Cuento de Woody Allen: El episodio Kugelmass

Cuento de Woody Allen

Este cuento de Woody Allen fue publicado en The New Yorker en 1977. Woody Allen es conocido sobre todo por sus películas, pero no hay que olvidar que también es autor de varios libros: Cuentos sin plumas: Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, o Perfiles. En Narrativa Breve ya publicamos el cuento de Woody Allen Fiesta de disfraces.

 

Cuento de Woody Allen: El episodio Kugelmass 

El profesor Kugelmass, quien dictaba clases de Humanidades en el City College, estaba infelizmente casado por segunda vez. Su esposa, Dafne Kugelmass, era una idiota. Él también tenía dos hijos tontos de su primera esposa, Flo, y estaba hasta el cuello de deudas ocasionadas por los costos de la separación y manutención de los niños.

–¿Acaso yo sabía que las cosas iban a salir tan mal? –se lamentó un día Kugelmass dirigiéndose a su analista–. Dafne era muy prometedora. ¿Quién podría sospechar que ella iba a abandonarse y a engordar como tonel? Además, ella tenía algunos dolarillos, lo que no es, por supuesto, razón suficiente para contraer nupcias pero tampoco viene mal, teniendo en cuenta los problemas “operativos” que tengo. ¿Entiende lo que le digo?

Kugelmass era calvo y tan peludo como un oso, pero tenía un gran corazón.

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Cuento de terror de John Collier: El cazador (o Una pócima para el amor)

Cuento de terror, John Collier, el cazador

El autor del cuento “El cazador” es John Collier, quien nació el 3 de mayo de 1901 en Londres y falleció el 6 de abril de 1980 en Los Ángeles. En 1935 dejó Inglaterra y se instaló en Hollywood, donde trabajó como guionista para el cine y la televisión. Sus padres fueron John George y Emely Mary. Su única hermana se llamaba Kathleen. El padre fue uno de 17 hermanos. No estudió por escasez de recursos. Fue llavero o portero. Vivió en la pobreza junto a su familia. De esta forma sus hijos John y Kathleen fueron instruidos en casa por su tío Vincent Collier, un desconocido escritor aficionado que le contagió al pequeño John el gusto por la lectura. Empezó a leer a los tres años los cuentos de Hans Christian Andersen. Más tarde a Jonathan Swift, considerado por él como uno de sus referentes. “El Paraíso perdido” le dejó una honda huella de influencia. “Quiero ser poeta” le dijo John a su padre a  los 18 años. Desde entonces vivió diez años a pan y agua, con dos libras a la semana. Fue corresponsal literario de un diario japonés. Nunca fue a la universidad y vagabundeaba en los cafés y exposiciones. En 1936 se casó casi en secreto con la actriz Shirley Palmer. Resultó un fracaso. Pronto se divorciaron y en 1945 Collier se casó con Margaret Elizabeth Eke. Estuvieron juntos diez años. En 1955 se divorciaron y John contrajo nupcias con Harriet Hess Collier. Con ella tuvo un hijo, John G. S. Collier, nacido en Niza, el 18  de mayo de 1958.

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Cuento de John Updike: A&P

cuento de John Updike 

Un “Conejo” que dice cosas y hace pensar

Por Ernesto Bustos Garrido

John Updike (Shillington, Pensilvania, 1932-Beverly Farms, Massachusetts, 2009) fue uno de los grandes maestros de la narrativa norteamericana contemporánea, autor de una amplia obra que abarca poesía y ensayo, narración breve y novela. Laureado dos premios Pulitzer (1982 y 1991) y un American Book Award (1982), Updike está considerado como uno de los cronistas más cáusticos de la sociedad norteamericana del siglo xx.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: Colinas como elefantes blancos

Colinas como elefantes blancos
Ernest Hemingway. Fuente de la imagen

Rubén Abella, a quien entrevisté para charlar sobre su novela California (Menoscuarto, 2015), nos recomienda el cuento de Hemingway “Colinas como elefantes blancos”.

Cuento de Ernest Hemingway: Colinas como elefantes blancos

Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El norteamericano y la muchacha que iba con él tomaron asiento en una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.

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Cuento de Washington Irving: Interior de la Alhambra

Cuento de Washington Irving
Alhambra de Granada. Fuente de la imagen

Cuento de Washington Irving: Interior de la Alhambra

La Alhambra ha sido descrita tan minuciosamente y con tanta frecuencia por los viajeros, que un ligero croquis será acaso suficiente para refrescar la memoria del lector; por consiguiente, haré una breve relación de nuestra visita al otro día de llegar a Granada.

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Cuento de Isaac Asimov: Auténtico Amor

 

Cuento, Isaac Asimov, Auténtico Amor
Fuente de la imagen

Cuento de Isaac Asimov: Auténtico Amor

Mi nombre es Joe. Así es como me llama mi colega, Milton Davidson. Él es programador, y yo soy un programa de computadora. Formo parte del complejo Multivac, y estoy conectado con otros componentes esparcidos por todo el mundo.

