Desdicha del soltero, por Franz Kafka

 

Franz Kafka, Desdicha del soltero
Franz Kafka

Desdicha del soltero

Franz Kafka

Parece tan terrible quedarse soltero, ser un viejo que tratando de conservar su dignidad suplica una invitación cada vez que quiere pasar una velada en compañía de otros seres, estar enfermo y desde el rincón de la cama contemplar durante semanas el cuarto vacío, despedirse siempre ante la puerta de calle, no ascender nunca las escaleras junto a su mujer, sólo tener una habitación con puertas laterales que conducen a habitaciones de extraños, traer la cena a casa en un paquete, tener que admirar a los niños de los demás y ni siquiera poder seguir repitiendo “Yo no lo tengo”, modelar su aspecto y su proceder de acuerdo a uno o dos solterones que uno conoció cuando era joven.

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Cuento de Franz Kafka: El silencio de las sirenas

El silencio de las sirenas

Cuento de Franz Kafka: El silencio de las sirenas

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba: Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizás alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.

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Cuento de Franz Kafka: Comunidad

Somos cinco amigos, hemos salido uno detrás del otro de una casa; el primero salió y se colocó junto a la puerta; luego salió el segundo, o mejor se deslizó tan ligero como una bolita de mercurio, y se situó fuera de la puerta y no muy lejos del primero; luego salió el tercero, el cuarto y, por último, el quinto. Al final formábamos una fila. La gente se fijó en nosotros, nos señalaron y dijeron: «Los cinco acaban de salir de esa casa».

Cuento de Franz Kafka: Un artista del trapecio

Cuento, Franz Kafka, un artista del trapecio
Cuento de Franz Kafka.
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UN ARTISTA DEL TRAPECIO

Franz Kafka

(cuento)

Un artista del trapecio —como todos sabemos, este arte que se practica en lo más alto de las cúpulas de los grandes circos, es uno de los más difíciles entre los accesibles al hombre— había organizado su vida de manera tal —primero por un afán de perfección profesional y luego por costumbre, una costumbre que se había vuelto tiránica— que mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en su trapecio. Todas sus necesidades, por cierto muy moderadas, eran satisfechas por criados que se turnaban y aguardaban abajo. En cestos especiales para ese fin, subían y bajaban cuanto se necesitaba allí arriba.

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Microrrelato de Francisco Rodríguez Criado: La verdad sobre La Metamorfosis

“En general no le iba mal al joven Samsa, lo cual no quiere decir que le fuese bien. Inesperadamente un día volvió a convertirse en lo que había sido siempre: un insecto”.
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LA VERDAD SOBRE LA METAMORFOSIS

Francisco Rodríguez Criado

(microrrelato)

Un insecto (¿un escarabajo?, ¿una cucaracha?) se convirtió de repente en un joven praguense llamado Gregorio Samsa. El insecto, ya con apariencia de hombre, tuvo que trabajar como vendedor para mantener a su nueva y desalmada familia, compuesta por sus padres y una hermana. En general no le iba mal al joven Samsa, lo cual no quiere decir que le fuese bien. Inesperadamente un día volvió a convertirse en lo que había sido siempre: un insecto.

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Microrrelato de Manuel Pastrana Lozano: Grete y Samsa

Poco antes de morir, Gregorio Samsa tiene un sueño inesperado con Grete, su hermana menor. Desplegando sus alas traseras y guiado por sus antenas segmentadas ha emprendido vuelo hacia la habitación de la niña con la que ha mantenido siempre una amistad íntima y tierna antes de convertirse en un insecto monstruoso. Mientras viaja siente el goce sensual de poder volar y saltar. Recuerda esos instantes admirables en que la escuchaba tocar con su violín melodías que lo transportaban a un mundo fantasioso y salvador tan lejano del vivido con un padre autoritario sometido a sus normas implacables. Es una sensación de erotismo fraterno, casi incestuoso.

Microrrelato de Franz Kafka: La partida

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba.

Parábola de Kafka: Ante la ley

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

Cuento breve recomendado: “Una hoja vieja”, de Franz Kafka

Cuento de Franz Kafka: Una hoja vieja
Franz Kafka (Chequia, 1883-1924). Fuente de la imagen
Las relaciones del hombre Kafka con sus padres, sus hermanos, la actitud personal frente a la propia profesión, la insatisfacción que le invade, la realidad de la institución familiar, la incapacidad y al mismo tiempo necesidad de una vida matrimonial, el desgarramiento profundo de una existencia sin satisfacciones, los miedos y temores ante la propia vida y todos sus componentes, el miedo a la soledad pero al mismo tiempo la necesidad de la misma, la inseguridad vital, el miedo al contacto sexual, el miedo al poder proceda de donde proceda, etc., son todos ellos componentes de la obra de Kafka que encuentran un cierto paralelismo en su vida”.
Luis Acosta
 
[Este cuento incluye un comentario, al final, de Paz Díez Taboada]

UNA HOJA VIEJA, un cuento de Kafka (Chequia, 1883-1924)

Es como si se hubieran descuidado muchas cosas para la defensa de nuestra patria. Hasta ahora nos hemos desentendido de ello y nos hemos dedicado a hacer en nuestro trabajo, pero los acontecimientos de los últimos tiempos nos preocupan.
Tengo un taller de zapatería en la plaza que está ante el palacio imperial. Apenas abro mi tienda al amanecer ya veo los accesos de todas las calles que llegan hasta aquí ocupados por gentes armadas. Pero no se trata de nuestros soldados, sino, evidentemente, de nómadas del norte. De una forma incomprensible para mí se han abierto paso hasta la capital, que, sin embargo, está muy alejada de la frontera. En cualquier caso, están aquí y parece que cada día hay más.

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Cuento breve recomendado: “El paseo repentino”, de Franz Kafka

Franz Kafka (1883-1923). Fuente de la imagen
 
“Te lo ruego, papá, comprende lo que te digo, todos estos detalles no habrían tenido importancia por sí solos. Me deprimían únicamente por el hecho de que tú, el hombre que tan enormemente ha influido en mi vida, sin embargo, no observaba los mandamientos que imponía. Por ello subdividí el mundo en tres partes: una, en la cual vivía yo, el esclavo, bajo leyes que sólo habían sido inventadas para mí y a las que yo, por otra parte —sin saber por qué— nunca más podía cumplir en forma satisfactoria: luego un segundo mundo, infinitamente lejos del mío, en el cual vivías tú, ocupado en gobernar, emitir las órdenes y disgustarte a causa de su incumplimiento; finalmente un tercer mundo, en el cual vivía el resto de la gente, feliz y sin órdenes ni obediencia. Desde muy temprano tú me prohibías la palabra. Te recuerdo siempre amenazante “¡Ni una palabra de réplica!” y levantando la mano al mismo tiempo. Cuando se trata de tus asuntos, tú eres un excelente orador y yo adquirí en tu presencia un modo de hablar entrecortado, tartamudeante, y aun eso era demasiado para ti: finalmente me quedé callado, primero acaso por terquedad y más adelante, debido a que en tu presencia no podía ni pensar ni hablar. Tú me decías: “Ni una palabra más” y con ello querías acallar en mí las fuerzas contrarias que te eran desagradables. Pero tal influjo era demasiado fuerte para mí, yo era demasiado obediente y enmudecí del todo, me oculté de ti y sólo osaba moverme cuando estabas tan lejos que tu poder, cuando menos directamente, ya no me alcanzaba”.
Frank Kafka, “Carta al padre”, nov. 1919

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