No porque sea Navidad…

No porque sea Navidad, Francisco Rodríguez Criado

Ahora que se acerca la Navidad, muchos dedicarán sus pensamientos a esos seres queridos que ya no están con nosotros. Yo también. Pensaré en mi padre. Pero no lo haré porque sea Navidad, sino porque, desde que falleció, no hay un solo día del año en que no piense en él. ¿Qué opinaría de…? ¿Qué haría él en esta situación…? ¿Qué defectos y qué virtudes encontraría a Ansu Fati, Vinicius, Joao Felix y otras incipientes perlas del fútbol mundial?

Cuento breve recomendado: “Náufragos en la nieve”, de Luis Mateo Díez

Luis Mateo Díez
Luis Mateo Díez

 

NÁUFRAGOS EN LA NIEVE

Luis Mateo Díez (España, 1942)

El mismo día en que naufragó en la nieve el coche de línea de Beltrán, que venía de León y debía llegar al valle de Laciana, en alguna de las rutas de los valles Luna y Omaña, que en él confluyen, se perdieron mis hermanos Floro y Miguel. Ellos son los niños que se divisan en la fotografía, como si en la nieve regresaran de un más allá no muy lejano. El coche aparcado con el delantal de la nieve es el mismo que naufragó y que luego, tras el rescate, estuvo abandonado muchos días al pie de la casa de mis abuelos maternos.

Luis Mateo Díez, cuento
Fuente de la imagen

Lo trajeron arrastrado por unas caballerías, el motor se heló y el coche nunca volvió a ser el mismo, renqueaba con el estertor de los bronquios averiados, se paraba en las cuestas, tuvieron que retirarlo antes de que hubiera cumplido los kilómetros que le correspondían. Aunque la certeza de ese cumplimiento no tenía reglamentación en los coches de línea de Beltrán, viejos fords, y dodges, de vida imprevisible, siempre eterna. Los autocares semejaban viejas gabarras que jamás entregarían el alma, aunque el cuerpo se desmadejara, y las revisiones y los recauchutados les diesen el pulimento de la subsistencia.

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El Diario Down: Mi padre y la tecnología

El Diario Down: Mi padre y la tecnología

Miembro de una familia de felices y sufridos comerciantes, mi padre enfocó siempre su profesión de un modo calvinista. “Trabajo, trabajo y trabajo”, ese era su lema (que aderezaba con su pasión por el fútbol). Puede decirse de él, sin posibilidad de error, que es un hombre hecho a sí mismo. En los años 40 del pasado siglo empezó a vender pescado con mi abuelo José en el mercado de Cáceres, oficio al que nunca renunció. Tenía doce años cuando se puso el mandil y comenzó a vivir de lo que rendía su trabajo (algo que tantas veces nos ha repetido a sus descendientes, sobre todo a su díscolo hijo…). Su objetivo en la vida, ser el mejor vendedor, lo cumplió con creces. O al menos ha sido el mejor vendedor que he conocido.

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El cine y la infancia

cine avenida, cine palacio de la música
El cine Palacio de la Música y el cine Avenida, en la Gran Vía de Madrid. Fuente de la imagen

EL CINE Y LA INFANCIA

Francisco Rodríguez Criado

Me preguntaba el otro día un amigo por qué no me gustaba su pueblo, una pequeña población próxima a la capital española. Podría haberle indicado varios motivos, pero me limité simplemente a apuntar el primero que me vino a la mente: “Ni siquiera tenéis sala de cine.” Al parecer mi respuesta fue lo suficiente persuasiva: conseguí librarme de un discurso localista-chauvinista que a buen seguro estaba por caerme encima.

Si mi infancia no hubiese estado tan grata y profundamente marcada por aquellas sesiones dobles que con tanto entusiasmo veíamos los chavales de mi edad cada domingo, tal vez mi postura no sería tan crítica. Y no digo que sea necesaria una sala a todo lujo, no, con una de esos cinematógrafos sencillos pero llenos de encanto que García Márquez rescató para su famoso Macondo hubiese sido suficiente. La infancia, estoy convencido, ha de estar tutelada por el séptimo arte, ese truhán que sabe sacar a flote el niño que hay en cada uno de nosotros, grandes o chicos.

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Cuento breve recomendado: “El niño al que se le murió el amigo”

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre: “el amigo se murió. Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar”. El niño se sentó en el qui­cio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. “Él volverá”, pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hoja­lata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no vi­niese a buscarlos

Falsos adultos

El día de los Reyes Magos es una gran fiesta para los más pequeños y un drama para los afligidos adultos que han de hacer malabarismos a la hora de comprar regalos. Pero son también fechas en las que algunos adultos dejan caer sus máscaras y acaban revelando que llevan en su interior un niño reacio a crecer. Son y no son.