60 errores lingüísticos (comentados y corregidos por un corrector de estilo)

60 errores gramaticales

He creado este vídeo con algunos de los errores que suelo encontrar en los manuscritos que corrijo. Creo que puede interesaros, pues, al fin y al cabo, todos (o casi todos) tenemos tendencia a perpetrar algún atentado contra nuestra querida lengua. Encontraréis todo tipo de fallos: redundancias, faltas de ortografía, vulgarismos, errores de puntuación… Para … Sigue leyendo

Muéramos, que diría Gabriel García Márquez (la simplificación de la gramática)

Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica.

Textos sin puntuación

 

Como está en el ánimo de narrativabreve.com tratar de echar una mano a las personas que quieren mejorar su técnica narrativa, nunca viene mal trabajar desde la base: la puntuación. He seleccionado un capítulo de Perdón, imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente (RBA, Barcelona, 2006), de José Antonio Millán, dedicado a los textos sin puntos. Sí, por paradójico que pueda parecer, no puntuar es una forma de puntuar. (Advierto de que va por mal camino quien pretenda transgredir las normas sin conocer previamente cuáles son esas normas. Este es un consejo para amigos de los atajos, siempre tan traicioneros…).

Espero que esta entrada os resulte interesante.

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Opiniones de un corrector de estilo: Palabras parónimas

Palabras parónimas son aquellas que se pronuncian igual (o casi igual) pero se escriben con diferente grafía.

Algunos ejemplos:

«Seso» (centro nervioso del encéfalo, juicio, opinión…) y «sexo» (condición orgánica, masculina o femenina, de las plantas, órganos sexuales…) ,

«Contesto» (primera persona del singular del verbo «contestar») y «contexto» (entorno físico o de situación…).

Opiniones de un corrector de estilo: El sustantivo ‘porqué’ no es un medio de transporte

sustantivo porqué

El sustantivo «porqué» no es un medio de transporte

Esta es una lección importante, habida cuenta de que el error que vamos a tratar está muy extendido. Muchos confunden «por que», «por qué», «porque» y «porqué». Tendré que dedicarles un post a cada uno de ellos, pero por ahora basta saber que «porqué», junto y con tilde, es como «avión», «tren», «coche», «barco» o «bicicleta». No quiero decir con esto que «porqué» sea un medio de transporte, no. Lo que quiero decir es que se trata de un sustantivo. Es masculino (va acompañado por tanto del artículo «el») y significa «causa», «razón» o «motivo».  Cualquier uso que le des diferente al que es propio de un sustantivo es incorrecto. 

 

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Opiniones de un corrector de estilo: El buen uso del pretérito pluscuamperfecto

El buen uso del pluscuamperfecto perfecto

A menudo narramos una historia en pasado sin caer en la cuenta de que debemos diferenciar diversos planos temporales. Quiero decir con esto: en nuestro relato todo ocurre en pasado, sí, pero no todas las acciones se dan al mismo tiempo.

Con un ejemplo se entenderá mejor. Leamos esta frase:

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Opiniones de un corrector de estilo (43): Palabras homófonas

Palabras homófonas

palabras homofonasEn la lengua española hay un gran surtido de palabras que suenan igual pero tienen significados diferentes. Son las palabras homófonas. Si nos dejamos llevar por su sonoridad y no distinguimos unas de otras, la confusión está servida. La solución obviamente está en “intimar” con ellas y acabar distinguiéndolas por mucho que se parezcan “a simple oído” (que no a la vista), de igual manera que una madre identifica sin error posible a sus gemelos, aunque sean «como dos gotas de agua».

Veamos algunos pares de palabras homófonas. En algunos de estos ejemplos hay que distinguir una palabra de otra, pero en otros hay que distinguir una palabra de la combinación de dos o más palabras.

Y recuerda: por mucho que se parezcan dos gemelos, siempre habrá algo que los delate: la altura, el pelo, un lunar (o simplemente que uno de ellos sea más revoltoso que el otro).

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Opiniones de un corrector de estilo (38): Discrepo de los discrepantes

Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, o eso dicen. En el lenguaje pasa algo parecido: el oído se acostumbra a las incorrecciones que son de uso popular y le cuesta entrar en razón para aliarse con las correctas minorías. Ocurre, por ejemplo, con el verbo «discrepar» (que significa «estar en desacuerdo con alguna persona o cosa»), usado en las mayorías de las ocasiones, por error, con la preposición «con».

Un ejemplo:

«Discrepo con usted en el tema de la subida de os impuestos».

Opiniones de un corrector de estilo (42): El abuso de las coletillas

Hemos llegado a tal grado de contaminación lingüística que es casi imposible escuchar una entrevista en la radio en la que el entrevistado de turno (un deportista, pongamos) pronuncie dos frases sin echar mano de la muletilla la verdad es que. Los más lolailos ya dicen la verdá que para ahorrarse la letra d y la tercera persona del singular del verbo ser. (Si es cuestión de economía del lenguaje, ¿por qué no omiten las cuatro palabras, que no aportan nada y aburren mucho?). Y eso que por suerte empieza a desvanecerse poco a poco la moda del ¿Vale? de confirmación que muchos hispanohablantes introducen compulsivamente en sus frases para constatar que su interlocutor no es idiota y que logra procesar la información que se le está dando

Opiniones de un corrector de estilo (40): El diccionario es nuestro amigo

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Opiniones de un corrector de estilo (40): El diccionario es nuestro amigo

A finales del pasado año publiqué en el blog un cuento de Eduardo Galeano, “El pequeño rey zaparrastroso”, y una amiga que lo leyó no tardó en ponerse en contacto conmigo para alertarme de la errata.

–¿Qué errata? –le pregunté.

–¿Es que no la ves?

–No, por eso te lo pregunto.

–¡Pero si es muy evidente!

–Pues sigo sin verla.

Como mi amiga era incapaz de sacarme de dudas (su incredulidad por mi falta de perspicacia y la inminencia de las Navidades la tenían completamente paralizada, tanto que la conversación no avanzaba), acabé por preguntarle si se refería al adjetivo “zaparrastroso”.

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