Cuento de Edgar Allan Poe: El pozo y el péndulo

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Edgar Allan Poe. Fuente de la imagen

Cuento de Edgar Allan Poe: El pozo y el péndulo

Estaba agotado, agotado hasta no poder más, por aquella larga agonía. Cuando, por último, me desataron y pude sentarme, noté que perdía el conocimiento. La sentencia, la espantosa sentencia de muerte, fue la última frase claramente acentuada que llegó a mis oídos. Luego, el sonido de las voces de los inquisidores me pareció que se apagaba en el indefinido zumbido de un sueño. El ruido aquel provocaba en mi espíritu una idea de rotación, quizá a causa de que lo asociaba en mis pensamientos con una rueda de molino. Pero aquello duró poco tiempo, porque, de pronto, no oí nada más. No obstante, durante algún rato pude ver, pero ¡con qué terrible exageración! Veía los labios de los jueces vestidos de negro: eran blancos, más blancos que la hoja de papel sobre la que estoy escribiendo estas palabras; y delgados hasta lo grotesco, adelgazados por la intensidad de su dura expresión, de su resolución inexorable, del riguroso desprecio al dolor humano. Veía que los decretos de lo que para mí representaba el Destino salían aún de aquellos labios. Los vi retorcerse en una frase mortal; les vi pronunciar las sílabas de mi nombre, y me estremecí al ver que el sonido no seguía al movimiento.

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Abelardo Castillo opina sobre la poesía y la prosa

“Desconfío de los escritores que no empezaron haciendo versos. Leopoldo Marechal solía recordar que, para Aristóteles, todos los géneros de la literatura son géneros de la poesía, y Ray Bradbury aconseja leer todos los días un poema antes de ponerse a escribir un cuento o una novela. Todo escritor verdadero es esencialmente un poeta. Ser poeta no significa escribir en verso, ni el puro acto mecánico de versificar garantiza la poesía.

Cuento de Edgar Allan Poe: La máscara de la Muerte Roja

Cuento de Edgar Allan Poe
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LA MÁSCARA DE LA MUERTE ROJA

Edgar Allan Poe

(cuento)

Durante mucho tiempo, la “Muerte Roja” había devastado la comarca. Jamás peste alguna fue tan fatal, tan horrible. Su encarnación era la sangre: el rojo y el horror de la sangre. Se producían dolores agudos, un repentino vértigo, luego los poros rezumaban abundante sangre, y la disolución del ser. Manchas púrpuras en el cuerpo y particularmente en el rostro de la víctima, segregaban a ésta de la humanidad y la cerraban a todo socorro y a toda compasión. La invasión, el progreso y el resultado de la enfermedad eran cuestión de media hora.

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Dos cuentos de César Klauer

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César Klauer (Lima, 1960). Fotografía cedida por el autor

Me llegan desde Perú dos relatos breves de César Klauer (Lima, 1960), escritor y profesor universitario, autor del libro de cuentos para adultos Pura Suerte (Altazor, 2009). Klauer se prodiga también en la escritura de microrrelatos y cuentos infantiles, algunos de los cuales han visto la luz en la citada editorial Altazor.

“Buena pesca” y “Grand Theft Auto” son dos relatos, diría yo, a la manera de Poe (no por la temática sino por la intención de dirigir la tensión dramática del texto hacia un final contundente), y ambos contienen además un “dato escondido” (que obviamente no voy a revelar en esta breve presentación). 

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “Ligeia”, de Edgar Allan Poe

“Ligeia”, de Edgar Allan Poe, ha sido seleccionado por la fotógrafa Rosa Isabel Vázquez. La versión que aquí ofrecemos lleva la traducción de Julio Cortázar.

Cuento de Edgar Allan Poe: Ligeia

Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.

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Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “El corazón delator”, de Edgar Allan Poe

Juan Fernando Sánchez ha seleccionado el cuento “El corazón delator”, de Edgar Allan Poe, que reproduzco con la traducción de Julio Cortázar.

EL CORAZÓN DELATOR, un cuento de Edgar Allan Poe

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

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Las páginas negras de los escritores

El escritor William Burroughs mató a su mujer de un disparo en el transcurso de un juego macabro.

 

“Para desvelar la cara más oscura de la literatura, comenzaremos por la historia del novelista William Burroughs, que mató a su esposa durante el transcurso de un absurdo juego a lo Guillermo Tell. El escritor, completamente ebrio, puso una manzana sobre la cabeza de su mujer, pero su puntería falló y no fue a lamanzana lo que alcanzó su disparo… Lo arrestaron pero al poco tiempo fue liberado y continuó con su carrera literaria”.

