Cuento sureño de Eudora Welty: Clytie

Solía salir de la vieja mansión a aquella hora de la tarde y recorría el pueblo a toda prisa. Al principio salía con un pretexto u otro y durante un tiempo se dedicó a dar en voz baja explicaciones que nadie podía oír. Después empezó a mandar que cargaran cantidades a cuenta, que, según la administradora de correos, jamás se pagarían, lo mismo que las del resto, aunque los Farr fueran demasiado finos para relacionarse con los demás. Pero ahora Clytie salía sin ningún objetivo. Salía todos los días y ya nadie hablaba con ella: