Una mujer espera | Relato de Miguel Bravo Vadillo

Una mujer espera, relato largo, Miguel Bravo Vadillo

Desde la cafetería Moby Dick, donde trabajo como camarero, puedo ver la parada de autobuses urbanos situada al otro lado de la calle. Sentada en el banco de la parada hay una mujer con las piernas extendidas que, cabizbaja, parece mirar sus propios pies. No sabría precisar cuánto tiempo lleva allí aquella mujer, pero, desde que me fijé en ella, he visto pasar al menos cinco autobuses, y sé de buena tinta que en esa parada no coinciden más de tres líneas diferentes.

Que la culpa es de la guerra | Un relato corto de José Luis Ibáñez Salas

La cosa está muy jodida, señora monja, me la tengo que llevar de aquí, no me mire usted así, yo no tengo la culpa que la culpa es de la guerra, de que los suyos se hayan levantao y yo no tengo más remedio que hacer lo que a mí me dicen y llevármela a lo del sindicato, así que deje de poner esa cara y compréndame a mí también, que yo también tengo lo mío, que mira que tener que venirme yo con lo que yo he sido a detenerla a usted, a una monja,

El abandono

El abandono, relato, Francisco Rodríguez Criado

n abandono que le obliga, todavía en la sala del aeropuerto, a retirarse cabizbajo para hacer sus cosas, trabajo y más trabajo, pero no sin antes telefonear a Marta, a quien hace meses que no ve, para preguntarle cómo le va la vida y si puede visitarla esa noche, necesita hablar con ella, tumbados los dos en esa cama tan espaciosa y tan conocida, esa cama en la que fumar un cigarrillo antes y después de cada efluvio de amor

Silencio rumoroso | Una historia literario-musical de Miguel Bravo Vadillo

relato piano, Miguel Bravo Vadillo

Desde que era apenas un adolescente no he podido tocar nada que haya tocado antes otra persona. Un ejemplo típico sería el pomo de una puerta. Desde luego, adoro las puertas que se abren gracias al empleo de sensores, pero estas solo las encontramos en algunos edificios públicos y en grandes locales comerciales; el resto de puertas, la inmensa mayoría, las abro, siempre que es posible, utilizando un pie o un codo.

Ernestina y el señor de la perrita | Un cuento de Miguel Bravo Vadillo

perro pomerania, cuento

Si Ernesto hubiese escogido el camino más corto, se habría topado, justo delante de la librería Universitas, con una joven desconocida llamada Ernestina –una muchacha de serena belleza y apariencia encantadora, alumna de último curso de Grado en Matemáticas–, que se habría detenido para preguntarle (no sin antes acariciar a la zalamera y sumisa perrita) en qué tienda había comprado aquel bonito collar que la Pomerania lucía.

Vivir del aire y otros poemas | Un cuento de Miguel Bravo Vadillo

poemas al aire, Miguel Bravo Vadillo, cuento

Aquel era, por tanto, un sitio ideal para escribir; y me gustaba creer que así habrían de ser las cafeterías que frecuentaban Joyce en Trieste o Hemingway en París, donde sin duda alguna tomarían café de alta graduación y escribirían cuentos de escaso beneficio económico (al menos por aquel entonces, cuando aún estaban vivos y los buitres que dirigen las editoriales no podían aprovecharse de las ventajas que ofrece el prestigio de un cadáver exquisito)

El fugitivo | Relato corto de Pascual-Antonio Beño

relato corto, el fugitivo, Beño

«Diego le pidió también unos calcetines limpios y jabón para lavarse.
–En el cuarto de baño está el jabón –dijo Luisa–, también hay brocha y maquinilla, por si quieres afeitarte.
Le acompañó al interior de la casa, mientras yo volví al corral para seguir atendiendo a mi clientela imaginaria en la carnicería. En eso estaba, cuando apareció Rafael, el mayor de los refugiados»