Poema de Eladio Orta: Nos pusimos ciegos

Poema, Eladio Orta, Nos pusimos ciegos
Poeta Eladio Orta. Fotografía © María Carvajal

Poema de Eladio Orta: Nos pusimos ciegos

nos pusimos ciegos / de mirarnos y

de caricias en los ojos / ciegos de arena

en los umbrales del deseo / nos besamos

(ya por ése entonces) / mordiéndonos los labios

jugábamos a peleítas de lenguas / las gaviotas

partían buscando la soledad de otras islas

desérticas / y casi como un suspiro

que abandonara la tarde / me explico

las infinitas luces / que despiden los metapoemas

(por ti asistiría a clases particulares de cocina

le ofrecería medio poemario a los caníbales

del fuego / y ya que estoy entrando al trapo

te besaría en cien posturas diferentes

por lo menos…

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Microrrelato de Eladio Orta: El poeta de las retamas escribe sobre las piedras en el riñón

Microrrelato de Eladio Orta: El poeta de las retamas escribe sobre las piedras en el riñón

La prima Luisita, del tío Manuel el Correplaya, murió de piedra en el riñón. A la prima Luisita le consentíamos la mayoría de los caprichos porque nuestros padres nos advertían que la prima lo pasaba muy mal con aquellos dolores tan espantosos que le sobrevenían cada vez que tenía que echar una piedra fuera del riñón a través del caño del orín.

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Relato de Eladio Orta: A mi sobrino Prudencio

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Eladio Orta
Eladio Orta. Fotografía de M.C.

Aunque Eladio Orta es más conocido como poeta, también ha escrito algunos textos narrativos. Extraemos este relato de una de sus primeras publicaciones: Los cuadernos del Tío Prudencio (Crecida, 1992).

   María Carvajal

 

A MI SOBRINO PRUDENCIO

Eladio Orta

(relato)

CARTA PRIMERA

Sobrino, te lego estos cuadernos literarios para que los manosees con tus manos de poeta, hirviente en la mezcolanza de urbanita y ruralita. Quién mejor que tú para guardarlos o pulirlos, tú que tuviste la suerte de salir fuera de la Isla y comerte la cultura que se respiraba por aquellos años del despegue político. Tu tío Prudencio está tumbado en la cama como el mirlo herido de la arboleda y quizás cuando vuelvas esté más chupado que la vaca que tuvo que rematar el Tío Paco el Cano porque se había quedado sin dientes y no podía masticar la hierba.

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