Cuento de John Updike: A&P

cuento de John Updike 

Un “Conejo” que dice cosas y hace pensar

Por Ernesto Bustos Garrido

John Updike (Shillington, Pensilvania, 1932-Beverly Farms, Massachusetts, 2009) fue uno de los grandes maestros de la narrativa norteamericana contemporánea, autor de una amplia obra que abarca poesía y ensayo, narración breve y novela. Laureado dos premios Pulitzer (1982 y 1991) y un American Book Award (1982), Updike está considerado como uno de los cronistas más cáusticos de la sociedad norteamericana del siglo xx.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: Colinas como elefantes blancos

Colinas como elefantes blancos
Ernest Hemingway. Fuente de la imagen

Rubén Abella, a quien entrevisté para charlar sobre su novela California (Menoscuarto, 2015), nos recomienda el cuento de Hemingway “Colinas como elefantes blancos”.

Cuento de Ernest Hemingway: Colinas como elefantes blancos

Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El norteamericano y la muchacha que iba con él tomaron asiento en una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.

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Cuento de Washington Irving: Interior de la Alhambra

Cuento de Washington Irving
Alhambra de Granada. Fuente de la imagen

Cuento de Washington Irving: Interior de la Alhambra

La Alhambra ha sido descrita tan minuciosamente y con tanta frecuencia por los viajeros, que un ligero croquis será acaso suficiente para refrescar la memoria del lector; por consiguiente, haré una breve relación de nuestra visita al otro día de llegar a Granada.

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Cuento de Isaac Asimov: Auténtico Amor

 

Cuento, Isaac Asimov, Auténtico Amor
Fuente de la imagen

Cuento de Isaac Asimov: Auténtico Amor

Mi nombre es Joe. Así es como me llama mi colega, Milton Davidson. Él es programador, y yo soy un programa de computadora. Formo parte del complejo Multivac, y estoy conectado con otros componentes esparcidos por todo el mundo.

Lo sé todo. Casi todo. Soy el programa privado de Milton. Su Joe. Milton sabe más acerca de programación que cualquiera en el mundo, y yo soy su modelo experimental. Ha conseguido que yo hable mejor que cualquier otra computadora.

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Cuento breve recomendado: “Una noche de verano”, de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce, cuento

Bierce, uno de los clásicos del terror junto con Poe, Lovecraft y Maupassant, fue elogiado precisamente por Lovecraft en su ensayo El horror sobrenatural en la literatura. Su espíritu cáustico y el humor macabro y satírico lo indujeron a delinear su peculiar humor negro que aún hoy sigue conmocionando. Su pesimismo respecto de las relaciones de hombres y mujeres no podría haber encontrado un género más apropiado que el de sus cuentos, sin embargo también ejerció el periodismo y desarrolló otros temas , como la critica vehemente a la corrupción política de su país.

La vida y muerte de Bierce lo convierte en un personaje signado por lo macabro. Fue el décimo hijo de un granjero de Ohio sin fortuna, apático, extravagante pero sí aferrado a la fe calvinista, al más fanático puritanismo y la lectura bíblica mientras su madre era la fuerza dominante que llevaba adelante la casa. No es difícil imaginar el clima de prejuicios y represiones y el autoritarismo asfixiante  que debieron soportar  Ambrose  y sus hermanos. El escritor pudo volcar en muchas de sus obras el odio visceral inmenso hacia toda su familia, del que sólo se libró uno de sus hermanos, pero todos los hijos de la familia se marcharon, se fugaron y sus vidas difíciles fueron las mochilas pesadas que les quedaron de aquellos años de sus vidas.

Su muerte, al igual que su vida,  su hogar paterno, nos hace creer en un destino por donde “el diablo” no andaba muy lejos. En octubre de 1913 partió de Washington D.C. para recorrer los antiguos campos de batalla de la Guerra Civil. Luego pasó a México y en Ciudad Juárez se unió a ejército de Pancho Villa como observador, llegando hasta Chichuahua donde su rastro se desvanece. Fue una de las más famosas desapariciones de la historia de la literatura.

