El cuento de los dos árboles

El cuento de los dos árboles

Hace cuatro años plantamos un árbol en un terrenito virgen que está junto a la casa. No teníamos ni idea de árboles, pero pensamos que sería una buena idea salir cada tarde a leer o a escuchar música a la sombra de nuestra criatura. Y con la mejor intención del mundo, plantamos la semilla.

Pero ocurrió que el árbol apenas crecía. Era hermoso, muy hermoso, pero también frágil.

El Diario Down: Vidas de silenciosa desesperación

Heidi, El diario Down, vidas de silenciosa desesperación
Heidi. Fuente de la imagen

El Diario Down: Vidas de silenciosa desesperación

Un hijo que ha nacido con problemas necesita unos padres que sepan amoldarse urgentemente a esos problemas. Nosotros lo intentamos. Y ciertamente vamos adquiriendo tal práctica, lo hacemos a veces con tanto pragmatismo, con tanta soltura, que no puedo evitar preguntarme si estaremos obrando mal.

Un ejemplo: a la salida de la consulta con el cardiólogo comentamos la necesidad de hacer la compra de la semana. Así que, sin darnos cuenta, comenzamos a entremezclar observaciones sobre la reciente consulta al médico con la inminente visita al supermercado. Palabras contundentes como “cardiopatía”, “operación”, “electrocardiograma”, “ecocardiograma”, “cicatrices” o las temibles “a corazón abierto” conviven hermanadas con palabras inofensivas y alimenticias como “pan”, “leche”, “azúcar”, “toallitas”, “pañales” o “manzanas”.

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El Diario Down: Un extraño en el espejo

Días atrás me contaba un amigo que en este tipo de casos (un parto mal avenido, un aborto, una cesárea con complicaciones, etcétera) el padre suele quedar en segundo o tercer plano, tanto que nadie o casi nadie se interesa por su estado anímico. Es hasta cierto punto lógico: la madre soporta un plus de sufrimiento y tensión en cuanto a partos se refiere. No obstante, he de admitir que bastantes personas se han interesado por mí. El problema es que en realidad ni yo mismo sé cómo me encuentro. Las dos últimas semanas han corrido demasiado rápido (o demasiado despacio) y son tantas las imágenes que se agolpan en mi interior que no consigo procesarlas con el debido equilibrio. Tengo sentimientos encontrados, forma sutil de expresar que vivo como en un limbo.

El Diario Down: ¡Yo primero!

Síndrome de Down

Y esperaremos. Esperaremos para cogerlo en brazos, para darle besos y mimos. Esperaremos, pero cuando lo tengamos entre nuestros brazos le diremos por fin que es nuestro bebé. Entre la medicina y nuestros mimos conseguiremos curarle las heridas. Pero no cumplimos nuestra palabra. Alguien sucumbe a la tentación y encuentra alguna excusa –a todas luces injustificada– para llevarlo a sus brazos y darle arrumacos.

El diario Down: Crucigramas

Bueno, ponerse malo sí puede, lo que no puede es curarse. Verá, doctor, lo que realmente me gustaría es irme a casa de mi madre para que me cuide, que me cuide como cuando era un niño y tenía unas décimas de fiebre y entonces yo no me levantaba de la cama en un par de días, porque no tenía perros, ni mujer ni hijos, ni facturas que pagar, solo tenía fiebre, que no es poca cosa.