El lenguaje de los bobos

Entrada a Google en Silicon Valley. Fuente de la imagen
 
Estoy leyendo un estudio sociológico de David Brooks, muy de agrado, sobre los bobos, un término que en este caso no es sinónimo de «idiota» sino la contracción de «burgueses bohemios (bourgeois bohemiams). El libro, en su edición en castellano (Grijalbo, 2001), está prologado por Vicente Verdú y se llama Bobos en el paraíso, y el subtítulo, tan ilustrativo, es Ni hippies ni yuppies: un retrato de la nueva clase triunfadora.
Brooks -que dice ser un bobo- analiza a la nueva clase dirigente norteamericana, que está al parecer a medio camino entre los hippies de los 60 y los brokers de los 80. Una clase que se define por su alto estatus social, económico e intelectual, pero que mantiene el espíritu contracultural que en su momento plantó batalla al movimiento imperante décadas atrás, el de los WASP (blancos, anglosajones y protestantes). Los bobos son cultos y ricos, pero consideran de mal gusto hacer ostentación de sus riquezas. Les gustan los negocios (como a los burgueses de toda la vida) pero con un toque artístico. Quieren ser empresarios y artistas a la vez.

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