Cuento de José López Portillo y Rojas: Reloj sin dueño

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José López Portillo y Rojas. Fuente de la imagen

“Reloj sin dueño” es un cuento clásico de José López Portillo y Rojas, articulado en cuatro capítulos. Ambientada en la colonia Roma de Ciudad de México, el cuento narra un episodio de la vida del malhumorado y enérgico juez Félix Zandejas, que vive con su atribulada esposa, que siempre trata, con su carácter apacible, calmar los ánimos de su esposo.  

José López Portillo y Rojas nació el seno de una familia de clase alta de Guadalara, Jalisco, en 1850 y falleció en la Ciudad de México en 1923. Fue político y escritor, y en su familia destacaron miembros como José López Portillo y Weber (su hijo) o su nieto José López Portillo y Pacheco, que sería presidente de México durante seis años (1976-1982). 

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Cuento de Elena Garro: El anillo

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Escritora mexicana Elena Garro. Fuente de la imagen

EL ANILLO

Elena Garro (México, 1916-1988)

(cuento) 

Siempre fuimos pobres, señor, y siempre fuimos desgraciados, pero no tanto como ahora en que la congoja campea por mis cuartos y corrales. Ya sé que el mal se presenta en cualquier tiempo y que toma cualquier forma, pero nunca pensé que tomara la forma de un anillo. Cruzaba yo la Plaza de los Héroes, estaba oscureciendo y la boruca de los pájaros en los laureles empezaba a calmarse. Se me había hecho tarde. “Quién sabe qué estarán haciendo mis muchachos”, me iba yo diciendo. Desde el alba me había venido para Cuernavaca. Tenía yo urgencia de llegar a mi casa, porque mi esposo, como es debido cuando uno es mal casada, bebe, y cuando yo me ausento se dedica a golpear a mis muchachos. Con mis hijos ya no se mete, están grandes señor, y Dios no lo quiera, pero podrían devolverle el golpe. En cambio con las niñas se desquita. Apenas salía yo de la calle que baja del mercado, cuando me cogió la lluvia. Llovía tanto, que se habían formado ríos en las banquetas. Iba yo empinada para guardar mi cara de la lluvia cuando vi brillar a mi desgracia en medio del agua que corría entre las piedras. Parecía una serpientita de oro, bien entumida por la frescura del agua. A su lado se formaban remolinos chiquitos.

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