Cuento metaliterario de Flannery O’Connor: La cosecha

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De la gran escritora norteamericana Flannery O’Connor (1925-1964) ya leímos dos relatos cortos, “El río” y “El tren“, y hoy os traemos un cuento literario suyo, titulado “La cosecha”.

¿Y por qué decimos “metaliterario”? Pues porque uno de los personajes, durante la narración, se embarca a redactar su propio relato. Es decir, leemos un cuento en el que uno de los personajes escribe a su vez su propio cuento (o al menos lo intenta).

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Algunos de mis mejores amigos, sabedores de que bajo mi coraza de hombre existencialista hay un gran amante del humor, suelen enviarme gamberradas al móvil, algunas de ellas muy divertidas. Cuando se trata de texto puro y duro, a falta de un título revelador –los MSN o los wasaps son parcos en cuanto a edición–, nunca sé que voy a leer.

Hoy, por ejemplo, me han enviado un texto que ha conseguido “engañarme”. Cuando lo empecé a leer me pregunté: ¿esto es una queja?, ¿una historia real?, ¿un chiste?, ¿una advertencia climática?

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Cuento breve recomendado: “Una conflagración imperfecta”, de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce (1842-1914?), visto por J.H.E Partington. Fuente de la imagen

“Ambrose Gwinnett Bierce (1842-1914?) dedicó buena parte de su carrera literaria al periodismo satírico, así como a escribir relatos de terror que le aseguraron un lugar destacado en la historia de la literatura norteamericana, como consumado maestro del humor negro. Su participación como romántico voluntario en la Guerra Civil Americana, en cuyos horrores y sangre chapoteó hasta caer malherido en la batalla de Kennesaw Mountain, le inspiró una serie de relatos que recopiló años más tarde en uno de sus libros más conocidos: Cuentos de soldados y civiles. Esta experiencia traumática impresionó al joven Bierce de tal modo que su carácter se tornó pesimista y misántropo, y su humor, siniestro y cruel. Tras abandonar el ejército en 1866, se instaló en San Francisco, donde comenzó a colaborar en diversos diarios, sobre todo el New Setter, periódico que llegaría a dirigir, y en Argonaut, en cuyas páginas publicó una serie de definiciones satíricas que posteriormente reuniría en su famoso El diccionario del diablo. A los setenta años, agobiado por el asma y hastiado de la vida, Bierce decide viajar a México, que estaba en plena revolución. Nunca se supo más de él, y la fecha de su muerte se desconoce”.

Fuente de la introducción : Interplanetaria
 

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