Cuento breve recomendado: «Cuánto se divertían», de Isaac Asimov

Margie estaba desilusionada. Había abrigado la esperanza de que se llevaran al maestro. Una vez, se llevaron el maestro de Tommy durante todo un mes porque el sector de historia se había borrado por completo.
Así que le dijo a Tommy:
-¿Quién querría escribir sobre la escuela?
Tommy la miró con aire de superioridad.

Cuento breve recomendado: «Una conflagración imperfecta», de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce (1842-1914?), visto por J.H.E Partington. Fuente de la imagen

“Ambrose Gwinnett Bierce (1842-1914?) dedicó buena parte de su carrera literaria al periodismo satírico, así como a escribir relatos de terror que le aseguraron un lugar destacado en la historia de la literatura norteamericana, como consumado maestro del humor negro. Su participación como romántico voluntario en la Guerra Civil Americana, en cuyos horrores y sangre chapoteó hasta caer malherido en la batalla de Kennesaw Mountain, le inspiró una serie de relatos que recopiló años más tarde en uno de sus libros más conocidos: Cuentos de soldados y civiles. Esta experiencia traumática impresionó al joven Bierce de tal modo que su carácter se tornó pesimista y misántropo, y su humor, siniestro y cruel. Tras abandonar el ejército en 1866, se instaló en San Francisco, donde comenzó a colaborar en diversos diarios, sobre todo el New Setter, periódico que llegaría a dirigir, y en Argonaut, en cuyas páginas publicó una serie de definiciones satíricas que posteriormente reuniría en su famoso El diccionario del diablo. A los setenta años, agobiado por el asma y hastiado de la vida, Bierce decide viajar a México, que estaba en plena revolución. Nunca se supo más de él, y la fecha de su muerte se desconoce”.

Fuente de la introducción : Interplanetaria
 

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Cuento breve de Edgar Allan Poe: El hombre de la multitud

«Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios que no permiten que se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba».

EL HOMBRE DE LA MULTITUD, un cuento de Edgar Allan Poe

 

Ce grand malheur de ne pouvoir être seul.


(La Bruyère )

 

Bien se ha dicho de cierto libro alemán queer lässt sich nicht lesen-no se deja leer-. Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios queno permitenque se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba. Y así la esencia de todo crimen queda inexpresada. No hace mucho tiempo, en un atardecer de otoño, hallábame sentado junto a la gran ventana que sirve de mirador al café D…, en Londres. Después de varios meses de enfermedad, me sentía convaleciente y con el retorno de mis fuerzas, notaba esa agradable disposición que es el reverso exacto delennui;disposición llena de apetencia, en la que se desvanecen los vapores de la visión interior –άχλϋς ήπριν έπήεν– y el intelecto electrizado sobrepasa su nivel cotidiano, así como la vívida aunque ingenua razón de Leibniz sobrepasa la alocada y endeble retórica de Gorgias. El solo hecho de respirar era un goce, e incluso de muchas fuentes legítimas del dolor extraía yo un placer. Sentía un interés sereno, pero inquisitivo, hacia todo lo que me rodeaba. Con un cigarro en los labios y un periódico en las rodillas, me había entretenido gran parte de la tarde, ya leyendo los anuncios, ya contemplando la variada concurrencia del salón, cuando no mirando hacia la calle a través de los cristales velados por el humo.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: «Los asesinos», de Ernest Hemingway

cuento de Ernest Hemingway, los asesinos

El escritor Diego Muñoz Valenzuela nos recomienda un cuento clásico de la literatura norteamericana, «Los asesinos», de Ernest Hemingway. 

LOS ASESINOS, un cuento de Ernest Hemingway

La puerta del restaurante de Henry se abrió y entraron dos hombres que se sentaron al mostrador.

-¿Qué van a pedir? -les preguntó George.

-No sé -dijo uno de ellos-. ¿Tú qué tienes ganas de comer, Al?

-Qué sé yo -respondió Al-, no sé.

Afuera estaba oscureciendo. Las luces de la calle entraban por la ventana. Los dos hombres leían el menú. Desde el otro extremo del mostrador, Nick Adams, quien había estado conversando con George cuando ellos entraron, los observaba.

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Cuento breve recomendado: «Fiesta de disfraces», de Woody Allen

Dieron las doce de la noche y empezaron a repartir los premios a los mejores disfraces. El primer premio fue para los Berkowitz, un matrimonio disfrazado de alce. El alce quedó segundo. ¡Eso le sentó fatal! El alce y los Berkowitz cruzaron sus astas en la sala de estar y quedaron todos inconscientes. Yo me dije: Ésta es la mía. Me llevé al alce, lo até sobre el parachoques y salí rápidamente hacia el bosque. Pero… me había llevado a los Berkowitz. Así que estaba conduciendo con una pareja de judíos en el parachoques. Y en el estado de Nueva York hay una ley que los martes, los jueves y muy especialmente los sábados…