo lo que hace que unos amemos y otros odiemos, que unos amen y que otros odiemos, que unos amemos y otros odien, la Navidad, las fiestas con que se despide el año cada año y en las que se celebra a menudo el nacimiento de un Dios o el solsticio de invierno o la llegada de un nuevo ciclo o simplemente el alma festiva de los seres humanos, aterrados de ser únicamente noche y de que no llegue el día.

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Cuento breve recomendado: “Cuento de navidad”, de José María Merino

“Yo creo que la Literatura nos tiene que enseñar el mundo. Y nos tiene que enseñar el júbilo y la tristeza del mundo. O sea, una Literatura que solo fuese tenebrosa, de pura diversión pues tal vez no tendría sentido. En la Literatura está todo, cabe todo. Y el papel de la Literatura es entretenernos, mientras la leemos, aunque nos esté contando una tremenda tragedia o una historia muy terrible sobre la Humanidad o sobre una familia, sobre una persona. Es sorprendente. Nos entretenemos y al mismo tiempo nos están contando una historia tremenda”.
J.M.M

Cuento breve recomendado “Un asunto vulgar”, de Arkady Avérchenko

Arkady Avérchenko
Escritor Arkady Avérchenko. Fuente de la imagen

Estamos en San Petersburgo, en 1908, y Archady Avérchenko, la principal figura del movimiento satiriconiano, lee el manifiesto donde amenaza a la sociedad con revelar todas aquellas mentiras y bajezas que imperan en la vida social y política. Arkady está serio, parece molesto, y su voz se alza en medio de aquellos que están acostumbrados a reír con sus escritos y no han percibido, en ellos, ni la más mínima cuota de agresividad. Y es que la lectura a la que comúnmente se sometió este autor, –y que lo llevó a ser el escritor ruso más leído de su época–, acostumbraba seguir rutas establecidas desde una perspectiva distinta, cegados con el brillo de la dinámica y el humor de sus textos, y dejaba de lado quizá lo más importante en sus escritos: el objeto y objetivo de aquella risa. El sonido hueco y oscuro que se escondía en aquellas carcajadas.

La venta de sus libros, por lo demás, –a pesar de continuos exabruptos en reuniones donde parece atacar, siempre tras una sonrisa, a los distintos asistentes–, sigue incrementándose, a la vez que la cantidad de libros publicados es cada vez más abundante, tanto así que en los diez años siguientes a la lectura del manifiesto podemos encontrar más de 40 libros de relatos, sin considerar los pequeños textos para revistas y otras numerosas obras teatrales igualmente exitosas.

Sorprende también encontrar en esa gran abundancia, una variedad de temas casi igual de abismante, historias que ocurren en distintas realidades, en diversos niveles sociales y que encuentran en la naturaleza humana su punto común, el pozo oculto donde Arkady arroja sus carcajadas y las recoge impregnadas de algo que es también la sustancia de otros escritores, que han quedado en la historia como poseedores de una profundidad que a Avérchenko no se le reconoció, a pesar de que está presente de forma transversal prácticamente en todos sus escritos.

Hugo Rivas

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