En homenaje a los muchos lectores mexicanos que visitan narrativabreve.com, os ofrecemos hoy un microrrelato y un cuento mexicanos, de Edmundo Valadés, director de la mítica revista El Cuento, y de Ángeles Mastretta (1949), autora de novelas como La emoción de las cosas (2013) o El cielo de los leones (2004).
ESTUVO EN LA GUERRA, un microrrelato de Edmundo Valadés
De pronto, todas las cabezas desaparecieron. Abrió más los ojos. Trató de perforar con la mirada la luz de los reflectores implacables. Sobre el campo, los jugadores corrían en todas direcciones. Un sordo, pavoroso clamor envolvía sus cuerpos sin cabezas. Agitaban sus brazos confusamente. Como si dirigieran su propia macabra danza. La danza macabra.
Ulises y las sirenas, de Herbert Draper (1909). LA BÚSQUEDA Edmundo Valadés microrrelato Esas sirenas enloquecidas que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises.
Como apunta José Luis Martínez Morales: “He leído y oído en varias ocasiones que “La muerte tiene permiso” es un cuento clásico. Y yo añadiría que no sólo es uno de los mejores y de los más citados y antologados, sino de los más clásicos y ejemplares precisamente por su final tan sorprendente”. Se cumple al pie de la letra lo dicho por el propio autor con respecto al cierre de los grandes relatos: “Si me remito a las minificciones que más me han cautivado, sorprendido o deslumbrado, encuentro en ellas una persistencia: que contienen una historia vertiginosa que desemboca en un golpe sorpresivo de ingenio.”
Hay minutos en que todo parece escaparse de las manos. El día ha sido como un cheque sin fondos. Hemos caminado de prisa y de pronto nos detiene una duda: ¿dónde vamos? Resulta que no lo sabemos. Una bruma desconsoladora nos envuelve. Creemos que los anuncios luminosos y las lámparas de los arbotantes no han sido bien encendidos. Suponemos que el mundo es demasiado grande y que no lo habita nadie. Algo así como si todos sus habitantes se hubieran ido a pasear a otro planeta. La soledad nos sobrecoge de improviso. Y con ella, el deseo punzante de hacer algo indefinible, desde tomar una taza de café hasta realizar una hazaña heroica. Y no es ni lo uno ni lo otro. Buscamos dentro de nosotros mismos, nos interrogamos: ¿qué será? No se atina con la respuesta. Contempla uno la vida y la compara a una botica, en la que hay de todo. Sin embargo, no tenemos la receta. No puede saberse la medicina. Es el vacío.