Lo sé todo. Casi todo. Soy el programa privado de Milton. Su Joe. Milton sabe más acerca de programación que cualquiera en el mundo, y yo soy su modelo experimental. Ha conseguido que yo hable mejor que cualquier otra computadora.

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Cuento breve recomendado: “Una noche de verano”, de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce, cuento

Bierce, uno de los clásicos del terror junto con Poe, Lovecraft y Maupassant, fue elogiado precisamente por Lovecraft en su ensayo El horror sobrenatural en la literatura. Su espíritu cáustico y el humor macabro y satírico lo indujeron a delinear su peculiar humor negro que aún hoy sigue conmocionando. Su pesimismo respecto de las relaciones de hombres y mujeres no podría haber encontrado un género más apropiado que el de sus cuentos, sin embargo también ejerció el periodismo y desarrolló otros temas , como la critica vehemente a la corrupción política de su país.

La vida y muerte de Bierce lo convierte en un personaje signado por lo macabro. Fue el décimo hijo de un granjero de Ohio sin fortuna, apático, extravagante pero sí aferrado a la fe calvinista, al más fanático puritanismo y la lectura bíblica mientras su madre era la fuerza dominante que llevaba adelante la casa. No es difícil imaginar el clima de prejuicios y represiones y el autoritarismo asfixiante  que debieron soportar  Ambrose  y sus hermanos. El escritor pudo volcar en muchas de sus obras el odio visceral inmenso hacia toda su familia, del que sólo se libró uno de sus hermanos, pero todos los hijos de la familia se marcharon, se fugaron y sus vidas difíciles fueron las mochilas pesadas que les quedaron de aquellos años de sus vidas.

Su muerte, al igual que su vida,  su hogar paterno, nos hace creer en un destino por donde “el diablo” no andaba muy lejos. En octubre de 1913 partió de Washington D.C. para recorrer los antiguos campos de batalla de la Guerra Civil. Luego pasó a México y en Ciudad Juárez se unió a ejército de Pancho Villa como observador, llegando hasta Chichuahua donde su rastro se desvanece. Fue una de las más famosas desapariciones de la historia de la literatura.

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Los mejores cuentos literarios de la Historia: “El pagano”, de Jack London

 

 

Los mejores cuentos
Escritor Jack London (1876-1916). Fuente de la imagen


El escritor Emilio Gavilanes, a quien entrevistábamos días atrás con motivo de la reciente publicación de El reino de la nada (Menoscuarto, 2011), nos recomendó para esta sección el cuento “El pagano”, de Jack London, porque

“Yo empecé a escribir cuentos leyendo los de Jack London. Los leía y pensaba: yo quiero hacer algo así algún día. Podría escoger muchos cuentos de Jack London, pero el que quiero señalar ahora es El idólatra, o El pagano, según la traducción. Trata de un occidental que salva la vida a un indígena de los Mares del Sur, que a partir de ese momento se siente en deuda con él y le sigue y le sirve como un esclavo. Renuncia a su individualidad hasta el punto de cambiar su nombre por el de quien le salvó la vida. Es un cuento que acaba con uno de los gritos más conmovedores y desgarradores de la historia de la literatura”.

E.G.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “Mi hijo el asesino”, de Bernard Malamud

Bernard Malamud, cuento

Jaime Díez Álvarez, filósofo, cinéfilo y gran lector, nos recomienda el cuento “Mi hijo el asesino”, del gran escritor judío Bernard Malamud  (1914-1986), una de las cumbres narrativas estadounidenses del pasado siglo XX.

Díez Álvarez es autor, además, del comentario de esta ficción de Malamud, en su opinión “una muestra extrema de virtuosismo literario”, algo en lo que estoy completamente de acuerdo.

 

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Cuento breve recomendado: “Una conflagración imperfecta”, de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce (1842-1914?), visto por J.H.E Partington. Fuente de la imagen

“Ambrose Gwinnett Bierce (1842-1914?) dedicó buena parte de su carrera literaria al periodismo satírico, así como a escribir relatos de terror que le aseguraron un lugar destacado en la historia de la literatura norteamericana, como consumado maestro del humor negro. Su participación como romántico voluntario en la Guerra Civil Americana, en cuyos horrores y sangre chapoteó hasta caer malherido en la batalla de Kennesaw Mountain, le inspiró una serie de relatos que recopiló años más tarde en uno de sus libros más conocidos: Cuentos de soldados y civiles. Esta experiencia traumática impresionó al joven Bierce de tal modo que su carácter se tornó pesimista y misántropo, y su humor, siniestro y cruel. Tras abandonar el ejército en 1866, se instaló en San Francisco, donde comenzó a colaborar en diversos diarios, sobre todo el New Setter, periódico que llegaría a dirigir, y en Argonaut, en cuyas páginas publicó una serie de definiciones satíricas que posteriormente reuniría en su famoso El diccionario del diablo. A los setenta años, agobiado por el asma y hastiado de la vida, Bierce decide viajar a México, que estaba en plena revolución. Nunca se supo más de él, y la fecha de su muerte se desconoce”.

Fuente de la introducción : Interplanetaria
 

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