María Carvajal

LAS PÁGINAS NEGRAS DE LOS ESCRITORES

María Carvajal

Como en la vida real, las más morbosas y enrevesadas historias también se han dado en el mundo de la literatura. Idilios, drogas y otros temas escabrosos son los que conforman la prensa rosa de algunos escritores.
Para desvelar la cara más oscura de la literatura, comenzaremos por la historia del novelista William Burroughs, que mató a su esposa durante el transcurso de un absurdo juego a lo Guillermo Tell. El escritor, completamente ebrio, puso una manzana sobre la cabeza de su mujer, pero su puntería falló y no fue a la manzana lo que alcanzó su disparo… Lo arrestaron pero al poco tiempo fue liberado y continuó con su carrera literaria.

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Cuento breve recomendado: “Hotel Almagro”, de Ricardo Piglia

Cuento de Ricardo Piglia: Hotel Almagro

 

 

La versión moderna del cuento que viene de Chejov, Katherine Mansfield, Sherwood Anderson, el Joyce de “Dublineses”, abandona el final sorpresivo y la estructura cerrada; trabaja la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca. La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo. El cuento clásico a lo Poe contaba una historia anunciando que había otra; el cuento moderno cuenta dos historias como si fueran una sola. La teoría del iceberg de Hemingway es la primera síntesis de ese proceso de transformación: lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.

Ricardo Piglia

 

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Cuento breve de Edgar Allan Poe: El hombre de la multitud

“Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios que no permiten que se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba”.

EL HOMBRE DE LA MULTITUD, un cuento de Edgar Allan Poe

 

Ce grand malheur de ne pouvoir être seul.


(La Bruyère )

 

Bien se ha dicho de cierto libro alemán queer lässt sich nicht lesen-no se deja leer-. Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de espectrales confesores, mirándolos lastimosamente en los ojos; mueren con el corazón desesperado y apretada la garganta a causa de esos misterios queno permitenque se los revele. Una y otra vez, ¡ay!, la conciencia del hombre soporta una carga tan pesada de horror que sólo puede arrojarla a la tumba. Y así la esencia de todo crimen queda inexpresada. No hace mucho tiempo, en un atardecer de otoño, hallábame sentado junto a la gran ventana que sirve de mirador al café D…, en Londres. Después de varios meses de enfermedad, me sentía convaleciente y con el retorno de mis fuerzas, notaba esa agradable disposición que es el reverso exacto delennui;disposición llena de apetencia, en la que se desvanecen los vapores de la visión interior –άχλϋς ήπριν έπήεν– y el intelecto electrizado sobrepasa su nivel cotidiano, así como la vívida aunque ingenua razón de Leibniz sobrepasa la alocada y endeble retórica de Gorgias. El solo hecho de respirar era un goce, e incluso de muchas fuentes legítimas del dolor extraía yo un placer. Sentía un interés sereno, pero inquisitivo, hacia todo lo que me rodeaba. Con un cigarro en los labios y un periódico en las rodillas, me había entretenido gran parte de la tarde, ya leyendo los anuncios, ya contemplando la variada concurrencia del salón, cuando no mirando hacia la calle a través de los cristales velados por el humo.

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Cuento breve recomendado: “El retrato oval”, de Edgar Allan Poe

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“El secreto de Edgar Allan Poe es la previa organización metódica de sus elementos a fin de producir efectos. Haciendo una lectura tamizada de la obra, se develan aquellos elementos patrones que, casualmente, emplea para su misión de expresar una porción del terreno de la melancolía y el horror diabólico. Poe escribe sus relatos teniendo en mente un simple efecto propenso a estallar en terror o pasión durante el momento final de la historia. Sostiene que en la totalidad de la composición no debe haber palabras que tiendan, directa o indirectamente, a deducir el efecto que el autor se ha propuesto. Lo asombroso es que un amante de la casualidad haya preparado sistemáticamente los elementos que se deben integrar en el relato, como si hubiese sido dotado del don para controlar el destino: azares de la expresión. Así es como sorprende, manipula el campo de lo inesperado, sobresalta al lector y en la apuesta final saca el as de la manga y gana la jugada astutamente. Los detalles funcionan como sostenes del relato hasta que la última oración narra el efecto preciso: el más planeado por el autor y el menos pensado para el lector. En Edgar Poe no es la inventiva lo que deslumbra sino la capacidad de incertidumbre de las situaciones, la aproximación a lo temido por desconocido, a la muerte. Maestro de la desesperación que parece hallar en la muerte el corte al sufrimiento de sus personajes, de su propio dolor. Tomando las palabras del poeta y dramaturgo David H. Lawrence: « Las mejores producciones de Poe no son relatos. Son algo más. Son descripciones del alma humana, retorciéndose en las convulsiones de la ruptura»”

Agustina Jojärt

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