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Los mejores cuentos literarios de la Historia: “El pagano”, de Jack London

 

 

Los mejores cuentos
Escritor Jack London (1876-1916). Fuente de la imagen


El escritor Emilio Gavilanes, a quien entrevistábamos días atrás con motivo de la reciente publicación de El reino de la nada (Menoscuarto, 2011), nos recomendó para esta sección el cuento “El pagano”, de Jack London, porque

“Yo empecé a escribir cuentos leyendo los de Jack London. Los leía y pensaba: yo quiero hacer algo así algún día. Podría escoger muchos cuentos de Jack London, pero el que quiero señalar ahora es El idólatra, o El pagano, según la traducción. Trata de un occidental que salva la vida a un indígena de los Mares del Sur, que a partir de ese momento se siente en deuda con él y le sigue y le sirve como un esclavo. Renuncia a su individualidad hasta el punto de cambiar su nombre por el de quien le salvó la vida. Es un cuento que acaba con uno de los gritos más conmovedores y desgarradores de la historia de la literatura”.

E.G.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “Mi hijo el asesino”, de Bernard Malamud

Bernard Malamud, cuento

Jaime Díez Álvarez, filósofo, cinéfilo y gran lector, nos recomienda el cuento “Mi hijo el asesino”, del gran escritor judío Bernard Malamud  (1914-1986), una de las cumbres narrativas estadounidenses del pasado siglo XX.

Díez Álvarez es autor, además, del comentario de esta ficción de Malamud, en su opinión “una muestra extrema de virtuosismo literario”, algo en lo que estoy completamente de acuerdo.

 

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Cuento breve de Edgar Allan Poe: El hombre de la multitud

“Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios que no permiten que se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba”.

EL HOMBRE DE LA MULTITUD, un cuento de Edgar Allan Poe

 

Ce grand malheur de ne pouvoir être seul.


(La Bruyère )

 

Bien se ha dicho de cierto libro alemán queer lässt sich nicht lesen-no se deja leer-. Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios queno permitenque se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba. Y así la esencia de todo crimen queda inexpresada. No hace mucho tiempo, en un atardecer de otoño, hallábame sentado junto a la gran ventana que sirve de mirador al café D…, en Londres. Después de varios meses de enfermedad, me sentía convaleciente y con el retorno de mis fuerzas, notaba esa agradable disposición que es el reverso exacto delennui;disposición llena de apetencia, en la que se desvanecen los vapores de la visión interior –άχλϋς ήπριν έπήεν– y el intelecto electrizado sobrepasa su nivel cotidiano, así como la vívida aunque ingenua razón de Leibniz sobrepasa la alocada y endeble retórica de Gorgias. El solo hecho de respirar era un goce, e incluso de muchas fuentes legítimas del dolor extraía yo un placer. Sentía un interés sereno, pero inquisitivo, hacia todo lo que me rodeaba. Con un cigarro en los labios y un periódico en las rodillas, me había entretenido gran parte de la tarde, ya leyendo los anuncios, ya contemplando la variada concurrencia del salón, cuando no mirando hacia la calle a través de los cristales velados por el humo.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “Los asesinos”, de Ernest Hemingway

cuento de Ernest Hemingway, los asesinos

El escritor Diego Muñoz Valenzuela nos recomienda un cuento clásico de la literatura norteamericana, “Los asesinos”, de Ernest Hemingway. 

LOS ASESINOS, un cuento de Ernest Hemingway

La puerta del restaurante de Henry se abrió y entraron dos hombres que se sentaron al mostrador.

-¿Qué van a pedir? -les preguntó George.

-No sé -dijo uno de ellos-. ¿Tú qué tienes ganas de comer, Al?

-Qué sé yo -respondió Al-, no sé.

Afuera estaba oscureciendo. Las luces de la calle entraban por la ventana. Los dos hombres leían el menú. Desde el otro extremo del mostrador, Nick Adams, quien había estado conversando con George cuando ellos entraron, los observaba.

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Cuento breve recomendado: “Fiesta de disfraces”, de Woody Allen

Dieron las doce de la noche y empezaron a repartir los premios a los mejores disfraces. El primer premio fue para los Berkowitz, un matrimonio disfrazado de alce. El alce quedó segundo. ¡Eso le sentó fatal! El alce y los Berkowitz cruzaron sus astas en la sala de estar y quedaron todos inconscientes. Yo me dije: Ésta es la mía. Me llevé al alce, lo até sobre el parachoques y salí rápidamente hacia el bosque. Pero… me había llevado a los Berkowitz. Así que estaba conduciendo con una pareja de judíos en el parachoques. Y en el estado de Nueva York hay una ley que los martes, los jueves y muy especialmente los sábados…