Cuento de Daniel Macías: Las abuelas y el pozo Zamzam

Zam, zam, calla, calla- respondió la madre al niño que se quejaba de sed, hasta que manó el pozo del Misericordioso bajo los pies del hijo de Abraham en los desiertos de la Meca. Pasados unos milenios me quejaba a mi amor en la alberca -Sabes que trabajo en el desierto ¿no podríamos buscar otro manantial en un lugar más fresco?